The Libertines – Anthems For Doomed Youth

Miércoles, 21 de Octubre de 2015 | 10:43 am | No hay comentarios
The Libertines – Anthems For Doomed Youth

Artista:

The Libertines

Álbum:

Anthems For Doomed Youth

Año:

2015

Sello:

Virgin EMI

Hay que ser sinceros: cuando se trata de bandas exitosas o trascendentes, los quiebres definitivos rara vez son tales; a menos que se muera el motor musical de la banda, o que haya una diferencia irreconciliable entre sus miembros o con la música misma, las ganas de volver a componer y girar (por la falta o no de dinero) terminan primando. No se sabe a ciencia cierta en cuál de los dos últimos casos cae The Libertines, uno de los fenómenos musicales y mediáticos más grandes del garage rock revival de la primera década de este siglo. El tándem creativo conformado por el extrovertido y errático Pete Doherty, junto al más recatado Carl Barât, manteniendo su relación tanto dentro como fuera del escenario, fue la sensación de la prensa inglesa y el mundo. Sus dos álbumes de estudio, asimismo, fueron ampliamente alabados por su frescura en el panorama independiente. Diez años después de su bullada disolución, los ingleses regresan al ruedo con “Anthems For Doomed Youth”.

THE LIBERTINES 01Una receta que los fans realmente agradecerían para una banda que no ha editado una placa en el tiempo que le tomó a The Libertines, es que asuman algún riesgo, que sorprendan o que, en el último de los casos, no sean un autoplagio de sí mismos, y lo cierto es que cumplen, pero a medias. No hay mayores sorpresas ni riesgos, pero “Anthems For Doomed Youth” tiene algo que se agradece: por fin hay una ecualización decente, no es un caballo desbocado por las sendas del cuasi-punk crudo de “Up The Bracket” (2002), ni tampoco una batalla de egos arriba de los respectivos corceles de seis cuerdas de Barât y Doherty como su homónimo de 2004. Este nuevo disco es un batallón montado perfectamente coordinado; acá cada instrumento toma su posición ideal y brilla cuando tiene que hacerlo. En ese sentido, “Barbarians” es una muy buena bienvenida en la que se aprecia la nueva construcción sonora, un ritmo tenso al que sobreviene la clásica figura surf del sonido The Libertines a lo “Can’t Stand Me Now”. La misma división de patrones rítmicos se observa en “Gunga Din”, uno de los primeros adelantos mostrados de manera pública, con un ritmo de reggae que deriva en un empuje indie rock clásico.

Lo cierto es que la dupla Doherty-Barât se conoce bastante bien; lo abrasivo del primero más la vocación melódica del segundo, hizo que juntos armaran himnos del rock independiente como “Don’t Look Back Into The Sun” o “Time For Heroes”, aunque el ansia de protagonismo entre ambos lamentablemente quedaba en evidencia en sus grabaciones. No sucede así en este álbum, y “Fame And Fortune” es un ejemplo de ello, arreglándoselas para ecualizar sus guitarras de tal modo, que ambas hagan el trabajo que les corresponde sin perder peso ni importancia.

THE LIBERTINES 02El track que lleva el nombre del disco es un inserto –a estas alturas, clásico en el repertorio de la banda–, una semi-balada que desemboca en lo que ellos mejor saben hacer: melodías bonitas encapsuladas en guitarras crudas, mismo caso que “You’re My Waterloo”, comenzando a aparecer aquí las falencias del registro. Quienes se hayan aventurado a esperar alguna sorpresa, probablemente en este punto comiencen a desistir de la escucha; los que no, notarán que, a diferencia de su primer trabajo de estudio que se alimentaba a sí mismo de la locura y el desenfreno, este es un álbum más reposado, que no combustiona espontáneamente como antaño. “Belly Of The Beast” promete al principio, pero termina desinflándose, y “Iceman”, por su parte, nace derechamente por el suelo. De todos modos, un grupo de cuarentones diezmados por los excesos del rock & roll merecen darse esos gustos.

“Heart Of The Matter”, “Glasgow Coma Scale Blues” y “Fury Of Chonburi” –esta última con la notablemente mejor calidad vocal de Barât– retoman el frenetismo, con el bajista John Hassall y el baterista Gary Powell volviendo a subirse al carro con construcciones definitivamente reconocibles del sonido Libertines, aunque “The Milkman’s Horse” y, por sobre todo, “Dead For Love” vuelven a ponerle freno de mano al álbum justo al final, pese al afán recursivo y detallista de esta última, dejando una sensación agridulce porque sí, están de vuelta y es algo que los fans de la banda definitivamente agradecen, pero en diez años se esperaba que hubiesen mejorado algo más que el manejo de los egos musicales.

Por Danny Arce

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