Sinéad O’Connor – I’m Not Bossy, I’m The Boss

Lunes, 15 de Septiembre de 2014 | 12:18 pm | No hay comentarios
Sinéad O’Connor – I’m Not Bossy, I’m The Boss

Artista:

Sinéad O’Connor

Álbum:

I’m Not Bossy, I’m The Boss

Año:

2014

Sello:

Nettwerk

Controversial, como siempre, Sinéad O’Connor lanza su décimo álbum de estudio haciendo referencia en su portada a la mediática discusión sostenida con Miley Cyrus el año pasado, en la que juzgaba innecesaria la sexualización excesiva de la ex chica Disney –a lo que esta respondía haciendo alusión a su trastorno bipolar-. El  disco, producido por su ex esposo, John Reynolds, que inicialmente iba a llamarse “The Vishnu Room”, cambió su nombre a “I’m Not Bossy, I’m The Boss” con el objetivo de apoyar la campaña de Ban Bossy lanzada a principios de año, la que busca incentivar a las niñas para que no desistan de ser ambiciosas ni tengan miedo de ser líderes, pues este no es un tema que concierne sólo a los varones.

SINNÉAD O'CONNOR 01Y he aquí la contradicción, ya que el contenido del disco dista mucho de esa independencia de la que hace gala con su nombre, pues en él encontramos letras que en su mayoría hacen referencia al amor sumiso, casi masoquista, desde una perspectiva femenina. Así se inicia, al menos, con “How About I Be Me” –haciendo referencia al disco anterior “How Abou I Be Me (And You Be You?) de 2012-, en el que O’Connor canta “Quiero ser una mujer completa de verdad. Una mujer como yo necesita un hombre para ser más fuerte que ella misma”. Se trata de una dulce melodía que habla sobre la idealización del amor, aunque sin hacer una crítica de ello. “Dense Water Deeper Down” continúa con la ejecución de melodías armónicas que resultan agradables de escuchar, y así mismo sigue con el romanticismo inicial, que habla sobre el amor de una mujer que se duerme pensando en su amante. Hasta este punto, sospechamos que se trata de un disco profundamente romántico, que musicalmente funciona bien, pero cuyas letras hacen un poco de ruido en cuanto a la autonomía femenina, pues se estima que para que esta exista debe haber una figura masculina de por medio.

Sin embargo, atravesando esta primera parte, es posible encontrarse con canciones muy variadas, que se mueven en distintos estilos, explorando el blues, el rock, y el funk. “Your Green Jacket” es uno de los temas destacables, que crea una atractiva atmósfera de entrada tanto con la guitarra como con la voz de O’Connor, que funciona como un instrumento más. Posee grandes momentos y frases llenas de nostalgia que quedan muy bien en relación al tinte melancólico de la canción: “Y aun cuando sé que no soy la indicada para ti, ¿es correcto decir que de verdad te adoro? Y que daría cualquier cosa por ser quien te besa”.

“The Voice Of My Doctor”, por su parte, incorpora ritmos blueseros que la convierten en una canción entretenida. Se aprecia el talento de O’Connor en los fraseos llegando a notas más complicadas y que le otorgan intensidad al tema. La letra es, en este caso, un punto a favor, ya que permite acceder al lado más personal de las composiciones, algo que claramente se agradece, pues queda a la vista la motivación puesta en el proyecto, así como la importancia de este para su creadora. Ejemplo de esto es “The Vishnu Room”, en donde la irlandesa confiesa que le canta a Vishnu “sólo para decir gracias”.

SINNÉAD O'CONNOR 02Luego nos encontramos con variaciones que pasan del blues bien rockero y sensual de temas como “How Nice A Woman Can Be” (bonnus track) a otros de corte más funk, como es el caso de “James Brown”. En otros es posible hallar fragmentos de rock casi progresivo, como en “Harbour”, cuyos riffs hacia el final del tema se convierten en un poderoso lenguaje que, lamentablemente, acaba muy pronto. La balada también se hace presente en canciones como “8 Good Reasons”, en donde se puede apreciar la honestidad de O’Connor expresándose desde lo más profundo, llegando a conmover con la pasión de alguien que confiesa “sabes que no me gusta mucho la vida. No me importa admitir que no es correcto. Sabes que me encanta hacer música, pero mi cabeza ha sido destruida por el negocio”. Un detalle que perjudica al disco es el uso excesivo de fades-out al terminar las canciones, y el hecho de que estas son demasiado cortas (todas duran aproximadamente tres minutos). En muchas ocasiones quedamos con ganas de seguir escuchando (como en “Harbour” o “James Brown”), y en otras hacen falta terminaciones más sintéticas, que le den cohesión a los tracks.

A pesar de las limitaciones que ofrecen algunas letras, y que a algunas pueden parecer banales, se trata de un disco desenvuelto que muestra mucho de O’Connor como artista, lo que resulta admirable. Sólo queda pensar que Sinéad es mucho más de lo que ella piensa que es, o al menos de lo que proyecta en la dependencia de sus composiciones, y quedamos a la espera de que su próximo disco tome esto en cuenta.

Por Camila Fuentes

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