Minor Victories – “Minor Victories”

Martes, 21 de junio de 2016 | 11:35 am | No hay comentarios
Minor Victories – “Minor Victories”

Artista:

Minor Victories

Álbum:

Minor Victories

Año:

2016

Sello:

Fat Possum

¿Qué resultaría del diálogo entre el shoegaze con tintes de dream-pop, el post-rock y el indie? Pues, el esperado debut de Minor Victories por fin está aquí para responder a esta interrogante. Una unión inesperada que pareció caída del cielo: algo así fue el recibimiento de la noticia que anunciaba la “superbanda” que reuniría a Rachel Goswell –voz de Slowdive–, Stuart Braithwaite y Justin Lockey –guitarras en Mogwai y Editors, respectivamente– y el hermano de este último, James Lockey, quienes se encargaron en conjunto del bajo y la batería, además de producir los videos promocionales de la banda al alero de Hand Held Cine Club.

MINOR VICTORIES 01El resultado: una maravilla de principio a fin. La conjugación de todas las influencias mencionadas está lograda con tal pulcritud, que nadie sospecharía que cada quien grabó su parte a modo de colaboración a larga distancia, para mezclarlo todo más tarde. Y es que en Minor Victories pareciera no existir las luchas de egos ni personalidades opacadas: cada miembro realiza su aporte en el momento justo y en la dosis adecuada, como si se tratara de un grupo de amigos largamente acostumbrados a la presencia y al sonido del resto de sus compañeros. Y justamente es la variación en el protagonismo de cada estilo aquello que funciona como motor de dinamismo dentro del disco, armando de  singularidad a cada pista siempre dentro de una atmósfera etérea pero intensa, que se mantiene constante a lo largo de sus 50 minutos de duración.

Las primeras tres pistas del disco, si bien son una introducción oscura que contrasta con el aura más cálida que prevalecerá a continuación, igualmente cumplen con presentar el sonido de este proyecto; la magnética dulzura de la voz de Goswell se ve contrapesada con guitarras más agresivas que se acercan reiteradamente a los pasajes más ambientales del noise, manteniendo un equilibrio constante entre lo onírico y lo terrenal. El drama se desvanece al llegar a “Scattered Ashes (Song For Richard)”, una melodía pop con tintes épicos que pone a prueba los límites más altos del registro de la vocalista, quien logra dar la talla sin nunca llegar a sonar estruendosa. Por su parte, “Folk Arp”, quizás la canción más íntima y dulce en este disco, logra resaltar por su carácter progresivo: un comienzo de sutil intensidad va tomando peso de a poco y en gran parte gracias a la guitarra de Braithwaite, quien hace gala del sonido que arrastra desde Mogwai. Los violines y la irresistible suavidad de la voz de Goswell producen el equilibrio perfecto para conmover hasta la última fibra de sus oyentes.

MINOR VICTORIES 02Resalta la cotidiana intimidad plasmada en “For You Always”, declaración de dos amigos que han debido aprender a desear y dejar ir, acaso la historia personal de la amistad entre Goswell y el invitado Mark Kozelek, más conocido por su actual proyecto bajo el nombre de Sun Kil Moon. Es en este punto del disco donde la versatilidad del estilo vocal de la británica logra su mayor punto de inflexión: desde la prosa musicalizada hasta la saturación de reverberancia que difumina las palabras al punto de lo inentendible, tan característico del shoegaze y que acá se plasma inmediatamente a continuación en “Out To Sea”, instrumentalmente la pieza más cercana al post-rock dentro de este larga duración. Ya en la previa a los minutos finales, los teclados y metalófonos en función del tic-tac de un reloj marcan “The Thief”, otra que ha figurado dentro de las favoritas de los fans. Su mística melodía termina jugando con los quiebres, un primero calmo y ambiental, previa para el segundo quiebre y final, donde estallan las guitarras distorsionadas propias de la catarsis noise que a continuación terminan por sellar el final del trabajo, marcado por las estruendosas guitarras de “Higher Hopes”.

Costaba imaginarse lo que sería el sonido de Minor Victories, pero una vez revisado tiene todo el sentido del mundo. Y es que si hay algo que tienen en común las bandas de origen de cada integrante son las emociones que han explorado cada una desde el lenguaje propio del estilo en que han sido encasilladas, elementos que logran convivir en armonía y potenciarse en un sonido que, si bien hace ciertos guiños a la nostalgia, se presenta como algo nuevo y original que sólo podría haber surgido del correcto trabajo en equipo que hace caso de la singularidad de cada una de sus mentes creativas.

Por Evelyn Munzenmayer

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