Un Fin De Semana En París

Jueves, 24 de Diciembre de 2015 | 3:42 am | No hay comentarios

Título original:

Le Week-End

Dirigida por:

Roger Michell

Duración:

93 minutos

Año:

2013

Protagonizada por:

Jim Broadbent, Lindsay Duncan, Jeff Goldblum, Olly Alexander, Judith Davis, Xavier De Guillebon, Brice Beaugier, Sébastien Siroux, Marie-France Alvarez, Charlotte Léo, Denis Sebbah, Lee Breton Michelsen

París, ciudad mágica, llena de secretos; luminosa, viva, juvenil, nostálgica. Cuna de grandes anécdotas, perdida en el tiempo, elegante refugio romántico. Ciudad musa de directores y realizadores, la capital francesa goza de ser una de las pocas metrópolis turísticas en que el tiempo parece detenerse, o al menos eso es lo que se ha intentado forjar a través de las innumerables cintas que tienen a la urbe como centro de la historia. Lejos de la cruda realidad a la que se ha visto expuesta París en el último tiempo, no deja de sorprender la majestuosidad con que la ciudad recibe LE WEEK-END 01al visitante, el sigilo con que guarda sus secretos y que terminan por transformarla no sólo en un lugar donde suceden cosas o en una locación más; es un personaje pasivo, presente y discreto, que observa sin juzgar y ofrece protección a los viajeros perdidos, física y casi emocionalmente. Esta tesis nuevamente cobra sentido ahora, en el último largometraje de Roger Michell, que si bien llega tarde a la cartelera, se guarda unas joyas atemporales sobre la vida en pareja.

Casados hace más de 25 años, Nick (Jim Broadbent) y Meg (Lindsay Duncan) regresan a París, lugar donde fue su luna de miel, para recordar viejos y buenos momentos. Sin embargo, la relación de ambos pasa por segundos difíciles y pende de un hilo. Con París como detonante de los hechos, van quedando expuestos sus problemas de la vida adulta mientras intentan remendar el pasado y controlar el rumbo de sus destinos individuales.

Teniendo en cuenta que “Un Fin De Semana En París” es una película para un público bastante segmentado y definido, el pulso aletargado y regularmente reflexivo de la obra se fundamenta para explicar los problemas que se buscan retratar. Y este público maduro será quien mejor entenderá los vaivenes de la vida generosamente compartida. Los altibajos que refleja la pareja inglesa, con el coraje de haber estado tanto tiempo junta, manifiestan cavilaciones inseguras respecto al futuro, individual y como un todo. El hombre, por un lado, reclamando la falta de romanticismo e intimidad perdido en el camino; la mujer, por el otro, reivindicando la falta de libertad después de años forjados LE WEEK-END 02en la honestidad y la confianza. La determinación con que el director desenvuelve esta historia romántica y terrenal, que para nosotros es un poco más complicado de dilucidar sin haber estado en los zapatos de los personajes, hacen virtud de la importancia de la experiencia compartida, los deseos de redención, libertad y autonomía, y el disfrute de los años que van quedando como un fin en sí mismos, como un premio al final del camino de la vida.

Tanto Broadbent como Duncan conceden una performance perfectamente conectada,  honesta y totalmente creíble. Hay momentos en que las miradas de culpabilidad delatan lo que los personajes no pueden decir y allí recae la gran hazaña de esta cinta: la comprensión, tras años y años de práctica para conocer realmente a la persona que acompaña nuestra existencia, puede hacer completamente fuerte o terriblemente débil una relación. Cuando se pone en mesa interrogantes como “¿para qué seguir sufriendo cuando ya no hay nada que hacer en contra del tiempo?”, surgen los verdaderos cuestionamientos acerca de las decisiones importantes que se han tomado y si fueron realmente correctas.

LE WEEK-END 03El humor recatado pero no invisible, sarcástico y delator, se hace presente entre estos dos compañeros y, a ratos, némesis, logrando naturalidad y llaneza, elementos con los que la trama se levanta de las recaídas que sufre a lo largo del metraje. Declives que tienen que ver con el distanciamiento de la tesis que se deja entrever, pero que por fortuna pasa desapercibida por las constantes desventuras de la pareja, a veces sumida en un éxtasis extravagante casi juvenil, y otras en la desdicha del miedo y la soledad.

Como broche de oro, los dos personajes principales potentes y definidos que se apoderan de la pantalla, reflejan una historia profunda y trascendente, tanto para la época como para las etapas que seguramente todos viviremos en algún momento. En definitiva, una nueva mirada a la idealización inevitable de los lugares, de los momentos, del pasado, de las personas, de la vida y de las relaciones.

Por Daniela Pérez

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