Ty Segall – “Ty Segall”

Martes, 7 de Marzo de 2017 | 2:25 am | No hay comentarios
Ty Segall – “Ty Segall”

Artista:

Ty Segall

Álbum:

Ty Segall

Año:

2017

Sello:

Drag City

Con el paso de los años resulta cada vez más frustrante adentrarse en el entramado inacabable del mundo de la música, con el propósito de encontrar bandas que mantengan el espíritu de aquellos que hicieron del rock un fenómeno irrenunciable. Al contrario, cada día son más las agrupaciones que enfrentadas al escenario se revelan incapaces de igualar lo que ofrecen desde el estudio, girando por completo el paradigma que tuvieron grandes agrupaciones como The Who y Led Zeppelin, donde el estudio de grabación parecía insuficiente para mostrar lo que eran capaces de hacer arriba de las tablas. Por fortuna, a pesar de este desolador panorama, siguen apareciendo (habitualmente desde la escena independiente) artistas que a su manera logran mantener la credibilidad de la escena rock, y Ty Segall sin duda es uno de ellos.

Ya en su novena entrega, y habiendo puesto el acento en distintas identidades sonoras a lo largo de su corta pero prolífica carrera, Segall parece haber encontrado esa lucidez tan necesaria y esquiva a la hora de componer. Tanto así, que en “Freedom” (uno de los puntos altos de esta entrega) declara “ahora lo veo en todas partes / está claro / no tengo miedo”, dejando ver no sólo confianza, sino determinación. Él sabe que no está inventando el rock, sin embargo, logra moverse con honestidad en ese paisaje donde se mezcla el revisionismo y la transgresión personal. El disco se pasea cómodamente por momentos de garage rock, glitter, psicodelia e incluso krautrock, en un álbum que no da respiro y funciona como excelente puerta de entrada para aquellos que hasta hoy no le han dado una oportunidad a este artista.

“Break A Guitar” pone desde el comienzo las cosas en tono: hard rock directo y sin concesiones, con el nivel preciso de distorsión, potente y al mismo tiempo coreable, puro equilibrio desde el primer minuto. “Freedom” entra rápido, sin dar tiempo para sacarse de encima “Break A Guitar”, combinando hard rock con glitter, haciendo inevitable no recordar a Marc Bolan mientras corren los segundos de este corto y confesional corte. Lo que sigue con “Warm Hands (Freedom Returned)” si no es el punto más alto de la entrega, méritos tiene de sobra, destacando sobre todo por lograr mantenerse cautivadora y necesaria durante sus algo más de diez minutos de duración. Se trata de un corte épico que, cómodo y seguro, funciona como una suerte de diaporama rock que se pasea por la escena de fines de los sesenta y principios de los setenta. Hasta acá, el álbum cierra su primer tercio inmaculado.

“Talkin’” nos baja del hard rock del primer tercio y lleva las cosas a tierras más pausadas; folk amigable y fácil de corear, se trata, sin embargo, sólo de un respiro, ya que tal como aquellos que terminada su presentación sienten que aún tienen algo para dar, Segall vuelve al hard rock con “The Only One” dejándolo todo, para finalmente cerrar el álbum en lo que concierne a este estilo. “Thank You Mr. K” sale del universo de distorsiones de tonos oscuros y pisa el acelerador, lúdica y contagiosa, es de esos tracks para tener a mano cuando las malas energías se vienen encima. Ya para ir enfrentando el último tercio del disco, del mismo modo que el californiano lleva las cosas a terrenos hard y garage en la primera parte, para la salida se da el gusto de visitar lugares de rock y pop psicodélico. “Orange Color Queen”, “Papers” y “Take Care (To Comb Your Hair)” se paran  en esta esquina, sonando a The Kinks, The Who y Lennon, destacando la primera de este trío por estar dedicado a la pareja de Segall, poniendo la nota personal al registro.

Cerrados los primeros nueve cortes, “Untitled”, el décimo y último track de este nuevo capítulo discográfico, con sus sólo trece segundos de duración funciona como un guiño al inicio del álbum, como quien quisiera empujar a los que estamos al otro lado del parlante a darle una segunda vuelta a lo que acaba de pasar por nuestros oídos. Y es que definitivamente los 36 minutos que dura esta placa no son poca cosa; Ty Segall suena enfocado y preciso, despachándose un álbum compacto que amalgama influencias, juega a los tiempos y lo libera como compositor, aprobando con distinción máxima a la hora de ponerse el traje de melómano explorador. Si de artistas como Segall depende la credibilidad de la escena, podemos estar tranquilos.

Por David Martínez

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