Judas Priest + Motörhead: Azotes y resurrección

Miércoles, 6 de Mayo de 2015 | 3:54 pm | Comentarios (3)
Judas Priest + Motörhead: Azotes y resurrección

17:00 horas; Avenida Viel esquina Avenida Matta. El tráfico capitalino se intensifica. Los ruidos de las micros y automóviles vuelan frenéticamente. Los trabajadores del sector caminan con paso lento hacia los paraderos o el Metro, de vuelta a casa. Mismo lugar, una hora después. De a poco una maraña negra se ha formado en todos los rincones. Las corbatas y las chaquetas corporativas han sido reemplazadas por poleras oscurecidas con cruces de hierro, logotipos de acero británico y leyendas que se multiplican e intimidan a los transeúntes (“Painkiller”, “March or die”). Luego, todos aquellos que las usan –cerveza en mano- se dirigen en procesión directa al Movistar Arena, con el afán de terminar cuatro años de espera y así “redimir sus almas”: Motörhead y Judas Priest volvían al país, a pesar de que Halford y compañía se habían despedido de los escenarios nacionales en 2011 con el “Epitaph World Tour” (en aquella ocasión junto con Whitesnake). Hoy, eso ha quedado atrás. Por su parte, Motörhead arribó no sin algunas dudas en relación con el estado de salud de Lemmy, situación que lo forzó a cancelar el show en Sao Paulo. No obstante, aquellas se disiparon inmediatamente en el instante en que sonó “Shoot You In The Back”, la primera de la noche. En aquel momento la horda negra respiró tranquila, el rock y heavy metal fluirían por su cauce natural.

Motörhead: Morir con las botas bien puestas

Eran cerca de las 20:00 horas cuando los nacionales de Inquisición se despidieron del Movistar Arena, luego de una correcta presentación, que sirvió para prender al poco público que tempranamente se asomó al recinto, a pesar de que el sonido no los acompañó. De todas formas, fueron bastante efectivos, pues crearon el ambiente motivacional necesario para un concierto de esta naturaleza. Cuando terminaron, fanáticos de todas las edades repletaron la cancha y los sectores más altos del recinto. Algunos, los más jóvenes, frenéticos y alcohólicamente estimulados, se aglomeraron hacia la reja para estar más cerca de sus ídolos. Los otros, “perros viejos”, se ubicaron en áreas más alejadas para disfrutar el show, cuidándose de los delirios rockeros de los chascones que continuaban llegando, quienes vociferaban “vamos a dejar la cagá”. Y así fue.

MOTORHEAD CHILE 2015 06

A la hora pactada, se apaga la luz y los cánticos de algunos se multiplican. Otros callan hasta que se escucha desde el escenario la famosa persigna “Buenas noches, we are Motörhead, and we play rock and roll”, y los mismos timoratos son los primeros que prenden la primera de muchas bengalas. “Shoot You In The Back” comienza demoledora, la banda más ruidosa del planeta hace honor a tal título y comienza a escupir fuego. Lemmy  se plantó firme enfrente de sus 15.000 feligreses y los conminaba a convertir el espacio en el Lejano Oeste (“The riders ride into the night, into the West, to see who’s guns is the best!”, al tiempo que la guitarra desdeñosa de Campbell y la batería bestial de Mikkey Dee demolían techo y suelo, forzando a los asistentes a un headbanging descomunal. Luego llegó el turno de “Damage Case” y “Stay Clean”, en donde la voz carrasposa de  Kilmister brillaba por su frescura. El público, a su vez, respondía a lo que proponía la banda, no sólo en entusiasmo, sino además en la filosofía de lo que es un concierto de Motörhead: la cerveza y otros licores corrían por el suelo, el olor a sustancias se multiplicaba y hermanos de asiento se daban ínfulas de continuar moviendo la cabeza, mientras el bajo estridente creaba la comparsa perfecta para que Campbell y su pedal destellaran. Sólo habían pasado tres canciones y la rendición a los británicos era absoluta.

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“Metropolis” fue la siguiente anunciada por Lemmy, quién comenzó a evidenciar un pequeño problema con su retorno, que fue solucionado gracias al interludio de Campbell que dio el tiempo necesario a los técnicos al conminar al público: “Santiago, make some noise!”. Reparado el minúsculo desperfecto, el mismo guitarrista da el vamos a través de notas agudas características y nuevamente las cabezas comienzan a balancearse, mientras que Mikkey Dee seguía el mid tempo como un reloj, dándole solidez y peso a un tema que justamente enfatiza la densidad. Al turno que Lemmy canta, “I don’t care, I’m not there”, es la guitarra la que una vez más suena precisa, cuyo punto cúlmine es un solo de prístina ejecución. “Over The Top” es la siguiente y el aspecto marcial arrecia por las pantallas, mostrando aviones de guerra que cruzan el espacio. La segunda bengala se prende, ahora es un gordo calvo el que lleva la batuta, y Lemmy lo sabe, y lo apunta como felicitándolo, suficiente condecoración para ese fanático. En ese instante, una pausa se hizo necesaria y queda solo en el escenario Phil Campbell, acompañado por una tenue luz verde, mostrando sus dotes de guitarra principal de una leyenda del rock & roll. Los celulares –o las antorchas del siglo XXI- crean el efecto luciérnaga y la escena a ratos se vuelve relajante, hasta que el siguiente tema vuelve a colocar todo en caos.

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“The Chase Is Better Than The Catch” y “Rock It” marcaron uno de los tantos puntos de inflexión en la noche. El bajo suena ensordecedor y eso estimula a la cancha del Movistar a un nuevo mosh, que es agradecido por un Lemmy como un abuelo que se sabe querido, al mismo tiempo que anuncia uno de los mejores temas de su último álbum “Aftershock” (2013): “Do You Believe” trae la simpleza y la brutalidad, que se transmite perfecta gracias a un sonido bien trabajado desde la mesa. Al parecer todo ayuda, todo se concatena para que Motörhead deslumbre con su rock asesino.

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Uno de los pocos ripios de la noche, efecto una vez más de un problema de retorno de Lemmy, fue el inicio de “Lost Woman Blues”. En todo caso, no alcanzó a ser ni siquiera una tacha en la espléndida factura de este tema que, a pesar de su lentitud, es uno de los más viciosos. Al finalizar, irónicamente el frontman de 69 años pregunta si alguien recuerda el disco “Orgasmatron”, ya que el siguiente tema (“Doctor Rock”) proviene de ese álbum. ¿La respuesta del público? Dos mosh pit en cancha y movimientos telúricos desde las alturas. Se instaló el descontrol y Lemmy lo sabe. Le tiran un objeto, le llega en la cara y en vez de enfurecerse, sabe que es una muestra de afecto, lo aprecia y bromea por la puntería del improvisado lanzador. A continuación, es el turno de Mikkey Dee de fulgurar. Realmente es una bestia de la batería, representa la quintaesencia de lo que es sentarse detrás de una caja y un bombo. El solo que despliega es sencillamente descomunal; todos los asistentes hipnotizados. Un niño de no más de 12 años está con la boca abierta, mientras que un hombre cercano a los 60 graba con su celular y comparte ese placer en un grupo de Whatsapp. Vuelven las cuerdas y finalizan el clásico tema.

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“Just ‘Cos You Got The Power” es dedicada a los políticos, algo que los fanáticos agradecen, pues funcionó como una especie de válvula de escape ante tantos casos de corrupción que se han destapado este tiempo y que huelen mal. El bajo acá es el protagonista y es imposible no cantar pensando en los Penta, los Soquimich o los Caval. Esa rebeldía punky de Motörhead es gratificante. Lo mismo ocurre con “Going To Brazil”, presentada por Lemmy con humor (“Unfortunately Going To Brazil”) burlándose de su aflicción que imposibilitó un show en el país carioca. La rapidez se apodera de la música y es quizás el único momento en donde se nota en ella los años del bajista, quien se esfuerza para llegar a la velocidad que reproduce la batería (Mikkey Dee lanza unas diez baquetas al aire luego de golpear la caja).  Finalmente llega “Ace Of Spades” y la tercera bengala se prende en la cancha, con un público desbordante que corea de principio a fin el himno por antonomasia, a la vez que otros se masacran en un desmadre y los menos arrojan hasta zapatillas al escenario. Las luces se apagan, el grupo se despide, pero nadie se mueve. Todos saben que queda el concho de esta embriagadora jornada: vuelven las luces y Motörhead le dice adiós a Chile con “Overkill”, no sin antes señalar: “Santiago, you are the best audience, true story”, palabras que son replicadas por Campbell.

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El concierto termina como empezó: con doble cohetes y con metaleros de todas las edades saltando, quizás advirtiendo que esta sí puede ser la última vez que tengamos el privilegio de ver a estos próceres del rock & roll. Si así es, si efectivamente la salud o el cansancio no permiten que Motörhead vuelva a estas lejanas tierras, nadie podría haber imaginado un mejor final. En este, su eventual show terminal, todos morimos con las botas del rock bien puestas. Impagable.

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Setlist: Shoot You In The Back – Damage  Case – Stay Clean – Metropolis – Over The Top – Solo de Phil Campbell – The Chase Is Better Than The Catch – Rock It – Do You Believe – Lost Woman Blues – Doctor Rock – Just ‘Cos You Got The Power – Going To Brazil – Ace Of Spadesrip

Judas Priest: La resurrección del sacerdote

El de anoche puede ser el concierto más épico que hayan dado los británicos en nuestro país, porque a pesar del paso de los años, la pomada que nos vendieron con la falsa despedida y el set de canciones menos jugado que nos han brindado hasta la fecha –aunque sí rescató un par de joyitas-, Judas Priest se las arregló para hacer vibrar a un Movistar Arena que, en un principio para quien firma, parecía no estar muy comprometido con el espectáculo. Y es lógico pensar eso, si en los últimos diez años hemos recibido todas las visitas que no habíamos tenido en décadas, llegando incluso al punto de la saturación –pregúntenle a Megadeth-, lo que afecta directamente a la pasión por querer ver a una banda que, ya sabemos, volverá en un par de años, por lo que ya no hace falta emocionarse tanto. Este aire se respiró durante varios pasajes de la actuación del conjunto liderado por “Lemmy” Kilmister y también en la previa a la presentación de los ingleses.

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Además, el hecho de que la gira de promoción de “Redeemer Of Souls” (2014), el disco más reciente de Halford y compañía, presentara las mismas sandías caladas de siempre con el agregado de los temas del nuevo álbum y un par de canciones que no habían sido tocadas en Chile, tampoco era un gran aliciente para entusiasmarse por otro concierto del sacerdote –si es que no se es un fanático incondicional, obvio-. De hecho, tres días antes se habían presentado en Argentina para tocar un escueto repertorio de trece canciones, claro que en el marco de un festival, lo que hacía pensar que el aguante se estaba perdiendo y seríamos testigos de la versión más desaliñada de la leyenda del heavy metal mundial. Pero todo mal pensamiento fue extirpado en el exacto momento en que la banda piso el escenario. Como si se tratara de una combustión espontánea colectiva, el respetable levantó la voz y festejó con “Dragonaut, corte que abre “Redeemer Of Souls”, y la cancha se transformaba en un verdadero infierno, donde era casi imposible mantenerse de pie. La explosión no hizo más que acrecentarse cuando cayó el clásico de clásicos, “Metal Gods”, donde todo el público terminó de enganchar y seguir la contienda con la rockera “Devil’s Child”, uno de los primeros aciertos de la noche, rescatado del poderosísimo “Screaming For Vengeance” (1982).

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Mientras la música saciaba la sed de metal de los asistentes, la banda en el escenario brillaba como la leyenda en vida que es. De verdad parecen haber resucitado en gloria y majestad, incluso dando la impresión de que se reinventaron y tomaron nuevos aires para continuar por muchos años más. Tal como lo señalamos en el artículo previo al concierto, Richie Faulkner se transformó en el gran propulsor de esta nueva era, ahora tomando el papel de guitarra principal, ensombreciendo incluso a Glenn Tipton y robándose las miradas y vítores de los fanáticos, comunicándose con ellos en todo momento. Faulkner devolvió la garra a Judas Priest y su presencia en la banda sólo se puede agradecer. Por otra parte, Rob Halford confirma una vez más que es el Metal God. No se puede hacer más que elogiar a un hombre que, a sus 63 años, puede estar sobre un escenario dándolo todo en casi dos horas de show. Incluso con el desgaste propio de la edad, el tipo es capaz de mantener un falsete perfecto y hacer uso de la teatralidad para dotar a cada una de las canciones de una atmósfera única. En “Victim Of Changes” el calvo fue amo y señor del espectáculo, demostrando que, cuando se es un profesional, no hay ni edad ni achaques que puedan echarte abajo. En cuanto al resto del grupo, Tipton, Hill y Travis, cumplen a cabalidad con ser la base de Judas Priest y figuras clásicas del heavy metal, completando la postal de una banda que sigue trascendiendo en la historia de la música, algo que quedó plasmado en la interpretación de “Halls Of Valhalla”, quizás el mejor tema de “Redeemer Of Souls”, que en vivo sonó épico y avasallador.

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Ya metidos por completo en el concierto, “Love Bites” debutó en la capital con su riff ondero y coro pegajoso, para dar paso a “March Of The Damned”, otra del nuevo disco que perfectamente pudieron haber intercambiado por algún clásico, ya que tiene ese gustillo a “sencillo por obligación” que no volveremos a escuchar en futuras giras, pero que ganó puntos en vivo por las animaciones que se proyectaban en las pantallas, siendo esta la primera vez en que Judas Priest llegaba con una propuesta audiovisual más trabajada, dejando definitivamente de lado las plataformas y estructuras de antaño, y que tuvimos la oportunidad ver en vivo en el debut de la banda en Santiago el año 2005.

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Para el recuerdo quedó la fiesta que significó “Turbo Lover”: miles de metaleros de tamaños mastodónticos bailando y cantando una canción que fácilmente pudo haber compuesto cualquier banda de pop de la época, poniendo en jaque la moral musical de los llamados “true metalheads”. ¿Cómo una canción tan mamona puede provocar tanta destrucción? No lo sabemos, pero el clásico del disco “Turbo” (1986), arrasó en el Movistar Arena y fue genial. Con la fiesta en alto, “Redeemer Of Souls” se elevó como otro gran acierto de la noche, un sencillo que derrocha en cada nota el espíritu de Judas Priest, y que deja en claro que la fórmula y magia siguen intactas.

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“Beyond The Realms Of Death” nos recordó porqué Judas Priest es una de las grandes potencias de metal mundial. Conmovedor, perfectamente ejecutado y monumental, el himno extraído de “Stained Class” (1978) se transformó en uno de los peaks del cuarto show de los británicos en suelo nacional. Los clásicos se venían encima en la última parte del recital, partiendo por “Jawbreaker”, que desencajó las mandíbulas de los fanáticos más aguerridos, quienes llevaban un buen rato esperando a que las revoluciones subieran. La gran recompensa fue el himno por antonomasia de Judas Priest, “Breaking The Law”, que reavivó al monstruo e invitó a todo el mundo a romper el orden. Sin dejarnos tiempo para recuperarnos, el motor de la Harley Davidson de Halford resonó al fondo del escenario para luego hacer su ingreso triunfal y dar el pie a “Hell Bent For Leather”, que marcó la primera salida del escenario del conjunto.

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“The Hellion” volvió a prender las alarmas, cuando los músicos volvían a escena para seguir azotando al púbico con “Electric Eye”. A estas alturas la asistencia estaba totalmente entregada, y la banda lo sabía, tanto así que sus reacciones no podían mostrar más felicidad y asombro; a pesar de que ya habían tocado frente al mismo público en tres oportunidades anteriores, la energía era desbordante e hicieron de la velada de anoche un recuerdo imborrable para el grupo y los fanáticos. “You’ve Got Another Thing Comin’” tenía toda la pinta de cerrar la noche, pero Scott Travis seguía en la batería y tomó el micrófono para preguntar qué queríamos escuchar. La respuesta fue obvia y contundente: “Painkiller”. El tema que pone nombre al disco del año 1990, y que estuvo ausente hasta hace un tiempo del repertorio en vivo, desató toda la violencia descarnada del público chileno. La llama sigue más viva que nunca.

JUDAS PRIEST CHILE 2015 04

Todavía quedaba tiempo para una más y “Living After Midnight” dio un término festivo a un espectáculo que sobrepasó las expectativas de este redactor. Habiendo sido parte de las tres anteriores visitas de la banda, puedo afirmar con seguridad que este cuarto concierto se gana el primer lugar, principalmente por la química absoluta que existió entre los músicos y el público, un sonido impecable y un repertorio que no fue tan diverso como los anteriores, pero funcionó perfectamente, sobre todo en la parte final del show. La misma banda se encargó de declarar que el de anoche ha sido uno de los conciertos más emocionantes que han tenido en toda su carrera.

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Entrada la medianoche, las legiones de metaleros volvieron a inundar la capital para retirarse a sus hogares a la espera de una nueva cita con el demonio. Con una sonrisa de oreja a oreja y esa sensación de hermandad que tiene el metal, podemos sentirnos satisfechos por haber sido parte de unos de los conciertos más memorables del estilo en nuestras tierras. Una noche donde pudimos vivir en carne propia, el azote de Motörhead y la emocionante resurrección de Judas Priest.

JUDAS PRIEST CHILE 2015 03

Setlist: Dragonaut – Metal Gods – Devil’s Child – Victim Of Changes – Halls Of Valhalla – Love Bites – March Of The Damned – Turbo Lover – Redeemer Of Souls – Beyond The Realms Of Death – Jawbreaker – Breaking The Law – Hell Bent For Leather – The Hellion – Electric Eye – You’ve Got Another Thing Comin’ – Painkiller – Living After Midnight

Por Sebastián Zumelzu (Judas Priest)

Por Pablo Cañón (Motörhead)

Fotos por Luis Marchant

Enlace corto:
(3)
  1. los medios tatas puros maestros!!! ya quisiera yo un tatita así

  2. felipe says:

    sinceramente, fui a ver a motorhead y kedo la kaga como lo esperaba exelente, pero cuando salio judas….simplemente volaron cabezas con el sonido!!! espectacular concierto muy muy weno….AGUANTE LEMMY!!!

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