El Álbum Esencial: “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” de David Bowie

Jueves, 3 de Agosto de 2017 | 12:08 am | No hay comentarios
El Álbum Esencial: “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” de David Bowie

Artista:

David Bowie

Álbum:

The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars

Año:

1972

Sello:

RCA Records

La historia de Ziggy y las arañas de Marte, de alguna manera funciona como la prueba definitiva del increíble poder que pueden llegar a tener las buenas ideas. En 1972 David Bowie no era ningún desconocido, tan sólo tres años antes había golpeado la escena musical de la mano de la inmortal “Space Oddity”, sin embargo, (a pesar de lo increíble que hoy nos puedan parecer los trabajos que publicó después del álbum del comandante Tom) lo cierto es que Bowie seguía corriendo el riesgo de pasar a la historia sólo como otro número más de éxito masivo, fugaz e intrascendente. Con este fantasma ocupando su cabeza, el duque blanco comenzó a madurar la idea de desarrollar un proyecto musical que le permitiera liderar el proceso creativo y, al mismo tiempo, renunciar por completo a las limitantes de su propia imagen (poniendo a un tercero como rostro de la empresa). En esta línea y con la ayuda del diseñador Freddie Burretti, el conjunto Arnold Corns escribiría el primer capítulo de esta increíble odisea.

Por desgracia, a pesar del entusiasmo de Burretti e incluso un par de excelentes composiciones (versiones primigenias de “Moonage Daydream” y “Hang On To Yourself”), el proyecto no alcanzaría a tener el impacto que su creador buscaba, lo que terminaría sepultando la empresa. No obstante, el fracaso de Arnold Corns sirvió para que Bowie comprendiera que, si iba a aventurarse con un proyecto de estas características, era él mismo quien debía pilotar la nave. Ya convencido de esto, comenzó a buscar fuentes de inspiración para crear un personaje único e irrepetible, que lograra liberarlo de sí mismo. Serían finalmente la androginia del glam rock, la imaginería del diseñador Kansai Yamamoto y la particular personalidad del músico Vince Taylor, los ingredientes que darían vida al personaje que hasta el día de hoy sigue siendo el mejor ejemplo de cómo un concepto puede cobrar vida propia y elevarse por sobre sus creadores: Ziggy Stardust.

Si ya la idea parecía buena, lo cierto es que el soundtrack resultó ser literalmente de otro planeta. “Five Years” es de esos cortes hechos para sacudir a quien se les ponga al frente. De hecho, bastaron únicamente un increíble par de botas y cinco minutos en el Old Grey Whistle Test de la BBC en febrero de 1972 para darse cuenta de que algo grande se venía. Percusión discreta y sencilla, cortesía de Mick Woodmansey, que paulatinamente va creciendo para terminar en un épico éxtasis de cuerdas, piano y voz, pero no cualquier voz, una pausada y tranquila que poco a poco se apodera del track para terminar sentida y urgente, introduciendo así al personaje y el concepto detrás de este: “El mundo está por desaparecer, sólo tenemos cinco años para corregir el rumbo y Ziggy ya no puede seguir siendo sólo un observador”.

“Soul Love” deja descansar al alienígena por unos minutos, tributando musicalmente a Marc Bolan (responsable de dar puntapié inicial a lo que hoy conocemos como glam rock). Se trata de un tema seductor y sencillo que, en base a una adictiva línea de bajo, acertados acompañamientos vocales y arreglos de saxofón, pone de manifiesto que este viaje no tiene paradas innecesarias y que cada minuto invertido en la escucha retribuye con creces a los que estamos al otro lado del parlante. Bowie sabía, en todo caso, que no bastaba con un buen par de canciones para lograr sacudir la escena, por lo que decidió darle una segunda vida al fallido “Moonage Daydream”. Está demás decir que lo que finalmente logró debe haber superado el pronóstico incluso de los más optimistas, ya que el tema llegaría a convertirse en uno de los mejores de su catálogo. Ahora, para ser justos, quien se roba la película acá no es el duque blanco, sino Mick Ronson en la guitarra. El track se alzaría finalmente como el más rockero del trabajo, y si bien el piano y los toques de saxo son imperdibles, es el solo de guitarra hacia el final, lo que lo hace excepcional. Es más, la potencia de Ronson con el tiempo probaría ser tal, que durante la gira con las arañas de marte Ziggy podía incluso abandonar la escena, casi sin que nadie lo notara, mientras Ronson mantenía hipnotizada a la audiencia.

Con sólo tres cortes, el ascenso y caída de Ziggy Stardust ya habría pasado a la historia como un muy buen álbum, sin embargo, es el mismo alien quien termina elevando el larga duración a la categoría de inmortal. “Starman” fue la última canción compuesta para el álbum, precisamente porque la compañía discográfica a cargo del lanzamiento encontró que el disco no tenía ningún single. En este escenario, Bowie compone la canción más pop del disco, una balada sencilla y contagiosa (con aires a la clásica “Over The Rainbow”), acompañada de una esperanzadora letra, donde el protagonista se dirigía a los niños y los sindicaba como aquellos destinados a tomar el control. El icónico “let all the children boogie” no sólo llevaría a Bowie al tope de las listas por primera vez en su carrera, sino que además terminaría empoderando a miles de jóvenes músicos. El resto del disco es puro disfrute.

“Hang On To Yourself” llevaría el glam al extremo, mientras que “Ziggy Stardust” nos regalaría un riff eterno y una frase inmortal de la mano de la inconfundible “Ziggy played guitar”. Al mismo tiempo “Suffragette City” se encargaba de vestir a las arañas de Marte de Velvet Underground para despachar un corte enérgico, lleno de reminiscencias sexuales. Sin embargo, si el inicio del álbum con “Five Years” había sido magistral, el final con “Rock ‘N’ Roll Suicide” es definitivamente sublime. Teatral y melodramática a un nivel nunca antes visto en el imaginario del londinense, inicia acústica y crece tanto en lo vocal como en lo musical para terminar orquestal y sentida. Se trata de Ziggy cerrando el ciclo, mesiánico, entregándose a cada uno de sus seguidores, declarando “No amor, no estás solo / No importa qué o quién hayas sido / No importa cuándo o dónde has sido visto / Todos los cuchillos parecen lacerar tu cerebro / Tuve mi parte / Te voy a ayudar con el dolor / ¡No estás solo!”. Es esta la salvación que Ziggy venía a darnos. Perfecta.

Cómo buena parte de los grandes hitos del mundo del rock, mucho de lo que sucedió con “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” pasó fuera de lo estrictamente musical. Ziggy llevó lo andrógino y lo teatral a un nivel sin precedentes; no se fijó límites a la hora de ser provocador y excesivo, logrando cautivar de manera transversal a toda una generación de jóvenes aún intoxicada en el olor de la revolución de las flores. Sin embargo, quizás lo más significativo de todo el viaje, fue la lucidez con que Bowie enfrentó el fenómeno que él mismo había creado. Nunca perdió el foco, lo que él quería era revolucionar la escena y, al mismo tiempo, ganarse un lugar en la historia, pero claramente no tenía la intención de ser absorbido por su alter ego.

Inquieto, como probaría ser a lo largo de su carrera, decidió renunciar al personaje justo al finalizar la gira de promoción del álbum, tan sólo a un año de su creación. Los resultados de esto podrían haber sido desastrosos, pero, por fortuna, el tiempo probaría que Bowie había llegado para quedarse. Con los años el londinense seguiría sacudiendo la escena, incluso hasta el día de su trágica muerte. Serían muchísimas las veces en que el hombre de la estrella negra volvería a desmarcarse de sí mismo como si nada, llegando a transformar esto no sólo en uno de sus sellos, sino que en parte de lo que sus seguidores esperaban de él. Ziggy y las arañas de Marte se alzaría finalmente como el magistral primer paso del recorrido con que David Jones comenzó a reescribir las reglas del mundo del rock a su soberano antojo.

Por David Martínez

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