Chuck Mosley + The Talking Book: Culto y magia

Sábado, 27 de Julio de 2013 | 3:34 pm | Comentarios (10)
Chuck Mosley + The Talking Book: Culto y magia

Una reunión de culto era la que nos esperaba en la helada noche de viernes en el Club Kmasu. Los fanáticos de Faith No More estaban de fiesta, porque Chile se transformaba una vez más en escenario privilegiado al acoger un evento clave para todos los fanáticos de la banda de San Francisco. Chuck Mosley, vocalista de los dos primeros registros de la agrupación, y Billy Gould, bajista y miembro fundador de los autores de “Epic”, compartían cartel con sus respectivas bandas para entregar dos espectáculos diametralmente opuestos, en todos sus aspectos, los cuales dieron vida a una velada irregular que, de no ser por la devoción del respetable, hubiese pasado totalmente desapercibida.

The Talking Book: Magia en el lugar equivocado

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No era el lugar ni el momento indicado. El proyecto experimental compuesto por Billy Gould, Jared Blum y Dominic Cramp, visitaba por segunda vez nuestro país, ahora como primer “plato de fondo” de la jornada. Los ambientes oscuros y ruidosos del trío, fueron recibidos con solemnidad e hipnotismo por parte de aquellos que se congregaron sagradamente frente al escenario a observar a los tres músicos crear espacios sublimes en sus computadores, mientras que otro grupo observaba desde la distancia compartiendo algún trago mientras trataba de entrar en el juego del grupo, extrañados por lo que estaba ocurriendo frente a sus ojos, o simplemente conversado y haciendo la hora para el arribo de Chuck.

Si buscamos un símil a la experiencia que es The Talking Book en vivo, podemos encontrarla en el documental “Koyaanisqatsi” (1982), obra dirigida por Godfrey Reggio y cuya banda sonora fue compuesta por Philip Glass, en un filme donde las imágenes documentales son musicalizadas, adquiriendo un estatus catártico en la gran pantalla. El trío realiza un ejercicio parecido, y más complejo aún al tratarse de un espectáculo en vivo, donde las imágenes pasan al fondo de un telón y la música se acopla a ellas bajo las perillas de los hombres en escena. Es por este motivo que es necesario un recinto más íntimo y pequeño para poder disfrutar a concho de esta experiencia musical. La poca afluencia de público y las dimensiones del lugar incitaban a la dispersión y a la incomodidad en los instantes donde el mantenerse de pie era una molestia para el resto de los sentidos que trataban de escaparse con la música. Tampoco ayudaba mucho que la batería de la banda de Mosley tapara el ya pequeño telón de fondo por donde circulaban imágenes de diferentes personas alrededor del mundo, que parecían haber sido extraídas de reportajes de los años setenta.

La improvisación es el norte a seguir por el grupo, y mientras eran reconocibles cortes del disco homónimo, como “Maxim” y “Talking Book I”, las miradas entre los músicos delataban la coordinación entre ellos para sumar nuevas capas y, en definitiva, crear música in situ. La transición entre estados sonoros y anímicos nos hacían recorrer atmósferas oscuras, otras de ruido intenso, desembocando en espacios de calma y contemplación, dejando muchas veces en segundo plano a la película de fondo, incluso eclipsando errores bochornosos, como el mensaje de “imposible reproducir DVD”, que se proyectó en el telón durante pleno embate sonoro del grupo.

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Jared Blum era el director de orquesta y quien se mostraba más enérgico. Haciendo uso de sus efectos y aparatos, inclusive usando su voz en un par de ocasiones, dirigía a sus compañeros, quienes esperaban atentos sus indicaciones. Billy Gould, de lentes y muy concentrado en su monitor, también hacía de las suyas con la guitarra eléctrica, aportando algo de visceralidad a la muralla de sonidos computacionales, cuya magia fue capaz de convertir las risas y conversaciones de los que estaban en la barra, en parte de su banda sonora.

Para el final, “Sundown”, y la suma de los tres elementos al extremo, llevando el ruido hasta su punto más álgido y cacofónico de la noche. Fin de la primera parte de este regreso de The Talking Book a Chile, no en el mejor lugar ni condiciones, pero absolutamente sublime y, para quien redacta, lo mejor de la noche.

Chuck Mosley: Anécdota de culto

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¿A quién queremos engañar? Por mucho que los fanatismos ciegos nos lleven a afirmar que nuestros ídolos son tan grandes como queremos verlos, la realidad no siempre es así. Por mucho que se quiera pensar que Chuck Mosley es una leyenda en vida, cuyo legado es una pieza fundamental del rock, lo cierto es que su carrera después de su paso por Faith No More es de lo más discreta, y si no hubiese participado en los dos primeros álbumes de los californianos, lo más probable es que el concierto de anoche no se hubiese realizado. Este no es un ataque personal contra el músico ni nada por el estilo, pero a vista y paciencia de lo que pudimos presenciar durante la noche del viernes, el espectáculo de Chuck Mosley fue bastante prescindible, más para sacarse el empacho que para escuchar un buen recital de rock.

Vistiendo una chaqueta del Servicio de Impuestos Internos, el músico hacía su entrada al escenario acompañado de su banda, con algunos problemas en su guitarra antes de comenzar el show con “The Enabler”, extraído de su disco “Will Rap Over Hard Rock For Food” (2009), registro que saca el lado más rockero del estadounidense, bastante alejado de lo mostrado en su etapa como frontman de Faith No More, y al parecer, también desconocida por un público que observaba a Mosley con admiración y ansias de que dejara la guitarra de lado y lanzara algún tema de Faith No More. Y así lo hizo, cuando invitó al escenario a Billy Gould para que las hiciera de Roddy Bottum con su Mac, y encargarse de los sintetizadores en “As The Worm Turns”. La noche por fin alcanzaba un peak colectivo y hasta Mosley parecía revitalizarse moviéndose de un lado para otro y elevando su registro vocal al máximo. “Why Do You Bother”, otra del fundacional “We Care A Lot” (1985), provocaba mosh pits entre el reducido, pero enérgico público.

A solas con su guitarra eléctrica, Mosley se dio el tiempo para recordar sus tiempos como compañero de Gould y tocar un par de temas. “Nameless” y “Sophie” marcaron el pasaje más discreto de la noche, donde se pudieron observar los defectos del cantante en su faceta de guitarrista, y más preocupante aún, una falta de inspiración que hizo parecer este momento íntimo como un impasse que coartó la euforia desatada durante la interpretación del material de su ex banda.

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El material del norteamericano funciona en estudio, pero un pésimo sonido y el desconocimiento del público de la mayor parte de su trabajo, no dejaron que cortes como “Pile Driver” o “Bob Forest” obtuvieran algo más que un caluroso aplauso de respeto y cortesía, más por la historia que por el efecto de su música. En fin, ahí llegaba el remake de “We Care A Lot” y el mix de “Anne’s Song” con “Death March”, para darle en el gusto al respetable y cerrar casi una hora de espectáculo, que quedará en la retina de los más fanáticos como una noche de culto, aunque para este redactor, la sensación fue la de haber sido participe de una anécdota.

Setlist Chuck Mosley

  1. Enabler
  2. Tractor
  3. Come Around
  4. King Arthur
  5. Punk Rock Movie
  6. As The Worm Turns (cover de Faith No More)
  7. Why Do You Bother (cover de Faith No More)
  8. Nameless
  9. Sophie
  10. Pile Driver
  11. We Care A Lot (cover de Faith No More)
  12. Bob Forest
  13. Anne’s Song/Death March (covers de Faith No More)

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Praxila Larenas

Enlace corto:
(10)
  1. diego muñoz says:

    concuerdo plenamente contigo sebastian, ya que the talking book es para experimentarlo sentado y en un recinto mas pequeño como la scd pero no por eso no fue espectacular y jugaba con tus sentidos.

  2. Juan says:

    Sebastián Zumelzu, amargo no sabes nada

  3. Roberto Pizarro says:

    Acertado comentario 100% de acuerdo.
    De todas formas, al menos yo, sabía a lo que iba… vi a The Talking Book las vez anterior y es música para una sala distinta. Respecto a Chuck, siempre cantó como las hueas.

  4. entre los teloneros chilenos y Chuck Mosley me quedo con ninguno, realmente fue algo extraño el viernes.

  5. pedro says:

    “la sensación fue la de haber sido participe de una anécdota.” ERES EL MAS GRANDE HIJO DE PUTA! LEVANTAO’ A RAJA!

  6. Javier Price says:

    Olor a banda puta quiten al pobre wn de vocalista un idiota que más encima de andar curao, y dársela de rockstar me aburrio,Chuck es una anécdota que tocara aquí lo respeto por que se dio el tiempo de compartir con todos los que lo esperamos, talking book para otro lugar pudo ser mejor.

  7. gabo says:

    Bonitos recuerdos del introduce ourself…. mosley una reliquia…….
    a todo esto…. donde quedaron los fieles fans de faith no more??? ….

  8. MUY BUENA RESEÑA……………….GRACIAS POR APOYAR !!

    Michel Lefranc es ese marica de vocalista, quién teloneó con Olor a la banda y acá va su discografía !!

    http://www.myspace.com/oloralabanda

    https://soundcloud.com/olor-a-la-banda

    http://soundcloud.com/leche-con-mora

    https://soundcloud.com/lastardo

    https://soundcloud.com/pastoral-1

    http://soundcloud.com/solo-contra-todos

  9. Juan says:

    Amigo relator, comentario constructivo. .. . sienta la música y si quiere ser un buen comentarista trate de investigar sobre quien esta escribiendo.
    Saludos

  10. santiagolupino@hotmail.com says:

    Chuck Mosley es el inventor de Faith no more, no sabís nada pendejo.

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