David Gilmour – Rattle That Lock

Miércoles, 2 de Diciembre de 2015 | 1:00 am | No hay comentarios
David Gilmour – Rattle That Lock

Artista:

David Gilmour

Álbum:

Rattle That Lock

Año:

2015

Sello:

Columbia

La música produce muchos efectos en las personas. Debido al sinnúmero de canciones y melodías existentes, es normal que el cerebro humano pueda confundirse a la hora de experimentar una composición por primera vez. Como si de un déjà vu se tratara, el insigne guitarrista de Pink Floyd, David Gilmour, hace su regreso discográfico con “Rattle That Lock”, su primer álbum de estudio en nueve años. Esta referencia al déjà vu es por el espíritu clásico y convencional de Gilmour, aplicable tanto en la forma de componer como en la ejecución de riffs y solos con un sonido más que característico; esa “guitarra tipo Pink Floyd” de la que se empezó a hablar a raíz del sello de fábrica impuesto por el músico en los años 60.

DAVID GILMOUR 01Mediante diez tracks, Gilmour lleva al oyente por un viaje entre diferentes estilos, iniciando con “5 A.M.”, un solo que contiene muchas reminiscencias a Pink Floyd. Si bien es una especie de introducción, es sorpresivo que no contenga ningún puente entre su final y “Rattle That Lock”, corte que pone título al álbum y que destaca como uno de los puntos altos del LP. Cabe señalar que esta canción está inspirada en un jingle de una empresa de trenes francesa, que Gilmour escuchó, contactando luego a su compositor para crear una canción a partir de esa melodía. Es quizás por esta razón que el track –y el disco en su gran mayoría- suena como algo que ya se ha escuchado antes. A estas alturas de la vida el músico no tiene nada que demostrar, por lo que se luce en una canción relajada, simple y con un pegajoso coro; la instrumentación es impecable y el solo es ejecutado de manera sólida, con la pasión e intensidad característica del intérprete británico.

“Faces Of Stone” parece sacada desde el legendario “The Wall” (1979), con un tono oscuro, lúgubre y melancólico. La balada en piano “A Boat Lies Waiting”, ejecutada por el mismísimo Gilmour, quien se anota créditos en la mayoría de los instrumentos, vuelve a recordarnos a su banda madre, ya sea por su estructura o por su tan inconfundible sonido. Sin pausas, “Dancing Right In Front Of Me” se desarrolla con calma y pequeños interludios de guitarra que le prestan fuerza a una base con tonos jazzeros, para luego pasar a “In Any Tongue”, donde Gabriel Gilmour, hijo del guitarrista, hace su debut discográfico tocando el piano. Este viaje continúa con un sonido similar a lo mostrado anteriormente, generando una compenetración entre los tracks de mayor fuerza en el álbum, siempre con la guitarra de Gilmour como gran protagonista, con impecables solos, con un espíritu que evoca a los mejores años del artista en todo momento.

DAVID GILMOUR 02La guitarra entrega todos sus atributos en “Beauty”, belleza pura en todas sus formas, con rasgueos, riffs, tapings y solos ejecutados por Gilmour sobre la base instrumental con piano y una marca constante de ritmo en la batería, algo que toma fuerza al final, igual que una improvisación de estudio. El contrabajo anuncia la llegada de “The Girl In The Yellow Dress”, una canción de jazz con una impecable batería y piano que acompañan la inspirada voz de David, pasando luego a “Today”, canción con una esencia muy ochentera, con guitarras de sonido funk y teclados sintetizados, lo que permite sumarle el pop a la larga lista de estilos que el músico quiso implantar en este trabajo. Y todo se termina con “And Then…”, solo de guitarra que marca la salida al igual que lo mostrado al principio del álbum con “5 A.M.”, liberando a los cuervos que aparecen en el arte del disco para emprender un vuelo sin regreso, de la misma forma en que Gilmour despacha las melodías desde su guitarra.

Como un constante déjà vu, Gilmour hace gala de su estilo en este álbum, un trabajo que no es novedoso ni tampoco innovador, pero sí de muy agradable escucha. El intérprete se mantiene fiel a su estilo, convencional y apegado a los cánones de su sonido, ese que le vale tantos admiradores hoy en día, posicionando a Pink Floyd como una leyenda del rock, inspiración de tantas bandas, con un legado eterno y que se mantendrá vigente mientras la gente así lo quiera.

Por Manuel Cabrales

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