Avenged Sevenfold – “The Stage”

Lunes, 5 de Diciembre de 2016 | 11:45 am | No hay comentarios
Avenged Sevenfold – “The Stage”

Artista:

Avenged Sevenfold

Álbum:

The Stage

Año:

2016

Sello:

Capitol

Puede sonar cliché, pero es cierto: las caídas permiten aprender. Cuando existe un infortunio, el padecimiento que provoca puede ser superfluo si uno no alecciona algo de aquella experiencia. En ese sentido, la desventura siempre es bidireccional y depende de cada quien transformarla en una lección o no sacar nada en limpio. Avenged Sevenfold lo aprendió. Luego del desgraciado disco “Hail To The King” (2013) –derechamente uno de los peores discos de lo que va de década; vil tributo y copia de grandes próceres del rock– sorprenden de improviso con su nueva placa, “The Stage”, la que es excelsa en originalidad y experimentación bien entendida.

avenged-sevenfold-01Y es que, si bien superar el anterior álbum no era una tarea que requería mucho esfuerzo, esta versión 2016 de los californianos erige este LP como uno de los más sólidos trabajos a lo largo de su extensa carrera. “The Stage” es la antítesis de su predecesor: ahí donde “Hail To The King” decepcionaba por su plagio a Metallica o Guns N’ Roses, “The Stage” sorprende con ritmos nuevos, arreglos impensados y precisos; ahí donde el anterior es forzado a la grandeza, este la encuentra en la simpleza y tranquilidad. Es reconfortante comprobar que aquellos lúgubres parajes del disco antecesor, en donde campea la afectación por querer ser “como una gran banda de rock”, han sido dejados atrás. Las cadenas han sido rotas para que Matt Shadows y compañía se desprendan de las formas ideales y hagan lo que se les da la gana en un contexto de total compromiso con lo que entienden que es el rock: un constante ejercicio de creatividad colectiva. No por nada muchas de las canciones nacieron en la sala de ensayo, en el casual jamming que recoge la savia misma que está detrás del esfuerzo creativo. Canciones como la imponente “The Stage” o la entretenida “God Damn” son ilustres exponentes del hecho de que más que tratar de tributar a una idea preconcebida y ajena, el rock se debe hacer como fórmula de emancipación.

A lo largo de los 73 minutos y fracción que dura el álbum, ejemplos de esa independencia hay por montones: la psicodelia algo alejada de la música en sus discos anteriores entra de lleno en “Higher”, un tema extraño para ellos, pero bien forjado, con un Shadows que no teme mostrar las fisuras de su voz al no llegar con el tono requerido en el verso, aportando frescura en un mundo del metal donde la sincronización computacional y los arreglos digitales campean para lograr la música plástica que tantos consumen. “Roman Sky” si bien no es tan experimental como la señalada anteriormente, es calma y sin grandes pretensiones, con cuerdas limpias y arreglos de violín que completan el sosiego de manera perfecta. Por otra parte, “Exist” es otra prueba de que los músicos se encuentran libertos, jugando con las secuencias de partes sin aditivos y con un Synyster Gates inspirado en todo momento, elementos que hacen que los 15 minutos que dura la canción no sean extenuantes.

avenged-sevenfold-02Un punto de inflexión de “The Stage” lo constituye el eximio trabajo de Brooks Wackermann. El ex Bad Religion influye de manera decisiva para que la música que transmite el álbum sea de una manufactura superior. A modo de ejemplo, hay que notar cómo el baterista controla en todo momento la intensidad en “Fermi Paradox”, constituyéndose como un director de orquesta que va encauzando a los intérpretes hacia una parsimonia abrumadora, haciendo única esta creación que pudo caer en el facilismo de confundir ímpetu con rapidez. Esta tiene mucho de lo primero, pero a un ritmo lento, pausado, dando cabida a otros elementos como el bajo de Johnny Christ, que no se disfrutan de sopetón, sino que de a poco.

En ese orden, “The Stage” es una interesante propuesta de Avenged Sevenfold, pues, contrariamente a lo que ocurre en esta época en donde casi todo es plástico y desechable, acá existen arreglos que no se perciben a la primera. “Sunny Disposition” (quizá el punto más alto del disco) tiene un sinfín de elementos que el oyente va descubriendo a medida que lo digiere: desde la fuerza hasta la sutileza de los vientos que ya no le dan ese toque circense de antaño, sino un aura más decadente que recuerda algunas murgas latinoamericanas. Y así podemos decir con satisfacción que Avenged Sevenfold supo que para ser grandes no hay que tratar de imitar a los maestros como en su disco anterior, sino que, como dijo Nietzsche, hay que serles lo más infiel posible, pues no hay otra forma de llegar a ser también maestros.

Por Pablo Cañón

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