Mogwai – “Atomic”

Miércoles, 14 de Septiembre de 2016 | 10:27 am | No hay comentarios
Mogwai – “Atomic”

Artista:

Mogwai

Álbum:

Atomic

Año:

2016

Sello:

Rock Action

Siempre resulta difícil poner en palabras a Mogwai, no sólo porque la mayor parte de su discografía no tenga letras o por su constante experimentación musical, sino porque parecen adentrarse en una parte de nosotros que no se puede expresar, en lo inefable. Un ejemplo de ello es este álbum de corte instrumental, “Atomic”, originalmente diseñado como banda sonora del documental “Atomic: Living In Dread And Promise” (2015), que documenta los acontecimientos tras la bomba nuclear en Hiroshima. Fuera del contexto del filme, Mogwai crea una trama elaborada en su álbum, que nos lleva de la mano por una historia sin palabras, con una predominancia de teclados, sintetizadores y arreglos de corte espacial.

mogwai-01El álbum comienza con “Ether” que, fiel a su nombre, mezcla lo etéreo con fórmulas electrónicas y un sonido hímnico y luminoso, que ya nos es cercano viniendo de los escoceses. Lo celestial se quiebra en “SCRAM”, que se adentra en un sonido electrónico duro, donde el space rock se mezcla con una dureza rítmica que casi roza el rock industrial. “Bitterness Centrifuge” mantiene el mismo temple: un bajo profundo, sintetizadores intensos y la guitarra de Stuart Braithwaite sin pretensiones, sonando como una capa más sobre la cohesiva atmósfera de la banda. “U-235” es robótica, con un ritmo continuo, llevándonos en un lento viaje de casi cinco minutos que se detiene de golpe en “Pripyat”, donde una materia oscura envuelve la atmósfera. Acá nos encontramos con un Mogwai que intenta transmitir la sensación de inquietud, la tensión de que no sabemos qué vendrá después. Los sintetizadores se van tornando cada vez más electrónicos con texturas que sobrecogen, y detrás el bajo, simple pero impecable, con un ritmo lento y continuo que marca las notas como mostrando la escena de una devastación.

La trama del álbum se detiene en la canción “Weak Force”, con una intensidad débil, casi como un suspiro, para dar paso a una melodía espacial donde de nuevo el disco se vuelve un viaje. La melodía krautrock nos recuerda a Tangerine Dream, donde lo cósmico se tiñe con tintes épicos, los teclados son los protagonistas acompañados por arpegios sutiles, y los bajos y bombos aparecen intermitentemente para dar dramatismo a este relato que se extingue con la misma delicadeza con la que empieza. Esto nos lleva a “Little Boy”, expresando una luminosidad melancólica. La intensidad del Mogwai de antaño ya no está en los decibeles altos, sino que va desde lo hipnótico hasta un éxtasis elegante que no desperdicia energías y que se extingue sólo para volver a la tranquilidad, la misma que acompaña a “Are You A Dancer?”, con un violín que emerge para mecer lenta y plácidamente, y la guitarra que parece casi imperceptible, haciéndose notar en un dueto melódico que nos deja el final de un violín que se apaga con las últimas notas veloces, como quemándose más rápido, expirando su último aliento.

mogwai-02Esta delicadeza se interrumpe de súbito con un sintetizador monocorde en “Tzar”, que avanza hasta convertirse en acordes acompañados por una base que termina explotando de manera estridente: estamos ante el Mogwai de “Rock Action” (2001). Las armonías estallan y son acompañadas de sintetizadores puestos estratégicamente, dando paso a la última canción: “Fat Man”, con un bombo profundísimo, casi aterrador. El piano suena como un lamento y una sensación de extrañeza e incertidumbre profunda llena la atmósfera. El relato de Mogwai nos devasta. Se abren paso sintetizadores, bajo, guitarra y todo fluye en notas que hablan, se responden, juegan y revolotean en torno al bombo que, como un tanque, sigue su marcha lenta pero implacable, sólo para dejar el espacio al silencio con una nota aguda e intermitente del piano que cierra el álbum.

“Atomic” es un relato que funciona de manera independiente al filme del que es banda sonora. El conjunto del disco opera de manera “A-tomica” (de su etimología del griego), sin cortes, sin división, como un todo, que a la vez tiene la capacidad de “dejar de una pieza”. El álbum, de manera inteligente, nos lleva desde la calma hasta la desesperación, de la calidez a la frialdad, con el sonido de un Mogwai espacial que no se cansa de experimentar, pero que muestra un cariz calmo, elegante y con una intensidad profundamente emotiva, pero que no llega a ser desbordante.

Por Diego Márquez

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