Un Monstruo Viene A Verme

Jueves, 5 de Enero de 2017 | 12:02 am | No hay comentarios

Título original:

A Monster Calls

Dirigida por:

J.A. Bayona

Duración:

108 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Lewis MacDougall, Sigourney Weaver, Felicity Jones, Liam Neeson, Toby Kebbell, Geraldine Chaplin, James Melville, Garry Marriott, Joe Curtis, Kai Arnthal, Max Gabbay

El dolor, la rabia y la impotencia ante la pérdida de un ser querido no son sentimientos fáciles de afrontar a ninguna edad. Incluso mayores, pese a la evidencia de un destino inexorable, intentamos combatir lo inevitable con el único fin de encontrar consuelo frente a las demás posibilidades. Nunca es fácil dejar partir a quien amamos y el temor, la angustia y la incertidumbre son monstruos siempre presentes, hasta que la muerte se hace real. La idea original de la escritora Siobhan Dowd fue llevada póstumamente al formato de novela ilustrada por la pluma de Patrick Ness. El mismo escritor adaptó el premiado libro infantil a guion cinematográfico, obra que bajo la dirección del español Juan Antonio Bayona explora, a través de una oscura y bella fantasía dramática, el temor de un pre adolescente ante la pérdida de su madre que sufre cáncer terminal.

Pesadillas recurrentes, bullying en el colegio, un padre ausente, una abuela estricta (Sigourney Weaver) y el cáncer terminal de su madre (Felicity Jones) son parte de los problemas que Conor O’Malley (Lewis MacDougall) debe enfrentar a su corta edad. Pero una noche inesperada, un extraño monstruo (Liam Neeson) lo visitará para contarle tres historias sin conexión aparente, que lo llevarán a descubrir y enfrentar sus miedos más ocultos.

“¿Cómo comienza esta historia? —Con un muchacho demasiado grande para ser un niño; demasiado joven para ser un hombre”. Con esta voz en off, “Un Monstruo Viene A Verme” presenta previamente que no estamos frente a una inofensiva cinta fantástica para niños (como erróneamente se presenta al público), sino que nos encontramos con una obra más real, completa y dura de lo que quisiéramos. Por un lado, se entrega una historia donde la magia se hace presente de manera inusual, invitándonos a imaginar; pero por otro, se hacen tangibles los sentimientos desalentadores de un tema arduo de afrontar.

Aunque los mensajes trabajados en sus formas y fondos se pueden presentar confusos para las audiencias más pequeñas –y también lo puede ser para aquellos que no han vivido algún tipo de agonía cercana–, la ferocidad de la temática tiene un tratamiento simplemente fenomenal y completo. Sí: es oscura, triste y reveladora, pero también es real, sincera, inocente y delicada. Tanto para el protagonista como para los espectadores, el enfrentamiento feroz de una situación propia de los seres vivos dispone a realizar una introspección áspera y humana que repercute en emociones dolorosas y sentimientos encontrados, pero que a través del camino propuesto en la cinta se van desplegando en significados propios para las situaciones ficticias y las verdaderas.

En general, es muy difícil hacer cine que trate y retrate el dolor de la muerte segura producto de enfermedades incurables sin caer en efectismos vagos. De manera errónea, la reciente “Collateral Beauty” (2016) propuso que es posible encontrar belleza hasta en los hechos más terribles que suceden a los hombres, pero no se advertía que los consuelos artificiales son el peor remedio contra un hecho existente, pues generan aún más sufrimiento que el presente. Tal vez no hay belleza pura en el dolor, pero sí es posible transformarlo y sobrellevarlo, por mucho que cueste. Esa es precisamente una de las tesis de “Un Monstruo Viene A Verme”.

Con una atmósfera que recuerda el estilo de “Where The Wild Things Are” (2009) y “El Laberinto del Fauno” (2006), un ritmo pausado –que a ratos cuesta enganchar–, poco a poco las escenas impregnadas en diferentes emociones cobran forma tocando hasta las fibras más profundas disponibles. Con un protagonista que no es necesariamente extraordinario, pero que sí transmite tras sí el peso de llevar el dolor, se logra un relato sincero, que guarda años de agonía pura y que de alguna forma se desahoga catárticamente por un camino que hace sentido, más allá de la magia captada con el CGI.

Las actuaciones de los protagonistas, e incluso la voz otorgada por Neeson, ayudan a formar una atmósfera tan amigablemente conocida como extrañamente sombría. Hay secuencias animadas y reales armadas con profunda belleza, construidas desde la delicadeza de una verdad cruda y sublime que en todo momento demuestra lo terrenal de sus cimientos. Los planos macro logrados sutilmente con lentitud y significado, tomas aéreas captadas con gran perfección y un sentido único del uso de silencios, conforman una sinfonía abrumadora que no teme ahondar en resquicios desgarradores. Y aunque peque de diálogos imprecisos o situaciones enredadas, el encuadre realista a través de los toques de perfecta fantasía lóbrega logran un clímax completamente emocionante, si se le permite, hasta las lágrimas.

Por Daniela Pérez

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