Matorral – Gabriel

Lunes, 7 de Diciembre de 2015 | 12:00 pm | No hay comentarios
Matorral – Gabriel

Artista:

Matorral

Álbum:

Gabriel

Año:

2015

Sello:

Cápsula Discos

Pocas bandas en Chile cuentan una historia tan particular como la que tiene Matorral, a quienes se les ha situado como una de las piedras angulares de la música nacional pese a que no son récords de ventas, sus canciones rara vez suenan en las radios, e incluso su nombre es aún desconocido para muchos. Nominados a un Altazor por su brillante “Resonancia En La Zona Central” (2007), asistieron a la ceremonia en micro. Y es que así es el camino de la autogestión: retorcido, intrincado, pedregoso, pero con la maravillosa bondad de permitir a sus adherentes la libertad plena de la realización sin condiciones ni limitantes, algo de lo que Matorral ha sacado fecundo provecho.

MATORRAL 01Es con esta libertad que dejan atrás la fusión entre rock, psicodelia y sonidos folk de raíz inconfundiblemente chilena que cimentaron sus inicios, para dar lugar a un sonido mucho más experimental. Es imprescindible retroceder a “Remoto Control” (2013), disco lanzado tras seis años de silencio, para comprender la transición que atravesó la banda y que da origen a una reinvención de su sonido, donde la preponderancia de las guitarras y el volumen pasan a segundo plano abriéndose a un tono aún más íntimo, casi susurrante, en el que los protagonistas son los teclados, sintetizador y trompetas, cálidos acompañantes para la voz de Felipe Cadenasso. Otro hito del nuevo sonido de Matorral es la entrada de Ítalo Arauz a la batería, la cual, sin duda, ha logrado destacarse, puesto que adquiere personalidad propia en “Gabriel”.

Con un video filmado en plena Cordillera de Los Andes –trabajo audiovisual que incluso contó con elogios de Phil King, bajista en The Jesus And Mary Chain–, se abre paso “Boleta De Cambio”, una canción pausada, particularmente rica en texturas; una buena carta de presentación de lo que será esta entrega. Destaca el ritmo de la batería, una que entre apuros y pausas logra dar sonoridad al llamado que se hace a la intensidad sin necesitar de invocación al ruido. En “Abril”, una tímida guitarra acústica busca retornar al protagonismo que alguna vez tuvo en el sonido de Matorral, pero su entrada es sutil, respetuosa con los otros instrumentos, ingrediente que permite mantener todo en el equilibrio y armonía que son sello de este trabajo. Le continúa “Cierto”, lisérgica tonada a base de sintetizador, donde todos los elementos se ponen de acuerdo para generar una pista cíclica, circular, que otorga sentido y profundidad a la idea del continuo retorno con la intención de ver lo que hay detrás de uno, tal como lo señalan las tres sencillas frases que componen la lírica completa de este tema.

MATORRAL 02La intimidad llega a su clímax en “Blanco”, corte donde el protagonismo se lo lleva el dueto entre el piano y la susurrante voz de Cadenasso, para posteriormente retornar a la sonoridad en “Caen”, quizá la pista sobre la que mejor se adhieren todos los instrumentos, que abren paso a un suculento festín de sonidos y texturas. Por su parte, “Superándolo” destaca por la predominancia de un piano estructuradamente caótico, como si intentara transformar en sonido el impetuoso deseo de poner orden en aquello que internamente se dispersa; una batalla entre la resignación y la vorágine, estupendamente traducida hacia el lenguaje musical. En “Secuencia”, antesala al cierre del disco, se sostiene un rico juego melódico cargado a la nostalgia. Finalmente llega “Transmisión”, combinación exacta entre sutileza e intensidad; una síntesis precisa de todo lo expuesto en la breve pero concisa duración del álbum.

Sin lugar a dudas, Matorral se arriesga con una propuesta en la que sigue explotando nuevas gamas de su paleta sonora, con la finalidad de reinventarse y seguir consolidando esta nueva etapa de su carrera, donde si bien muchas cosas distan de sus primeros tres trabajos, existen sutilezas que se mantienen constantes, probablemente gracias a la honestidad con que se han desarrollado siempre, algo posible sólo en el cómodo ambiente de libertad que la banda ha sabido construirse a pesar de su accidentado camino. Por su indudable originalidad, caracterizada por un sonido rico en texturas y variaciones, pero de estructura sólida, estable y uniforme, “Gabriel” se constituye como un disco excepcional dentro de lo que tiene para ofrecer la escena nacional. Un trabajo breve y conciso, de cierre algo abrupto, donde el silencio que sucede al final exige ser llenado por más de lo mismo, siendo algo inevitablemente tentador volver a dar play desde la primera pista.

Por Evelyn Munzenmayer

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