Sufjan Stevens – Carrie & Lowell

Miércoles, 8 de Abril de 2015 | 2:27 am | No hay comentarios
Sufjan Stevens – Carrie & Lowell

Artista:

Sufjan Stevens

Álbum:

Carrie & Lowell

Año:

2015

Sello:

Ashtmatic Kitty

Sufjan Stevens es un pequeño genio del indie a nivel mundial. Todo aquel que haya revisado aunque sea someramente su discografía, que ya se empina por los quince años de historia, habrá notado esto. Stevens interviene instrumentalmente en gran parte de los sonidos que fluyen desde sus álbumes, ricos en detalles, siendo el último “The Age Of Adz” (2010). En el año 2012, la madre de Stevens, Carrie, muere de cáncer al estómago y gran parte de la experiencia vivida en ese entonces, y durante mucho antes en su vida, quedó plasmada en su nuevo álbum de estudio “Carrie & Lowell”.

El título del álbum está inspirado en el nombre de su madre y el de su padrastro por cinco años, Lowell Brams. El legado de Brams fue tan grande en la vida de Stevens, que hoy en día dirige Ashtmatic Kitty Records, el sello del que Stevens es dueño y que alberga gran parte de sus obras musicales. Sin embargo, la mayoría del disco hace referencia a Carrie y su errático comportamiento, producto de sus desórdenes mentales y su abuso de las drogas y el alcohol. Sufjan parte el disco reconociendo todo aquello y perdonando a su madre con la letra de “Death With Dignity”: “Te perdono, madre, puedo oírte (…) Pero cada camino llega a su fin. Sí, cada camino llega a su fin”.

SUFJAN STEVENS 01“Carrie & Lowell” es un álbum extremadamente personal y frágil, alejado de la estética sonora más vivaz del mencionado “The Age Of Adz” o del celebrado “Illinois” (2005), para muchos el mejor álbum independiente de la década. Aquí campea la guitarra acústica, sazonada levemente por delicados arreglos de sintetizadores y coros angelicales, como en “Should Have Known Better”, una pieza que en su lírica recorre su niñez más desesperanzada y triste, hasta el nacimiento de su sobrina, una iluminación en su vida.

La sutileza íntima del álbum vuelve en “All Of Me Wants All Of You”, nuevamente añadiendo voces reverberantes y sintetizadores leves, que toman preponderancia justo al final de la canción para otorgarle una vibra menos folkie, la que vuelve en gloria y majestad en “Drawn To The Blood”, para luego enfilarse hacia la mitad por horizontes atmosféricos y ensoñadores. “Eugene” sigue la línea, haciendo referencia a un pueblo de Oregon que Stevens solía recorrer junto a Lowell, Carrie y su hermano, alrededor de los ocho años. Muchas canciones de este disco hacen referencia a estos viajes, por lo demás. Sufjan conduce el álbum tal como sus viajes de niñez, montado en retazos de historias que, si bien hacen referencia a la musa de este álbum que es su madre, también hay espacio para hablar de sí mismo, de su familia, el dolor, la depresión, la fe (uno de los tópicos más contantes en la obra de Stevens) y todo aquello que rodeó esos complicados momentos. Sutil y efectivo resulta el cambio de sonido de “Fourth Of July”, recurriendo casi exclusivamente a los sintetizadores para crear una bella pieza ambiental, en la cual resalta su delicada y casi quebradiza voz. Donde hay heridas abiertas y dolores punzantes, Stevens pone una melodía.

Cruda en su desnudez es “The Only Thing”, referenciando tendencias suicidas; desoladora y desnuda. La canción que le da el nombre al álbum nuevamente recorre en su lírica lugares que Sufjan solía ver en los mencionados viajes, y también trae de buena forma el recurso de transformar una melodía SUFJAN STEVENS 02arpegiada de guitarra en un viaje etéreo. En “John My Beloved”, tal como en “Fourth Of July”, ni la guitarra ni el banjo que pueblan este disco están presentes, se vale únicamente de los sintetizadores. “No Shade In The Shadow Of The Cross” y su dulce melodía tiene muy presente el trabajo de la grabación multipista, rememorando la forma de grabar sus propias voces, duplicando la pista, de músicos como John Lennon y Elliott Smith, al igual que en “Blue Bucket Of Gold”, la canción que cierra el álbum.

Sufjan Stevens parece haber tomado la saludable costumbre de poner un álbum de los suyos punteando las listas, justo a la mitad de cada una de las últimas dos décadas. Este es el caso de “Carrie & Lowell”, uno que, si no termina liderando las listas de este año, definitivamente estará en los mejores diez. Crudo e íntimo; tan cercano, que el auditor se puede sentir viajando junto a Stevens en aquel auto de infancia. Cuando un disco logra transportar al oyente, el trabajo está hecho.

Por Danny Arce

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