The Winery Dogs – The Winery Dogs

Martes, 30 de Julio de 2013 | 10:15 am | No hay comentarios
The Winery Dogs – The Winery Dogs

Artista:

The Winery Dogs

Álbum:

The Winery Dogs

Año:

2013

Sello:

Loud & Proud Records

Se nota quiénes están detrás, pero también cuánto cedió cada uno para derivar en el sonido hard rock más clásico que les hayamos escuchado en un buen tiempo. Se trata del trío The Winery Dogs, uno de esos supergrupos que proliferan en la actualidad, y que muchas veces suenan más a partes que se suman que a colaboraciones realmente unitarias.

Richie Kotzen (Poison, Mr. Big) toca la guitarra y canta, Billy Sheehan (David Lee Roth, Mr. Big) es el bajista y el multifacético Mike Portnoy (Dream Theater, Adrenaline Mob, entre muchos otros proyectos) se encargó de la batería, y de partida la voz de Kotzen y el sonido dominante de la guitarra harían parecer que este es el nuevo proyecto de don Richie, pero lo cierto es que ni él ni Mike Portnoy dominan la batuta, sino que es Sheehan, el que denota más de su ruta personal, que es parecida pero más ortodoxa que la de Kotzen en el hard rock. Mal que mal, Sheehan viene de Mr. Big y fue parte de la banda de Kotzen, pero además estuvo como parte de los acompañantes de David Lee Roth y, más que todo, Talas, una de las subvaloradas agrupaciones de glam metal, pero donde la potencia de cómo se tocaba un instrumento tenía que relacionarse de buena forma con armonías, melodías y riffs magnéticos y adornados.

THE WINERY DOGS 01“Elevate” encarna perfecto el espíritu de estos “perros de viñedo”, con melodías a prueba de balas y una potencia que no se esconde detrás de una canción ortodoxa. De hecho, “The Winery Dogs” suena como un álbum de virtuosos, pero no se siente pesado o agotador, porque al final lo importante son las canciones, cosa que este supergrupo entendió a cabalidad. ¿Por qué fijarse también en Sheehan? Hay que notar su trabajo en tracks como “The Other Side” donde canciones muy simples se convierten en aplanadoras, apenas con un poco más virtuosidad. Luego Richie Kotzen y Mike Portnoy hacen lo suyo, con un virtuosismo evidente y afilado.

Si al bagaje de los ex Mr. Big se le suma la batería de Portnoy, el resultado es mucho más armónico de lo que se podía haber pronosticado en el papel, con el extra de que se nota que todos grabaron sus pistas estando en completo dominio de lo que querían hacer con sus instrumentos, lo que empapa de convicción los trece tracks de este, uno de los mejores debuts en el hard rock más clásico de este año, que a muchos les podrá resultar extenso (el disco dura una hora), pero que bien vale la oportunidad.

Portnoy suena un poco más contenido que en Dream Theater, y eso le permite brillar más a ratos, porque puede hacerlo, lo mismo que Kotzen quien siempre ha generado grandes matices con su privilegiado registro vocal, así como su estilo pulcro e hiperkinético para tocar la guitarra. “You Saved Me” es una buena balada, pero sin caer en el cliché del género, mientras que “Damaged” suena similar a varias canciones de Chris Cornell solista (obviamente, el timbre de Kotzen ayuda en esto). Otra composición más enfocada en lo mesurado que en la potencia es “I’m No Angel”, casi sacada del trabajo solista de Kotzen quien es un frontman como la música manda.

THE WINERY DOGS 02Son interesantes los quiebres bluseros y funk en varias canciones, que dotan de matices insospechadamente coherentes a la propuesta de The Winery Dogs, aunque lo más cercano al rock clásico, espíritu que atrajo a Portnoy a trabajar con Sheehan en un primer momento, se encuentra en “We Are One” o “One More Time”. Las dos últimas canciones son mucho más reposadas, con “The Dying” otra vez trayéndonos a la memoria a Cornell, aunque mucho más en su veta con Audioslave, mientras que “Regret” es un cierre completamente inesperado, con un sonido mucho más negro y marcado por los órganos Hammond y el ritmo soul que funciona muy bien para darle un toque épico y clásico al final del primer intento de The Winery Dogs.

No sólo nos encontramos con un disco muy interesante, sino también con la comunión genuina y bien lograda de tres músicos con largos caminos propios, pero que lograron formar una misma carretera. Así, el debut homónimo de estos The Winery Dogs no se embriaga en el virtuosismo obvio que tienen sus miembros, sino que se mueve por las composiciones y eso se nota de principio a fin demostrando que no sólo hay que sumar para lograr mucho más. A veces también vale la pena ceder a un principio común, y qué mejor que este eje sean las canciones.

Por Manuel Toledo-Campos

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