Black Label Society – Catacombs Of The Black Vatican

Martes, 15 de Abril de 2014 | 1:09 pm | No hay comentarios
Black Label Society – Catacombs Of The Black Vatican

Artista:

Black Label Society

Álbum:

Catacombs Of The Black Vatican

Año:

2014

Sello:

E1 Music

Zakk Wylde es sinónimo de pasión, constancia y dedicación, además de ser el dueño de una gran técnica musical y de una imagen icónica que lo ha transformado en uno de los guitar hero más imitados y envidiados de los últimos 25 años. El que se transformó en el guitarrista de Ozzy Osbourne durante la segunda mitad de los años 80’s con tan sólo 21 años, consiguió editar un increíble álbum como “Pride And Glory” (1994)  lejos de la sombra del príncipe de las tinieblas y finalmente fundó Black Label Society, una banda que, en un tiempo relativamente corto, consiguió numerosos discos exitosos ganando terreno en el mundo del metal, y que nos entrega ahora “Catacombs Of The Black Vatican”, un disco que se compone de 11 canciones notoriamente influenciadas por el estilo southern.

BLACK LABEL SOCIETY 01No está de más señalar que, aún después de la partida de Nick “The Evil Twin” Catanese del Doom Crew, el frontman de BLS aseguró entre bromas que el sonido sería el mismo que el de los discos previos, pero las canciones tendrían distintos títulos. Empezamos escuchando “Fields Of Unforgiveness”, que abre con clase el playlist: un potente riff nos lleva por estrofas más pausadas, pero sin perder fuerza para llegar a un solo perfectamente escrito para la canción, como si fueran pistas que nos llevan a presagiar que lo que nos espera es un álbum con el sello de calidad Wylde. Y así lo confirmamos con “My Dying Time”, que nos regala una guitarra más protagonista que en el tema anterior, mientras que “Believe” completa de manera perfecta la tripleta inicial. Tenemos de esta manera tres canciones potentes que no desentonan ni nos dan un segundo para distraernos.

“Angel Of Mercy” es la calma después de la tormenta. La balada melancólica del disco nos permite escuchar la increíble voz de Zakk, con el mismo tono natural que guardan los discos del inicio de su carrera, como un verdadero transmisor de energía y emoción que se distorsiona para entregar potencia y melodía en “Heart Of Darkness”, una típica canción BLS: heavy, construida en base a un riff rápido y con los armónicos al estilo Wylde durante los coros.

“Beyond The Down”, ubicada justo en la mitad del disco, es la encargada de disminuir la velocidad pero no la potencia y, al igual que su predecesora, está impregnada de la esencia Berzeker.  “Scars” es otra prueba acústica superada de manera devastadora, es profunda y llena de sentimiento, donde además de volver a escuchar esa voz limpia y privilegiada, disfrutamos de un perfecto solo antes de cerrar volviendo a lo acústico. “Damn The Flood” contrasta completamente con el sonido anterior, BLACK LABEL SOCIETY 02subiendo el volumen de los amplificadores a 11. Una guitarra que suena violentamente, una voz sin límite y un solo sin piedad, están combinados de manera perfecta para dar como resultado una canción de gran calidad. “I’ve Gone Away” nos hace vivir distintos momentos al alternar ritmos rápidos con estrofas melódicas, y “Empty Promises” nos envuelve en una atmósfera oscura y profunda.  “Catacombs Of The Black Vatican” termina con “Shades Of Grey”, otra balada delicada y profunda, con un gran solo en el que “Father Zakk” se luce con gloria y majestad.

Así, con canciones potentes y bien escritas, Black Label Society vuelve con estilo y en gran forma. Sin perder la inspiración que los ha iluminado durante toda su carrera, nos regala un disco que no aburre escuchar más de una vez, que alterna canciones suaves con otras más pesadas y que podría ser perfectamente un punto medio entre “Order Of The Black” (2010) y “Unblackened” (2013). A pesar de sonar bastante parecido a toda la discografía anterior, “Catacombs Of The Black Vatican” no es una copia de las placas que le preceden, es un proyecto con identidad propia que se va liberando a medida que escuchamos cada canción.

Por María José Frazzoni

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