Opeth – “Sorceress”

Miércoles, 12 de octubre de 2016 | 10:45 am | No hay comentarios
Opeth – “Sorceress”

Artista:

Opeth

Álbum:

Sorceress

Año:

2016

Sello:

Nuclear Blast

Entrando en esta década, la sonoridad de Opeth tomó un notorio cambio de rumbo. La bestialidad del death metal progresivo se fue desvaneciendo hasta mutar en un metal progresivo más melódico, abandonando los característicos cantos guturales de su vocalista y fundador Mikael Åkerfeldt. “Sorceress” viene a consolidar esta última etapa de la agrupación nacida en Estocolmo, Suecia, quienes son un emblema del metal y el progresivo contemporáneo.

opeth-01El disco comienza con la serenidad de “Persephone”, pieza instrumental de guitarra acústica que nos remonta al medioevo renacentista. Todo cambia de forma abrupta con “Sorceress”, tema cuya responsabilidad fue la de ser primer adelanto del LP. Con su introducción de teclado –reflejo del hard rock setentero– en manos de Joakim Svalberg, la rítmica cuasi marcial de los versos y los juegos de armonías, hacen que el hipnotismo se haga presente de principio a fin. La atmósfera envolvente continúa con “The Wild Flowers”, que si bien posee una evidente línea metal, es claro ejemplo del enfoque progresivo del actual Opeth. Este tema, por momentos con cierto aire arábico, es uno de los puntos altos del LP, sobre todo por el solo de guitarra de Fredrik Åkesson.

“Will O The Wisp” es un tema acústico donde el sonido de las flautas y el solo de guitarra, con una imperceptible pero precisa distorsión al cierre, dan una buena cuota serenidad, la que rompe “Chrysalis”, canción que, pese a la ausencia de guturales, nos recuerda toda la potencia y oscuridad del Opeth de “Blackwater Park” (2001) o de “Ghost Reveries” (2005). Un ritmo acelerado y una especie de dialogo entre los solos de guitarra y teclado, hacen de este corte una figura digna de devoción para los seguidores más antiguos de la banda, pese al progresivo decline de revoluciones en su cierre. A medio andar llegan “Sorceress 2” y “The Seventh Sojourn”. El primero, un tema folk en donde Åkerfeldt expone toda su calidez vocal; el segundo, un semi-instrumental impregnado de tintes arábicos con un interesante juego de percusiones, que cambia a un canto celestial amenizado a piano, expresión del sincretismo cultural de la Europa medieval del Mediterráneo muy presente a lo largo de todo el disco.

opeth-02El punto más alto llega en “Strange Brew”, con la expresión máxima de lo que Opeth significa: un ritual entre melodías profundas y tétricas, un juego entre la calma y la barbarie. Los cambios abruptos de intensidad –elemento característico de los suecos– se empoderan de este, el track más largo del disco. Tras esta potente demostración de técnica, nos encontramos con “A Fleeting Glance”, un tema marcado por los teclados y de una estética calmada con aires renacentistas en su inicio, y “Era”, una pieza que se aleja del metal para aproximarse a una sonoridad más rockera. Así, el disco finaliza con una reincursión melódica a “Persephone” con “Persephone (Slight Return)”, esta vez con piano en lugar de guitarras acústicas.

Si hay algo que nos ha enseñado Mikael Åkerfeldt y compañía es que el paraíso y el infierno pueden convivir en perfecta armonía. Sin embargo, esta vez nos posiciona con la balanza inclinada drásticamente hacia el ala celestial. Probablemente, no podemos comparar la clásica estética demoniaca con la del actual disco porque se encuentran en planos diferentes, pero si es que hay algo claro con “Sorceress” –que en palabras de la banda es el mejor disco que han hecho– es la evolución sonora, que los hace trascender del mundo del metal inspirados en la hechicera Perséfone (reina del infierno en la mitología griega), entregándonos una armónica muerte para mantenernos hipnotizados mientras ardemos en las llamas del averno, sin darnos cuenta, hasta que vuelvan en gloria y brutalidad.

Por Emilio Toledo

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