Soen – “Lykaia”

Martes, 21 de Marzo de 2017 | 12:18 am | No hay comentarios
Soen – “Lykaia”

Artista:

Soen

Álbum:

Lykaia

Año:

2017

Sello:

Spinefarm / UDR Music

Aún se recuerda con facilidad el día en que Soen irrumpió en el panorama mundial. Asombro, admiración y hasta desconcierto fueron parte de las reacciones que su debut, “Cognitive” (2012), provocó en todo aquel que se expuso a la ambición y pericia que constituyen el alma de ese trabajo. En ese entonces ayudó bastante en la difusión el hecho de que la alineación incluyera a integrantes de prestigio, como Steve Di Giorgio (Death, Testament, entre otros) y al baterista actual, Martín López, otrora artífice de una época dorada de Opeth. De manera lógica, en la vorágine de opiniones respecto a su música, se debatió acerca de una supuesta semejanza entre las composiciones de Soen y los suecos, además de la comparación con Tool, otro titán del progresivo moderno. Más allá de las discusiones, es evidente que, si se cotejó su sonido con artistas que gozan del beneplácito unánime de todo el mundo, se debe a que se vislumbra un potencial de una envergadura similar. Un cumplido, sin duda alguna.

Toda aprehensión y reparo frente al grupo se desvaneció por completo tras la publicación de “Tellurian” (2014), su segundo larga duración, obra que luce depuración en las composiciones y arreglos, evidenciando el buen momento creativo por el que pasa la agrupación, consecuencia del fiato alcanzado durante su existencia, lo que les permitió afilar su personalidad. Hoy, a un lustro desde su irrupción en el horizonte, son capaces de acaparar la atención de la melomanía y de generar altas expectativas, situación a la que respondieron con “Lykaia”, registro que muestra una simplificación del entramado en favor de canciones más sencillas y profundas. La idea es avanzar en el sentido de las emociones, obedeciendo a las vísceras, en desmedro del virtuosismo.

La obertura, “Sectarian”, posee la energía del metal y la dinámica del rock progresivo más directo, más empático tal vez, ese que se necesita para cautivar al oyente de inmediato y así comenzar un proceso de persuasión que, en este caso, se fortalece a medida que avanza el periplo, aunque ya en el comienzo se vislumbra el esplendor que ofrecerá la experiencia. Así, pocos pasos más tarde, llega “Orison”, una de las que mejor representa el espíritu del grupo, independiente de qué disco se analice: es densa, pesada, pero al mismo tiempo se equilibra con un sentido de la armonía donde abunda la melancolía y las delicadezas, devenir temperamental que configura un escenario en el que los músicos, personificando la intención detrás de las notas, conjuran un trance en el que cada uno es igual de gravitante, incluso Ekelöf y su vocalización sobresaliente.

“Lucidity” es una extensión que fluye con naturalidad y parsimonia en las cercanías de lo que hacen en el presente Anathema, Steven Wilson o, años antes, Pink Floyd, reforzando el carácter temperamental que es posible atribuirle a la propuesta. “Opal”, por su parte, se esconde tras una aparente fórmula sencilla que, sin embargo, es una estructura en la que desarrollan un corte de tintes épicos (tanto el pre-coro como el coro son memorables y pegadizos), con aires de clásico, perfecto para la promoción del álbum. Lo más convencional de “Lykaia” está compuesto por “Jinn” y “Sister” a pesar del remate hipnótico de la primera. Por lo tanto, en la sumatoria se ven levemente disminuidos ante la majestuosidad del resto del material, como la siguiente, “Stray”, donde converge una base rítmica prolija y una vocalización exquisita, recayendo el protagonismo sobre Ekelöf, quien en este tercer eslabón de la discografía de Soen sin duda ha realizado un trabajo sublime, brillando con luz propia y destrozando cualquier comparación hecha en el pasado.

“Lykaia” está lleno de virtudes, sobre todo creativas, pero hay una en especial que marca la diferencia y beneficia al producto final: todo fue grabado con equipamiento análogo, a la vieja usanza, de esta forma los detalles y sutilezas ejecutados por la banda quedan expuestos para el deleite de quien les identifique. En ese sentido apunta la clausura, en esta oportunidad compuesta por “Paragon”, porque posibilita el análisis y la apreciación de los matices a través de una pieza que a paso lento revela su esencia, sin parafernalia, mientras avanza y crece, llena de intensidad, hasta desvanecerse. Una trilogía, una era. Hoy Soen exhibe un sello particular que es sinónimo de vanguardia, de precisión, de inventiva y de seriedad. Esto ya no es un proyecto paralelo de colegas (quizá nunca lo fue), es una realidad y un exponente serio de la primera línea del metal contemporáneo.

Por Hans Oyarzún

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