King Gizzard & The Lizard Wizard – “Flying Microtonal Banana”

Martes, 30 de Mayo de 2017 | 1:58 am | No hay comentarios
King Gizzard & The Lizard Wizard – “Flying Microtonal Banana”

Artista:

King Gizzard & The Lizard Wizard

Álbum:

Flying Microtonal Banana

Año:

2017

Sello:

Flightless / ATO / Heavenly

Durante la última década, el rock psicodélico ha vivido una especie de boom mediático, teniendo como principal cuna las tierras australianas. Al relacionar género y país, quizás lo primero que se viene a la cabeza es la sonoridad de Tame Impala o Pond, quienes, adentrándose en los mares del pop, son referentes en miles de radios. Pero no todo está perdido ante la plastificación sónica en la tierra de los canguros, porque el sonido experimental y lisérgico más under ha sabido sobrevivir gracias al trabajo de King Gizzard & The Lizard Wizard, quienes tras el aclamado “Nonagon Infinity” (2016) vuelven con una propuesta mucho más vanguardista, desafiando los límites sonoros de occidente mediante la elaboración de melodías microtonales en “Flying Microtonal Banana”, su noveno disco en tan solo siete años de vida.

Las primeras alucinaciones son generadas gracias a la propuesta minimalista invocada en “Rattlesnake”, creando una atmósfera envolvente que turba todos los sentidos cual tormenta de arena, dejándonos a merced del elixir sónico de los reptiles oriundos de Melbourne. Es interesante que el siguiente tema, si bien posee clara continuidad, es a su vez un cambio drástico, pues “Melting” incorpora elementos más latinos a la sonoridad del ensamble alucinógeno de KG&TLW. Los diálogos entre sintetizadores y guitarras pareciesen teletransportar a playas carnavalescas, dejándonos confiados de que todo seguirá igual de calmado. Pero no es lo que ocurre, porque dos baterías agresivas al unísono –elemento característico de la banda– son la base de “Open Water”, y es acá donde la galante aparición de la zurna (instrumento de viento proveniente de medio oriente) sumado a la perfecta armonía generada entre las tres guitarras eléctricas, hacen de este el mejor momento del viaje.

El momento de máxima experimentación llega con “Sleep Drifter” y “Billabong Valley”.  Es en ambos tracks –especialmente en el segundo– donde mayor provecho técnico se logra en la utilización de instrumentos modificados para lograr las místicas escalas microtonales, propias de la música oriental. Además, hay que destacar que el segundo es el único tema en donde Ambrose Kenny-Smith (tecladista) remplaza en voces a Stu Mackenzie, líder y dueño de la guitarra, a quien llaman “banana voladora”. Reduciendo en cierta medida los niveles de exploración sensorial, pero aumentando los de misticismo, “Anoxia” nos lleva a un estado de equilibrio psicotrópico con un rock acido que nos remonta a los 60.

Ya en el último tercio del tour, amagues entre doom metal y fuzz rock se fusionan en nombre de la psicodelia para dar vida a “Doom City”, que entre tartamudeos intencionados y fraseos quebradizos nos desorienta al sumergirnos en terrenos más oscuros, para nuestra buena suerte. Siguiendo esta estética, gritos de mutantes abren y cierran el trance apocalíptico de “Nuclear Fusion”. Los contrapuntos de las baterías irradian la rítmica de penetrantes y alucinógenas melodías, mientras los teclados pareciesen dar las alarmas de la catástrofe radioactiva que se avecina. Lamentablemente, las apocalípticas señales no hacen más que presagiar el final del ritual, dando paso a “Flying Microtonal Banana”, corte instrumental que retoma los aires experimentales y que demuestra la compenetración melódica existente entre los siete miembros de la banda, dejando claro que son lo más cercano que existe a una big band del ácido lisérgico.

Utilizar la microtonalidad en el mundo de occidente siempre es un desafío y King Gizzard & The Lizard Wizard lo logra superar con creces. Siguiendo la senda de otro rey (el carmesí), la realeza australiana hace malabares sin complicarse entre sonidos convencionales y vanguardistas, entregando un acto de magnificencia sensorial. Considerando la calidad del presente material y que este es recién el primero de 5 lanzamientos prometidos por el conjunto para este año, es fácil ilusionarse y generar expectativas frente a los meses venideros, aunque cualquier especulación es débil frente a la versatilidad y genialidad de estos siete hechiceros. Pero si es que se pude asegurar algo, es que confirmaran, sin mayor cuestionamiento, por qué son dueños del trono de la experimentación y psicodelia contemporánea.

Por Emilio Toledo

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