Yo, Él y Raquel

Miércoles, 4 de Noviembre de 2015 | 12:55 am | No hay comentarios

Título original:

Me And Earl And The Dying Girl

Dirigida por:

Alfonso Gomez-Rejon

Duración:

105 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Thomas Mann, Olivia Cooke, RJ Cyler, Nick Offerman, Connie Britton, Molly Shannon, Jon Bernthal, Katherine C. Hughes, Matt Bennett, Masam Holden, Bobb'e J. Thompson, Chelsea T. Zhang, Gavin Dietz, Edward DeBruce III

Sin ánimos de generalizar, ha existido una tendencia en los últimos años en el cine norteamericano independiente. Son aquellas dramedias de personajes deambulantes que suelen encontrar una audiencia en el festival Sundance. Cintas livianas y digeribles, pero con cierto contenido, por lo general con un buen soundtrack que mezcle antiguos éxitos con singles de artistas emergentes. Su peak se vio con “Garden State” (2004), y suelen ser protagonizadas por actrices como Zooey Deschanel, o alguna otra chiquilla excéntrica que inyecta vida a un hombre melancólico. Y han ME AND EARL AND THE DYING GIRL 01generado decenas de réplicas, algunas con más éxito que otras. La receta para que funcionen es innovar dentro del mismo subgénero, o hacer referencia a la tendencia desde la cual surgen, y eso es lo que “Yo, Él Y Raquel” –irónicamente la última gran ganadora de Sundance- hace.

El “Yo” del título vendría siendo Greg (Thomas Mann), un joven apático que se las ha arreglado para pasar desapercibido en el océano de clichés que componen su colegio. Ha sabido llevarse bien con todos sin hacerse especialmente conocido, pasando su tiempo con su amigo Earl (RJ Cyler), con quien hacen películas caseras referenciando a clásicos de todos los tiempos. La mamá de Greg un día le avisa que una niña de su colegio fue diagnosticada con cáncer y lo incentiva a pasar tiempo con ella, y así es como él se acerca a Rachel (Olivia Cooke) y pasan los días juntos lidiando con la enfermedad de ella.

La voz en off de Greg nos guía durante toda la película, asegurándonos qué tipo de historia estamos viendo. Nos avisa con subtítulos en qué parte de la historia nos encontramos y nos adelanta resultados que, como espectadores, podemos estar esperando venir. Y es que es una película de cinéfilos para cinéfilos (el fanatismo del director Alfonso Gomez-Rejon por el cine, se cuela en cada secuencia), o al menos con los suficientes guiños para mantener a estos entretenidos. Asumiendo el ME AND EARL AND THE DYING GIRL 02conocimiento del espectador por los giros dramáticos que componen estas historias, “Yo, Él y Raquel” se antepone, consciente de que si está siguiendo una fórmula, al menos siempre va con un pie por delante.

Es una autoconciencia extrema que se ve tanto en la forma como en el fondo de la película. Son el ensimismamiento de Greg y su incapacidad de ver más allá de lo que a él le afecta personalmente los temas que aquí son puestos en juego. En ese sentido, el orden de los nombres en el título no es casual: esta es la historia de Greg por sobre la de los demás, relegando a los otros personajes a un simple “él” y a la “chica moribunda” del título original. Hay muchas cintas de este tipo que corresponden a historias de maduración, de inserción en el mundo real, de despertar, pero pocas lidian tan directamente con el egoísmo de una manera tan natural y transversal, exponiendo que ser adulto tiene que ver con dejar de pensar que uno es el centro del universo cuando se ha mostrado durante todo el metraje que así es.

Por lo mismo es desalentador cuando la historia cae en los pasajes esperables. La película contiene las escenas reglamentarias de una historia como esta: la chica admitiendo que no quiere seguir con el tratamiento, su madre llorando, el chico intentando hacerle un último regalo que la honre, entre otras ME AND EARL AND THE DYING GIRL 03cosas, y dado el conocimiento del realizador sobre lo tropos y lo que ya ha sido visto en pantalla, muchas veces se logra dotar de originalidad a todas estas escenas. Sin embargo, esta misión es ambiciosa, y para tratarse de una cinta que pretende estar por encima de los clichés, no puede evitar caer en varios, haciendo que la experiencia final sea a ratos un recorrido por terreno familiar que constantemente intenta asegurar que no lo es.

“Yo, Él y Raquel” es diga de admiración por lo que se propone, y lejos de no funcionar, hay un corazón debajo de la distancia irónica que tanto el protagonista como la cinta intentan mantener. Pero la autoconciencia suele ser un enemigo más que un aliado y reinventar en películas tan formulistas es una tarea difícil. Aun así, se respira aire nuevo en esta en particular y, por último, su banda sonora, su héroe deambulante y la chica que lo saca de su esquema, son lo suficientemente atractivos como para justificar la permanencia del subgénero un poco más.

Por Ignacio Goldaracena

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