Drowning Pool – Hellelujah

Lunes, 28 de Marzo de 2016 | 12:41 am | No hay comentarios
Drowning Pool – Hellelujah

Artista:

Drowning Pool

Álbum:

Hellelujah

Año:

2016

Sello:

Entertainment One Music

Si hay algo bueno de la música, es que esta es inmensamente democrática. En ese sentido, las formas que puede adoptar para complacer a la humanidad en su totalidad son infinitas. Así, es imposible establecer absolutos cuando se evalúa de forma cualitativa un disco, puesto que aquello dependerá del sujeto que escucha. No obstante lo anterior, es posible establecer algunas premisas básicas en relación a una creación específica, en atención a determinadas características que sean relevantes a un público objetivo. Históricamente, en el rock ha prevalecido el criterio de la trascendencia por sobre la popularidad, y la calidad cuantificable por sobre la apreciación del comercio. En tal orden de ideas, este último trabajo de Drowning Pool, “Hellelujah”, será “bueno” o “malo” dependiendo de la identidad del oyente, pero sí es posible sostener que busca privilegiar el verso fácil, el coro catchy, por sobre el perenne manto de la experimentación y la complejidad.

DROWNING POOL 01Lo anterior, si bien es cierto constituye un juicio que se sostiene por las razones que se expondrán, no significa de forma alguna que “Hellelujah” sea un álbum que carezca de méritos. Es imperioso insistir en aquello: habrán quienes encontrarán en él una fuente inagotable de entretención y fuerza, porque posee aquellos elementos en demasía y, en ese sentido, canciones como “Push” o “Snake Charmer” serán suficientes para oídos que buscan un relajo después del trabajo o una música ambiental para un malón con amigos. Sin embargo, no se puede señalar lo mismo si es que el oyente espera encontrar canciones que lo sorprendan o que constituyan una novedad en el metal, porque el disco carece del factor sorpresa.

En efecto, en él se encuentran la amalgama de sonidos que se han reproducido desde finales de los noventa hasta hoy en día, con excepción quizás del  metalcore: “Goddamn Vultures”, de estrofas pegajosas y riff en tono bajo, es un tema que perfectamente pudo haber sido considerada en “Sinner” (2001) álbum que los catapultó a la fama del ya extinto nü metal y que contó con la performance del fallecido vocalista Dave Williams; “Hell To Pay” es un tema que tributa al metal más alternativo de bandas como Hellyeah o Stone Sour, pero sin la profundidad emotiva que aporta un Corey Taylor en las voces; “Another Name” rememora las manoseadas melodías que han profitado en bandas como Seether o Staind, sin marcar ninguna diferencia compositiva que agregue valor a las cuerdas de C.J. Pierce; “My Own Way” traza líneas similares a lo hecho por Machine Head, diferenciándose sólo en que esta pieza es algo más jocosa que alguna similar escrita por los dirigidos de Robb Flynn. Y así, se podría estar cotejando las reminiscencias a lo largo de los casi 49 minutos que dura este LP sin que se encuentre originalidad alguna. No se trata de que se le exija a Drowning Pool que descubran la rueda –la que, por cierto, en el mundo de la música se encuentra rodando hace rato–, pero sí que es preciso apuntar que este trabajo no aporta singularidad alguna.

DROWNING POOL 02En consideración a lo señalado en el párrafo anterior, y hablando en términos de trascendencia, no habrá ningún antes o después de “Hellelujah” en la órbita del rock. Esta historia no se dividirá con ocasión de la edición de temas como “By The Blood” o “All Saints Day” por más potencia que destilen, por lo que, en términos de contexto, no hay temor en señalar que es un álbum baladí que seguramente sobrevivirá sólo en alguna plataforma de música online.

Y aquel sino es lo que distingue a la música, puesto que por más trivial que sea a los ojos de los demás, habrán aquellos que lo encuentren como una pieza única e irrepetible, excelente en todo sentido y que vale la pena cada segundo de ella. Aquello hablará que, por más que se utilice una fórmula, por más que se repitan o se copien melodías y riffs –porque eso es en definitiva este álbum–, la música en sí será empíricamente incombustible.

Por Pablo Cañón

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