Slayer – Repentless

Lunes, 14 de Septiembre de 2015 | 10:06 am | No hay comentarios
Slayer – Repentless

Artista:

Slayer

Álbum:

Repentless

Año:

2015

Sello:

Nuclear Blast

“El show debe continuar”, frase utilizada en constantes oportunidades, en especial cuando las cosas se ponen un poco difíciles. Esa oración tan cliché, fue fundamental para Slayer a la hora de construir el sucesor de “World Painted Blood” (2009), porque el camino para la banda se puso cuesta arriba durante el último tiempo. A la partida de su emblemático baterista Dave Lombardo en febrero de 2013, se sumó el fallecimiento de su guitarrista, Jeff Hanneman, sólo 3 meses después, haciendo que “Repentless” tardara un poco más en ver la luz. Pese a esto, Kerry King –para muchos el mentor principal de la banda- tomó las riendas hacia nuevas direcciones, cosa que queda evidenciada en el sonido de este, el 11° álbum del cuarteto. Con riffs demoledores y potentes solos de guitarra, Slayer entrega en “Repentless” el manifiesto concreto de que siguen más vigentes que nunca, aunque fue SLAYER 01todo un desafío para King y Araya, ya que debían mantener la fórmula de su sonido, sin contar con dos piezas fundamentales de este.

Desde los orígenes del Slayer más clásico, arremete “Delusions Of Saviour”, introducción que marca el prólogo perfecto para la agresividad desatada en “Repentless”, track que, además de dar nombre al disco, declara un mensaje conciso y sin rodeos: Slayer está de regreso, con más potencia que nunca. Notable es el trabajo de Paul Bostaph en las baquetas, en especial en esta canción; el baterista, que regresa a la banda luego de “God Hates Us All” (2001), se luce con agresivos redobles y una impecable velocidad, sin nada que envidiarle a Dave Lombardo.

King supo definitivamente cómo mantener el sonido característico de la banda, dándole un retoque a lo mostrado en álbumes anteriores. No por nada “Take Control” se confiesa como un track notoriamente de su autoría, con cambios de ritmo y apocalípticos solos de Gary Holt, quien a pesar de estar girando desde 2011 con la banda, hace su debut discográfico supliendo a Hanneman. “Vices” se refugia bajo el Slayer de los años 2000, muy en la línea de “World Painted Blood”; Bostaph vuelve a hacer de las suyas con una increíble interpretación en la batería durante los tres minutos y medio que dura la canción. La calma llega en “Cast The First Stone”, pero esto sólo en su introducción, porque luego se transforma en una descarga de riffs demoledores y esas líricas tan agresivas que Tom Araya dispara sin cesar. Ese mismo tono amenazante y furioso del frontman se ve reflejado en “When The Stillness Comes”, y es en este punto donde el álbum ya ha mostrado de todo, evidenciando aún más su contundencia en “Chasing Death”, donde los apocalípticos riffs de King y Holt se entremezclan con la implacable batería de Bostaph y la voz de Araya, haciendo que la banda suene como en sus mejores años, pese a tener a sólo dos componentes de esa época dorada.

SLAYER 02Y si de apocalipsis se trata, “Implode” lo desata desde su inicio. La versión 2015 de Slayer encuentra su cúspide en esta canción, la cual habla del fin del mundo, guerras mundiales y destrucción, es decir, thrash en su máxima expresión. Si bien en el álbum fueron utilizados algunos solos de Hanneman, estos no fueron ejecutados por el fallecido guitarrista. Aún así, uno de los descartes de “World Painted Blood”, titulado “Piano Wire”, fue incluido en memoria de Jeff, siendo la única composición de su autoría presente en el disco. El sonido que cierra el álbum pasa por distintas etapas, desde el Slayer clásico y ochentero en “Atrocity Vendor”, hasta uno moderno (sin perder ese sello característico) en “You Against You”, que despliega rapidez y agresividad en su ritmo y letra. Todo aquello desemboca en “Pride In Prejudice”, broche de oro que se desarrolla entre redobles, riffs, solos y los gritos de Araya, cerrando un álbum sin puntos bajos, manteniendo una tónica de entrega siempre en lo más alto.

A pesar del escepticismo de críticos y fans por igual, King supo cómo dirigir el destino de la banda, entregando uno de los trabajos más notables de su discografía, y que los hace regresar en gloria y majestad. Si bien Gary Holt no aportó en composición, deja la vara alta en cuanto a la interpretación de canciones que en vivo hará suyas. Lo mismo para Paul Bostaph que, aunque ya tiene más recorrido en el cuarteto (siendo este su quinto álbum con la banda), logra destacar sin que se extrañe a Dave Lombardo en las baquetas. El manifiesto de Slayer era demostrar que siguen tan agresivos como siempre, cosa que queda demostrada con creces durante 41 minutos y 57 segundos.

Por Manuel Cabrales

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