Z: La Ciudad Perdida

Jueves, 3 de Agosto de 2017 | 12:17 am | No hay comentarios

Título original:

The Lost City Of Z

Dirigida por:

James Gray

Duración:

141 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Charlie Hunnam, Sienna Miller, Tom Holland, Robert Pattinson, Angus Macfadyen, Bobby Smalldridge, Edward Ashley, Tom Mulheron, Aleksandar Jovanovic, Siennah Buck, Stacy Shane, Bethan Coomber, Ian McDiarmid

Cuando la perseverancia se entremezcla con la fijación y entonces la mente no distingue más entre ambas, es que se corre peligro. Porque desde ahí todos los medios, incluidos esos potencialmente riesgosos, se justifican con un apasionado discurso basado en el valor de la persistencia y la importancia de encontrar la vocación y el romántico concepto del sentido de la vida. Es seguro, sin embargo, que la gente irrevocablemente tenaz, como Percy Fawcett, en efecto hayan mirado este asunto a través del lente romántico. Encandilado en la magia de una vehemencia que le mataría, es probable que haya perdido la vida feliz y eso lo convierte en un afortunado.

Frustrado de que su contribución al ejército no eleve su rango, el cartógrafo Percy Fawcett (Charlie Hunnam) acepta el reto de explorar la Amazonia con tal de ponerle fin a una controversia fronteriza. El viaje, no obstante, lo llevará a descubrir restos que desentierran una civilización perdida. A partir de entonces, el afán de probar su existencia se convertirá en su meta de vida.

El director James Gray se toma un descanso de las tramas oscuras y los thrillers protagonizados por Joaquin Phoenix para sumergirse en el caso real del explorador británico, desaparecido junto a su hijo en algún rincón inexacto de la selva amazónica en 1925. El paso del tiempo no ha logrado extraer humo blanco respecto a la verdad del misterio, lo que desde luego ofrece material narrativo. El hecho de que el espacio físico sea la jungla sudamericana, exótica y salvaje para el ojo ajeno, aporta riqueza mítica a lo que fue un drama verídico, y Gray se fía de aquello como fascinante telón de fondo para construir su película.

“Z: La Ciudad Perdida” es de aquellos filmes de aventuras que intenta ser intimista y justo con lo que enseña; el motor es la sed de aventura del protagonista que lo tiene en constante ir y venir entre la civilización occidental y la naturaleza indómita, obsesionado, incapaz de saciarse. A raíz de este mandamiento, la película se preocupa de ilustrarnos el viaje per se desde la mirada de él y embriagarnos con esa perspectiva más que de hilar una línea de tiempo apasionante en términos técnicos de relato. Extendiéndose por más de dos horas, este embelesado carácter atmosférico –que como tal se presiente autoindulgente– amenaza con traspasar el límite de lo atractivo y rozar territorio fastidioso cada quince minutos.

Si bien arranca estilo “In The Heart Of The Sea” (2015), introduciendo un héroe subvalorado que deja atrás a su familia para embarcarse en un desafío que ensalzará su honor, todo bien impulsado como quien salta en trampolín para cruzar una reja, lo que sigue dista bastante de la cinta sobre Moby Dick, independiente del elemento fantasioso de esta última. Los puntos de tensión están, y la acción también, mas todo en su mínima medida para hacer avanzar la historia en vez de constituir esto mismo una herramienta en pos del espectáculo. No hay giros ni asombro ni enigmas, por lo menos nada en una proporción que importe. Si este ritmo, que se arrastra ligero, imperturbable y lineal, es un descuido o un capricho, no queda claro y, como fuere, la propuesta no es necesariamente negativa cuando se le toma el peso como conjunto.

Gran parte de las cualidades de la película responden al desempeño de Hunnam y esto aporta a equilibrar la balanza a tiempo. Se necesitan buenas actuaciones para alimentar una historia que se enfoca más en el ímpetu de un hombre que en el objeto de aquel ímpetu; Hunnam está sobrio, contenido y sensible a la motivación de su personaje. En su discurso pausado, que parece pesarle en la lengua, el actor transmite la fatiga de un sujeto en cuya obsesión se le irá la vida. Por su parte, Robert Pattinson, decidido a erradicar el recuerdo de aquel fatídico vampiro, personifica al colega de Fawcett debidamente peculiar e introvertido, coexistiendo junto al protagonista sin opacarlo, de igual forma que Angus Macfayden añade la cuota de desagrado. El factor dramático de Siena Miller como la esposa sorprende, y Tom Holland, una de las últimas buenas promesas, es refrescante en pantalla.

Hay una intención de discurso político sobre la postura condescendiente y egocentrista con que la historia occidental ha abordado la existencia de culturas diversas, pero no alcanza más allá de un pincelazo con afanes conciliatorios. Irrelevante, al fin y al cabo; no tiene caso cargarle una responsabilidad que no asume de veras. Sólo queda juzgar lo que sí se compromete con apostar: esta narración en mayoría amable del Amazonas, barnizada con el deslumbro de un hombre blanco que insistiría en seguir volviendo, a pesar de la amenaza, casi buscando perderse en ella. No se ejecutó perfectamente, pero está lejos de ser descartable.

Por María José Álvarez

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