Anathema – “The Optimist”

Martes, 13 de Junio de 2017 | 1:06 am | No hay comentarios
Anathema – “The Optimist”

Artista:

Anathema

Álbum:

The Optimist

Año:

2017

Sello:

Kscope

Anathema es una de esas bandas inquietas que se encuentran en constante estado de alteración, fluyendo como el agua en el curso de sus álbumes. Por un hábil desplante creativo y el cuidado uso de influencias con las que llevan a cabo su música, la agrupación no tiene nada que envidiarles a artistas como Opeth o Steven Wilson. Una muestra de la destreza imaginativa y compositiva de esto se muestra en el disco “The Optimist”, que surge como un relato concluyente a la narración del álbum “A Fine Day To Exit” (2001). En una entrevista realizada a Vincent Cavanagh, afirmó al respecto de la historia desarrollada en el disco de 2001: “Nunca sabes qué pasó con él tipo que desapareció. ¿Acaso empezó una vida nueva? ¿O sucumbió a su destino? Nunca fue explicado. El tema del comienzo del álbum (“32.63N 117.14W”) es la coordenada exacta de la playa Silver Strand en San Diego –última locación conocida de El Optimista –mostrada en la portada de ‘A Fine Day To Exit’”. A partir de esto, se crea un relato que describe el conjunto de reflexiones que tienen lugar en un viaje.

“Springfield”, el único single del disco, es deslumbrante y carga con una calma solemne. La canción es la contemplación de un espectáculo introspectivo, explotando sin perder la elegancia con la entrada de una guitarra intensa y oscilante, que llena la atmósfera hasta el clímax. La voz de Lee Douglas aparece para interrumpir la melodía con una nota impecable, casi como si fuera un sintetizador más, pero con una intensidad y un tacto irreemplazable; en ella todo se desvanece con un sonido marino y un susurro. El rol de la expectación es importante para Anathema: las atmósferas cálidas avanzan con destreza, sin vacilaciones, hasta explosiones catárticas que cumplen con llenar la expectativa. Este juego entre expectación y explosión, muy característico del post y math rock, le da una impronta cinematográfica al disco, y se puede contemplar en canciones como “Endless Ways” y “The Optimist”.

Así como otras bandas que se han alejado del metal en sentido estricto, Anathema mantiene una tendencia hacia las melodías oscuras. “Can’t Let Go”, por ejemplo, sonaría como una canción sacada de contexto si no fuera por la elección de notas que utiliza la guitarra, que juguetea entre elementos lúdicos, casi alegre, pero que en una progresión cambia hacia una melodía más doom. Siguiendo este patrón, el álbum se vale mucho de una impronta fantasmagórica que tiñe canciones como “Wildfires” y “Close Your Eyes”, y es que hay pocos adjetivos que podrían calificar mejor el sello de esta canción, con una selección de sonidos que se utilizan en conjunto al piano que avanza esperando a la vocalista, para entrar después en una secuencia que cita las baladas de swing muy propias de los años 30.

Queda así la faceta tranquila de Anathema, que se siente como un descanso en un camino tempestuoso. La canción “Ghosts” entrega capas de sonidos sutiles y bien pensados, los que se elevan y caen en torno a la voz de Lee Douglas, recorriendo la canción de manera impasible, con elegancia. En esta misma línea, la canción que cierra el disco, “Back To The Start”, se siente como un descanso tranquilo, que en el final deja un espacio para un track oculto con lo que parece ser la voz de un padre cantando a su hijo una canción en mandolina. Como cerrando la historia del viaje con el retorno del protagonista: “volviendo al comienzo”.

Las influencias variopintas que se escuchan en “The Optimist” se oyen como la descripción del “viaje del héroe”, que es habitual en la literatura, donde Anathema lleva a cabo una experimentación en términos técnicos, elaborando piezas de un rock que no rechaza la música electrónica, el post-rock ni el new wave. Por el contrario, a partir de un desplante hábil entre esa diversidad de estilos –tras un concepto que se busca retratar de manera elegante-, genera un conjunto ecléctico en el contexto de lo que se suele englobar como “el rock progresivo”.

Por Diego Márquez

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