El Álbum Esencial: “Mellon Collie And The Infinite Sadness” de The Smashing Pumpkins

Miércoles, 31 de Mayo de 2017 | 1:38 am | No hay comentarios
El Álbum Esencial: “Mellon Collie And The Infinite Sadness” de The Smashing Pumpkins

Artista:

The Smashing Pumpkins

Álbum:

Mellon Collie And The Infinite Sadness

Año:

1995

Sello:

Virgin

Existen muchos discos excelentes, pero son pocos los que nos acompañan durante toda nuestra vida. Pocas cosas que se sienten similares a escuchar un álbum que se vuelve parte de nuestra biografía, y probablemente las más cercanas de aquellas sean dos: el sentimiento de enamorarse y el sentimiento de la pérdida de un ser querido. Esos dos hechos vitales caben en un principio que Sigmund Freud denominó el Eros y el Tánatos; el amor y la muerte, que envuelven las instancias más significativas de nuestra existencia e impregnan eso que como humanos llamamos “el sentido de la vida”. Escuchar un disco que se vuelve parte de nuestra vida significa justamente eso: vivir a partir de él como quien comparte sus alegrías con sus seres amados, o extraviarse en él como quien se pierde en la más profunda tristeza, cuando uno se siente morir en vida.

El álbum “Mellon Collie And The Infinite Sadness” (1995) de The Smashing Pumpkins para muchos se ha vuelto una pieza fundamental de nuestra biografía, porque es como la vida misma: un inevitable ir y venir de alegrías y sufrimientos. En su momento, Billy Corgan pensó un álbum de dos discos que pretendió ser el “The Wall” (1979) de quienes vivieron su adolescencia durante los noventa, la llamada “Generación X”. Y, a pesar de que el frontman de la banda afirmó que no se trataba de un álbum estrictamente conceptual y que tenía un carácter más “vago y suelto” que sus discos anteriores, este se basaba en “la condición humana del sufrimiento mortal”. No obstante, ha sido el tiempo el que se encargó de crear una mística en torno a la obra, otorgándole su propio carácter conceptual.

“Dawn to Dusk” y “Twilight to Starlight” (“Del amanecer al anochecer” y “Del ocaso a la luz de las estrellas”) es la división que separa los dos discos del álbum. Todo un día, de luz y oscuridad. Tal vez el carácter conceptual del disco no haya sido tan importante para Billy Corgan, D’arcy Wretzky, James Iha y Jimmy Chamberlin, pero qué importa, la vida misma se habría de encargar de darle una unidad al disco, a su arte y a la variabilidad del mismo, porque sencillamente en cada claro de la existencia se crean penumbras y porque en una primera instancia es bien difícil poner en una misma línea temas descarnados, como “Fuck You (An Ode To No One)” o “Zero”, junto a la ternura de canciones como “Farewell And Goodnight” o la tranquila “Lily (My One And Only)”.

El imaginario lunar del arte del disco, que combinó una estética victoriana etérea con las ideas ornamentales tras la película de Georges Méliès, “Le Voyage Dans La Lune” (“Viaje A La Luna”, 1902), ayudan a llenar el disco de un aura propia que está entre lo onírico y lo anacrónico, donde pareciera que siempre queda algo por oír. El disco adquiere tintes nuevos cada vez que se lo escucha, ya sea en el deleite del adolescente errático, algo sensible y extraviado, o en el primer cuarto de vida, ese adulto-joven medio tristón. Probablemente, en diez años más vayamos a admirar esta pieza desde otra vereda, cuando adquiera otros tintes e ilumine otras áreas de nuestra existencia que en este momento no podemos ni imaginar.

“Mellon Collie And The Infinite Sadness” nos inserta en la antiquísima contraposición de la luz y la oscuridad, y nos pone en sintonía con esas dos pulsiones que gobiernan gran parte de nuestra existencia: el amor y la muerte. Ya sea en el extravío de la adolescencia o en la inercia de la vida adulta, este disco evoca un estado particular de confortabilidad, un sentimiento de protección que es propio de un bello sueño. Haber crecido junto a este álbum lo convierte en parte de la vida misma; vibrar con él cada vez que se lo escucha es sentirse en casa.

Por Diego Márquez

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