Richard Hawley – Standing At The Sky’s Edge

Martes, 29 de Mayo de 2012 | 2:24 pm | No hay comentarios
Richard Hawley – Standing At The Sky’s Edge

Artista:

Richard Hawley

Álbum:

Standing At The Sky’s Edge

Año:

2012

Sello:

EMI

Uno de los tesoros musicales del archipiélago británico menos conocidos, es una estrella de pop. Claro, Richard Hawley se hizo conocido con propuestas tan románticas como sentidas, siendo reconocido como uno de los mejores en esa extraña especie que son los “crooners de Sheffield”.

Para muchos, fue recién reconocido por el lado B que grabó con Arctic Monkeys, “You & I”, pero quienes siguen la escena británica, notarán que Hawley no es un aparecido –lleva 3 décadas en esto- y que lleva un buen rato, con proyectos como Longpigs o incluso colaborando con Pulp, con quienes hace poco tocó en Reading.

Pero es su carrera solista la que ha presentado más variaciones. Si “Lady’s Bridge” (“Mute”, 2007) era un registro rockabilly más romántico o “Truelover’s Gutter”, del mismo álbum, fue un tierno y tímido homenaje al desamor más doloroso, “Standing At The  Sky’s Edge”, el séptimo álbum de estudio del orgullo de Sheffield, cambia nuevamente el escenario y presenta a Hawley más reflexivo y potente que nunca.

Y aunque el título del álbum llame a creer que la música será grandilocuente y que Hawley dejaría de ser terrenal para mostrarse como un Dios de la guitarra, nada más alejado de eso: “Standing At The Sky’s Edge” es un registro crudo, con los pies bien puestos en la tierra, que no aspira a más que revisitar el rock psicodélico de finales de los 60, como simboliza la portada del disco. De hecho, el nombre del registro no significa “Parado en el filo del cielo” sino que “Parado en Sky’s Edge”, un sitio en Sheffield bastante poco etéreo.

No deja de ser curiosa la apuesta por las canciones robustas y ruidosas, con bastantes arreglos de guitarra y con solos de maravilla, aunque el inicio lleve a engaños incluyendo citaras y cuerdas, pero “She Brings The Sunlight” es oscura y densa, siendo la antítesis de su título.

Quizás el momento más anexado con el romanticismo de Hawley sea “Seek It”, que recuerda al pop sesentero más tierno, pero con esa nébula que acompaña al resto del LP. El track que le da el nombre al disco tiene una vibra folk y una vocación narrativa que se mezcla con un sonido lleno de capas que se descubren tras varias oídas, como el resto del registro, condensando bien el espíritu de un álbum que no es sencillo de escuchar, pero que cuando alguien se sumerge en él, lo hace a fondo.

Es que Hawley no sólo suena bien, sino que también denota ganas genuinas de sonar así, tal como el beat de “Down In The Woods” y su garage rock intenso, denotan metáforas hiperbólicas pero creíbles, como pocos lo pueden hacer, o en “Don’t Stare At The Sun” donde las lamentaciones se transforman en melodías que pasan desde la ternura al guitarreo más muscular, con un solo hermoso y una letra que apela a la afectación del desamparo. Nada nuevo para Mister Hawley, en todo caso.

Pero donde la maestría de este tándem de canciones se manifiesta en su máxima expresión, es en la gigantesca mezcla de “The Wood Collier’s Grave” y “Leave Your Body Behind You”, que en la práctica son un misma canción. Aquí se pasa del tema recurrente del crooner, el amor perdido, pisoteado, despechado, pero sin clichés, hacia la autoafirmación de que es mejor seguir adelante, aunque sea sólo en espíritu. Como se ve, clásico de Richard Hawley.

Entonces, ¿por qué tanta habladuría de que hay una reinvención de su estilo? Debe ser porque es así. Los amplificadores, el uso de los recursos del sonido y el desarrollo de las composiciones apelan a otros estilos, aunque en el fondo siga siendo el mismo.

No es una reinvención, sino que sólo se trata de las inquietudes de un crooner que sabe que las canciones deben ir donde las canciones puedan llegar, y que si por eso debe pasar por encima de su propia firma, lo harán. Y es ahí cuando se agradece que para muchos no sea conocido, porque sí que vale la pena que muchos lo conozcan por este notable “Standing On The Sky’s Edge”.

Por Manuel Toledo-Campos

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