Manowar – The Lord Of Steel

Lunes, 6 de Agosto de 2012 | 5:19 pm | No hay comentarios
Manowar – The Lord Of Steel

Artista:

Manowar

Álbum:

The Lord Of Steel

Año:

2012

Sello:

Magic Circle Music

Es verdad, el legado de Manowar en la historia del heavy metal es inmenso, y no se puede negar que, en su momento, los norteamericanos eran dueños de un estandarte que, en la actualidad, se ha desinflado por culpa de la misma banda. El metal despierta pasiones y su eterno espíritu adolescente ha hecho grandes a monstruos del género, tales como Iron Maiden o Judas Priest, quienes han sobrevivido hasta nuestros días con mejores o peores resultados, pero vigentes al fin y al cabo. Manowar por su parte, se ha tomado las cosas con calma y a más de cinco años de su último álbum con temas inéditos –“Battle Hymns MMXI” (2010) es un remake del clásico “Battle Hymns” (1982)-, lanza el rimbombante “The Lord Of Steel”, que lamentablemente es la decepcionante sombra de sus años de gloria.

Pero el disco no comienza como una decepción, todo lo contrario. “The Lord Of Steel” es el primer track del disco, y teniendo en cuenta que en su anterior placa, “Gods Of War” (2007), a Manowar le sobraba épica y grandilocuencia, pero le faltaba metal, esta canción enmienda los errores y nos devuelve a los fieros guerreros del martillo, cuya vigorosidad se desinfla a lo largo del LP. Aunque “The Lord Of Steel” funciona como una entretenida canción metalera, no se puede pasar por alto su falta de inspiración, y por sobre todo, la mezcla de sonido, que opaca a todas las composiciones del disco. ¿Cuál habrá sido la idea del grupo y de Joey DeMaio (bajo y productor) a la hora de realizar la mezcla y elegir el sonido de los instrumentos? Lo primero que salta a la vista, por su incómodo sonido, es el bajo de DeMaio que, sin exagerar, parece ser la reproducción de un sintetizador midi, en ves del instrumento de cuatro cuerdas.  El resto de la mezcla suena dilatada, como si no existiera una unión entre los instrumentos. Eric Adams, por su parte, realiza una de sus performances más mediocres, limitándose sólo a cantar, olvidándose de la garra y el sentimiento.

Esta sensación de “trámite” se propaga al resto del disco, y en el tema que sigue, “Manowarriors”, muestra al Manowar que, poco a poco, se transforma en una parodia de sí mismo, en una de las composiciones más irrisorias de su discografía. Aun así, el coro salva y en medio de un concierto puede que “Manowarriors” encuentre un mejor asidero que en su versión de estudio. Las cosas mejoran con “Born In A Grave”, pero el bajo de DeMaio y una sobre duración del corte, terminan por agotar la canción. La power ballad de rigor llega con “Righteous Glory”, donde las letras de orgullo guerrero son acompañadas por los coros y orquestaciones, en un tema que sobresale entre el desgano del resto del álbum.

“Touch The Sky” es entretenida y se deja escuchar, para caer en el letargo de “Black List”, que tiene intenciones de repetir lo que hicieron clásicos como “Warriors Of The World United” o “Gloves Of Metal”, pero por una extraña razón, la banda se dedica a extenderlo porque sí, y queda como resultado el tema más aburrido del disco, por lejos. Sin pena ni gloria, pasa “Expendable”, para llegar al que muchos han querido señalar como el mejor tema del disco –no es que hubiera mucha competencia tampoco-, “El Gringo” tiene épica autentica y con toda la parafernalia que ha caracterizado a Manowar, funcionando –por fin- en plenitud.

El entusiasmo no dura mucho, ya que con la llegada de “Annihilation”, volvemos a la tónica mediocre de “The Lord Of Steel”. El último tema es “Hail, Kill And Die”, que alude en su letra a una serie de otras canciones de la agrupación, además del claro guiño al clásico “Hail And Kill”, sin hacer justicia a ninguna de las citas.

En sus casi cincuenta minutos de duración, “The Lord Of Steel” nos da a entender que las pretensiones de Manowar con este disco no son más que dejar en claro que siguen ahí, haciendo música, sin pasión y sin sentimiento, pero están ahí. Quizás piensan que ya lo han dicho todo y que su carrera no puede llegar más lejos, durmiéndose en los laureles para seguir siendo la banda de culto que siempre han sido. Sus seguidores seguirán realizando la señal del martillo, pero en sus ídolos ya no existe ni la vigorosidad ni gallardía que ese símbolo representa. Ahora sólo queda el cansancio y la gloria de los días pasados.

Por Sebastián Zumelzu

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