Zeal And Ardor – “Devil Is Fine”

Martes, 20 de Septiembre de 2016 | 12:34 am | No hay comentarios
Zeal And Ardor – “Devil Is Fine”

Artista:

Zeal And Ardor

Álbum:

Devil Is Fine

Año:

2016

Sello:

Reflections Records

Que un proyecto musical se defina a sí mismo como una propuesta que busca encontrar nuevas maneras de combinar los ingredientes ya conocidos, teniendo como fin último la coherencia temática y no la musical, funciona como invitación y simultáneamente como advertencia. Una advertencia a los puristas de los estilos, que con seguridad preferirán permanecer en su cálida zona de confort antes de aventurarse en estas impredecibles aguas, y una invitación a todos aquellos que en lo musical están esperando que algo rompa el statu quo y que, en tiempos donde todo parece dicho, alguien demuestre que aún quedan cosas por decir. Sin duda, Manuel Gagneux (el hombre detrás del proyecto Zeal And Ardor) está en el grupo de los que buscan sacudir las cosas.

zeal-and-ardor-01Hace un par de años, con el debut homónimo de Zeal And Ardor, el músico dejó en evidencia que uno de sus móviles pasa justamente por la fusión de estilos, mostrando ya algunas de las claves sonoras que termina desarrollando con mayor coherencia hoy en “Devil Is Fine”. Es difícil inclinar la balanza y decir si lo de este disco se trata de un trabajo de black metal o de spirituals afroamericanos, dado que finalmente, a pesar de que la combinación suena improbable, logra fluir perfectamente natural, demostrándonos que los caminos que unen ambos universos siempre han estado ahí. Sin embargo, es tan sólo gracias al talento de este artista que la conexión se nos revela clara y evidente. El inicio del álbum, con el track que da nombre al registro, marca quizás el único momento en que en realidad un estilo predomina abiertamente sobre el otro, en un corte correcto y sencillo, que a través de una sentida base vocal, acompañada de piano y cadenas a modo de percusión, nos traslada a los tiempos de la esclavitud.

En lo que sigue, se instalan de forma progresiva distintos ánimos y estilos musicales, ocupando un lugar protagónico aquellos cortes que combinan la guitarra con trémolo, la batería con doble bombo y la base vocal propia del black metal con ritmos de espíritu gospel. En esta línea sobresalen “In Ashes”, “Come On Down” y “Blood In The River”. La segunda de ellas posiblemente la más inmediata del álbum, crece gradualmente en intensidad para explotar vocalmente a los 40 segundos de iniciada y volver a la calma por breves intervalos de tiempo que alcanzan con lo justo para recuperar el aliento y seguir con la energía al tope, un acierto por donde se le mire. “Blood In The River”, por otro lado, es otro de los gigantes de este álbum, más oscura que la anterior, con sonidos de cadenas vuelve a rememorar el dolor de la esclavitud y se anota en lo lírico posiblemente el mejor momento del álbum.

zeal-and-ardor-02Sin embargo, fiel a esa suerte de declaración de principios que define el proyecto, Gagneux no se conforma con lo anterior y agrega un nuevo componente a la ecuación, como para recordarnos que si hay algo que este trabajo no pretende, es sentarse cómodo a esperar elogios. Se trata de la provocadora trilogía instrumental “Sacrilegium”, que mezcla elementos de drum and bass, vocales anclados en la música de medio oriente, sintetizadores y algo parecido a una canción de cuna, instalándose de manera intercalada a lo largo del registro para constituirse finalmente como una suerte de pausas o intermedios, que al mismo tiempo logran brillar con luz propia, permitiendo así resaltar la base musical que define el álbum.

Intentar identificar los hitos que marcarán la historia de la música al mismo tiempo que somos parte de esta, es un ejercicio engañador. Siempre va a ser más sencillo mirar hacia atrás en vez de hacerlo hacia delante, ya que esto último exige una destreza claramente más difícil de adquirir. Sin embargo, si algo hemos aprendido con la historia de la música, es que sólo a través de romper los moldes es que se logra avanzar. Lo de Zeal And Ardor justamente apunta en ese sentido y sin duda se anota uno de los momentos más innovadores del último tiempo, pero no se queda sólo en la anécdota, sino que se mueve con propiedad por las aguas que ha decidido recorrer, comenzando a escribir una página que hasta aquí había sido dejada en blanco. No faltaran los que digan que se trata de un pastiche mal logrado, con seguridad se tratará de los mismos que en su momento miraron con desprecio el “Raw Power” (1973) de The Stooges o el “Surfer Rosa” (1988) de The Pixies.

Por David Martínez

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