Transcendence: Identidad Virtual

Miércoles, 25 de Junio de 2014 | 1:09 pm | No hay comentarios

Título original:

Transcendence

Dirigida por:

Wally Pfister

Duración:

119 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Johnny Depp, Rebecca Hall, Paul Bettany, Kate Mara, Morgan Freeman, Cillian Murphy, Cole Hauser, Clifton Collins Jr., Josh Stewart, Olivia Taylor Dudley

El ser humano, haciendo uso de su capacidad racional, se ha planteado múltiples interrogantes conforme han avanzado los tiempos en pro de su bienestar. De esa forma ha superado obstáculos, resuelto necesidades, y propuesto innovaciones que en décadas pasadas habrían sonado como una ilusa utopía. No obstante, hay una pregunta que hasta el día de hoy aguarda respuesta: ¿cómo vencer a la muerte? Es que frente al destino insoslayable nos volvemos conscientes, como simples mortales, de nuestra insignificancia. La muerte es la única real certeza que tenemos, y el proponerse burlarla entremezcla obstinación, motivación y lucha, ingredientes dramáticos que, por cierto, configuran un atractivo guión de cine. Es una premisa siempre contingente, después de todo, y quizás cada vez TRANSCENDENCE 01menos descabellada si consideramos la vertiginosa rapidez con que siguen avanzando la ciencia y la tecnología. Aronofsky planteó una versión romantizada y muy surrealista en “The Fountain” (2006), contando la historia de un doctor que pensaba a la muerte como una enfermedad, y como tal, le urgía encontrar el antídoto, motivado por la partida de su esposa. En “Transcendence: Identidad Virtual” también hay sentimientos involucrados, pero es sólo un antecedente dentro de una temática que al menos sí ambiciona a la verosimilitud.

El relato gira en torno a Will y Evelyn Caster (Johnny Depp y Rebecca Hall), dos brillantes científicos que no sólo son compañeros de vida, sino que también comparten la convicción de que la Inteligencia Artificial es el campo a explotar para vivir en un mundo mejor. Así es como Will ha creado el proyecto PINN, que consiste en un cerebro artificial independiente y auto-consciente. Esto se ha ganado el odio de RIFT, grupo terrorista anti-tecnología que argumenta que estos avances agreden el carácter humano de la sociedad. Es durante uno de sus atentados que Will muere, pero sólo físicamente, porque Evelyn alcanza a replicar lo que su esposo hizo al crear PINN: en vez de basarse en el cerebro de un mono, ella y su amigo, también científico, Max Waters (Paul Bettany), lo hacen con el cerebro de Will. El resultado es impresionante, pero Evelyn, no obstante, comienza a intimidarse ante el real alcance de la inteligencia de Will, pues todo parece indicar que su esposo aspira a convertirse en algo así como Dios.

TRANSCENDENCE 02Se intuye, al apreciar la película, de la conciencia que tenía el equipo respecto a las expectativas que generaban el argumento y los pesos pesados en los créditos. Después de todo, este es el esperado debut como director de  Wally Pfister, aclamado fotógrafo famoso por sus trabajos con Christopher Nolan, quien por su parte oficia como productor ejecutivo. En pantalla también vemos rostros asociados a cintas de Nolan como Rebecca Hall, Morgan Freeman y Cillian Murphy. Eso sin mencionar el rol protagónico de Johnny Depp, quien siempre despierta efervescencia. Y aunque pareciera que últimamente este actor requiere disfrazarse de personajes bizarros para entregar una buena performance, porque de lo contrario actúa de sí mismo, en términos audiovisuales la cinta cumple. La iluminación se preocupa sobre todo de contraponer la oscuridad y la luz, complementándose con un trabajo de arte cuya paleta de colores tiende hacia el negro y el blanco. El uso de cámara varía conforme al montaje, entremezclando travellings y cámara en mano que colaboran con un ritmo que sabe de pausas y aceleramientos, aportando en esto también una música llamativa que sabe dar con la cadencia respectiva. El tratamiento inevitablemente recuerda a previas colaboraciones de Pfister y Nolan, principalmente “Inception” (2010).

Sin duda que la urgencia por entregar un producto exitoso sirvió como estímulo para no flaquear como espectáculo, pero la temática escogida también demandaba cuidado en cuanto al desarrollo de un subtexto que se mantuviera consistente. Tarea difícil, pues la problemática es compleja y las posibles posturas son varias, por lo que conjugar un esbozo de cada una es un camino que puede sonar equitativo, pero que finalmente es desacertado. Por un lado, entonces, la obsesión de Will nos es presentada como un afán perturbador que esconde infinitas ansias de poder, pero por otro nos asegura que su ambición siempre fue honesta, benévola con la humanidad, e incluso romántica para con su esposa. Además, en medio de esta colisión de ideas, se podría leer una crítica al terrorismo TRANSCENDENCEpor violentar lo que no entiende, también una crítica a la ciencia por querer suplantar la especie natural por artificios; de paso, una denuncia extrapolada a los grandes engranajes de poder por manipular a los súbditos para que no piensen por sí mismos, y también –por qué no- una metáfora del mismo Hollywood a través de ese centro de operaciones capaz de dominar el mundo que es el pueblo de Brightwood (el parecido del nombre podría no ser coincidencia).

“Transcendence: Identidad Virtual” lo tenía todo para transformarse en la gran producción del año, no obstante, su ambicioso guión sólo acaba jugándole una mala pasada, ya que por más que el relato sí atrape al espectador, la premisa detrás no logra superar el carácter de ambiguo y somero. Es que cuando se trabaja en un film, sobre todo en uno de esta escala, no es sencillo hacer el foco en todos los aspectos que lo conforman por igual y obtener así un resultado armonioso. En ese sentido, esta película habla tanto de la especial sensibilidad visual que goza Wally Pfister, como de su inexperiencia en la realización. De todas maneras se agradece el esfuerzo por imprimirle a la historia un toque realista, y por eso mismo es lamentable que no logre un gran impacto. El matrimonio Caster, después de todo, anhelaba vencer a la muerte. Una meta de semejante dimensión necesitaba de una complejidad argumental que fuera tan sólida como su imagen y sonido.

Por María José Álvarez

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