The Brian Jonestown Massacre – “Don’t Get Lost”

Miércoles, 22 de Marzo de 2017 | 1:19 am | No hay comentarios
The Brian Jonestown Massacre – “Don’t Get Lost”

Artista:

The Brian Jonestown Massacre

Álbum:

Don’t Get Lost

Año:

2017

Sello:

‘a’ Records

Lo extrasensorial tras la música siempre queda de manifiesto en los trabajos de The Brian Jonestown Massacre. Su último disco, “Don’t Get Lost”, sigue siendo una muestra de esto, y en tiempos donde se exige un valor agregado a todo lo que se compra, se ve o se escucha, más que se agradece. Sin embargo, lo de TBJM nunca ha obedecido a las leyes del marketing musical, sino que a un estado interno que ha marcado el camino a la hora de componer, haciendo que la experiencia de sus discos sea alucinógena, por llamarla de alguna manera. Ya en su trabajo anterior, “Third World Pyramid”, los Jonestown decidieron dar pista de lo que sería su último larga duración titulando un tema “Don’t Get Lost”. Sin embargo, hay diferencias sustanciales entre ambos: duración y sonido. El anterior se ligaba más al post-punk y sólo contaba con siete temas; el segundo presenta una fusión más rica de estilos: acid rock, dance, funk, psicodelia, rock revival, entre otras, y cuenta con catorce “viajes”.

Una poderosa línea de bajo acompañada de un inteligente uso de los sintetizadores es lo que abre los ocho minutos y fracción de “Open Minds Now Close”. La voz distorsionada de Newcombe suena a intervalos y de manera muy sucia, cosa que es la tónica del disco, y deja intuir que los tonos vocales no son tan importantes como en “TWP”. Le sigue “Melodys Actual Echo Chamber”, que con un pitido magnético presente a lo largo de todo el tema y guitarras en modo trémolo, produce la sensación de estar encerrado en una cápsula en la que todo se magnifica. Una pandereta y batería se anteponen al sonido de cuerdas en “Resist Much Obey Little”, y su base recuerda a una versión acelerada de “Love Burns” de Black Rebel Motorcycle Club, banda amiga de los Jonestown, y, por lo tanto, se encasilla en los sones del moderno revival que el rock ha ido desarrollando hace ya un buen tiempo.

El acid rock podemos notarlo en temas como “UFO Paycheck” y “Groove Is In The Heart”. Este último cambia de ese estilo al noise de manera muy rápida, mientras una sugerente voz femenina se pasea por unos sexys acordes de guitarra para seguir hipnotizando en “Throbbing Gristle”, oda a esos héroes de la escena industrial y experimental de antaño.  Acá los Brian Jonestown elaboran un paisaje sonoro más duro, que se refleja en un uso más pesado del bajo y una batería mucho más definida. “Charmed I’m Sure” y “One Slow Breath” tienen algo de oscuro: en la primera se hace uso de los sintetizadores de una manera casi sugestiva; una base grave se funde en un chirrido agudo que da la impresión de estarse derritiendo, mientras se desliza por una suave secuencia de percusión. La segunda hace lo suyo con una repetitiva melodía de piano y una reverberante voz que susurra versos casi inentendibles.

Los momentos bailables del álbum se representan en “Fact 67”, con una vibra muy funky y far west, y “Acid 2 Me Is Not Worse Than War”, que mezcla beats electrónicos con sonidos de sirenas que van y vuelven, registros vocales que entran y se pierden en el eco de la misma música, recordándonos los movimientos dance de mediados de los ochenta. Lo más “dreamy” es “Dropping Bombs On The Sun”; de hecho, la canción es tan relajada y hermosa con sus silbidos sintetizados, que se hace muy difícil proyectar una imagen mental de lo terrible que sería lanzar bombas sobre el sol. El álbum va cerrando con un tema que destaca por el giro sonoro que realiza en comparación al grueso de este: “Geldenez Herz Menz” se caracteriza por un tempo de batería y trompeta que definen los jamming de corte jazzero, imprimiendo un salto de estilo que, a fin de cuentas, es más que reconocido.

Todo lo anterior, para lanzar un último estallido de garage noise en “Nothing New To Trash Like You”. Recursos auditivos usados en la década de los sesenta, cuerdas sucias y voces que se describen casi en bits, hacen de este tema una bala que se dispara a cielo abierto. Todo, para volver a la calma cósmica de “Ich Bin Klang” y poner broche de oro a un disco extenso pero disfrutable. Quizás la clave de “Don’t Get Lost” no está en “no perderse”, sino que en viajar y volver muchas veces para, así, dejarse ir todas las ocasiones que sea necesario conocer realidades que sólo se describen en nuestros estados inconscientes.

Por Gisselle Marchant

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