John Zorn – “The Garden Of Earthly Delights”

Miércoles, 28 de Junio de 2017 | 1:06 am | No hay comentarios
John Zorn – “The Garden Of Earthly Delights”

Artista:

John Zorn

Álbum:

The Garden Of Earthly Delights

Año:

2017

Sello:

Tzadik

Quienes tienen la osadía de acometer con oído crítico la activa biografía musical de John Zorn, entran en un territorio de reglas extrañas, donde innumerables y desconocidas posibilidades se entremezclan para crear un universo sonoro tan inmenso como confuso. Inclasificable, por decir lo menos, Zorn es sin lugar a dudas un artista conocedor de la potencia de la fusión musical basada siempre en conceptos amplios y dialogantes. Es por ello que no resulta extraño verificar la abundancia de puentes que con su saxofón ha establecido hacia el mundo musical. Jazzista de formación, el norteamericano ha conectado los sonidos y las emociones en complejos y simbólicos trabajos de estudio desde hace más de 35 años.

“The Garden Of Earthly Delights” (El Jardín de las Delicias) es un disco inspirado en la obra de uno de los máximos representantes de la pintura flamenca del siglo XVI, conocido como El Bosco. Dicho trabajo es un óleo de un gran contenido simbólico, que detalla a través de figuras extrañas, cómicas y satíricas para la época, la transitoriedad de la vida humana representada en el Edén, el Jardín de las Delicias y El Infierno. De este modo, Zorn nos presenta un disco complejo y dramático, repleto de imaginería histórica, donde la trama sonora y las composiciones construyen elaborados esquemas musicales con ejecuciones atrevidas e impecables.

La placa se inaugura con “Angels And Devils”, una composición repleta de formas musicales provenientes del jazz fusión, donde lo caótico toma vuelo en medio de guitarras distorsionadas, asonadas de batería que bien juegan con la tensión instrumental que aporta un teclado perfectamente ejecutado. Elementos polares y antagónicos toman fuerza y dan paso a “The Infernal Machine”, tema que comienza apaciguado y calmo, despuntando a medio camino hasta provocar un crescendo sonoro donde el bajo toma protagonismo al llenar el espacio musical, mezclándose con una guitarra muy próxima al metal. “The Dragon Tree” se muestra misteriosa y enigmática; el tenso diálogo producido entre los instrumentos activa el corazón, pues es una pieza llena de aceleraciones. “Paean To The Prince Of Hell” señala un respiro y un descanso, es el tema que marca la transición desde el ensueño del Edén hacia el Jardín de las Delicias, es decir, hacia aquel espacio donde el humano ha sucumbido en el pecado y se dirige hacia la perdición de su existencia. “Music Of The Flesh” presenta una floydiana introducción de más de tres minutos, avanzando y y elevándose a un clímax que bien recuerda los mejores solos de batería de John Bonham en Led Zeppelin o de Ginger Baker en Cream. Su epílogo y tercera parte está dado por la serenidad y la tranquilidad instrumental.

“Eve And Adam” se encuentra perfectamente musicalizada, en la medida que los sonidos expresan la contradictoria naturaleza humana, o sea, entre el milagro de la existencia y la radicalidad de sus culpas. Una pieza reflexiva, donde la guitarra y el teclado hablan por sí solos. “Mirror Image”, por su parte, es energía pura con slides de guitarras estremecedores y rotundos, con una batería enérgicamente azotada para dar vida a una composición llena de ritmos y de sentido musical. A ratos se aproxima a una identidad blusera en la medida que la guitarra pareciese hablar y expresarse, sin palabras, obviamente. “The Garden Of The Earthly Delights” representa el centro o punto de llegada del concepto que Zorn intenta ilustrar. Misterio, lentitud, introspección, calma y sigilo la caracterizan y la sitúan en uno de los puntos más altos del trabajo. “The Circuit” es agilidad y caos; distorsión y estremecimiento; fusión y vanguardia. “Out Of The Eternal Sphere” representa el epílogo del camino; es la única canción donde una voz recorre las notas y lo hace para instalar un coro desgarrador y adolorido. Sin duda, la imagen del Infierno aparece nítida y clara.

Representar conceptos venidos de las artes visuales y transformarlos en sonidos y melodías es un trabajo que no cualquiera realiza de manera rotunda y creíble. Experimentos de esta naturaleza existen por montones, desde las abundantes referencias de Pink Floyd en sus primeros años, hasta las actuales musicalizaciones que Muse ha aportado al campo del rock. La banda Sigur Rós y el aclamado Thom Yorke ciertamente van en la misma senda. Pues bien, sin ánimo de más grandilocuencia y megalomanía, John Zorn nos entrega una placa adecuadamente ejecutada desde lo instrumental, pero probablemente lo más relevante no sea eso, sino la capacidad y sensibilidad del multifacético artista para transformar en sonido aquello que vemos. Es este un disco que, sin lugar a dudas, aportará una experiencia estética a quien lo oiga.

Por Javier Mardones

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