Todo, Todo

Jueves, 15 de Junio de 2017 | 1:03 am | No hay comentarios

Título original:

Everything, Everything

Dirigida por:

Stella Meghie

Duración:

96 minutos

Año:

2017

Protagonizada por:

Nick Robinson, Taylor Hickson, Ana de la Reguera, Amandla Stenberg, Anika Noni Rose, Peter Benson, Farryn VanHumbeck, Danube R. Hermosillo, Robert Lawrenson

Nicola Yoon, autora del libro que da vida a “Todo, Todo”, es considerada una de las grandes promesas de la narrativa dirigida a jóvenes, desde que su novela vio la luz el año 2015. Hoy, dos años después y tras un aumento sostenido de la cantidad de fanáticos que levanta su historia, podemos ver otro de los grandes logros que marcan un súper éxito de la literatura para adolescentes: su adaptación al cine. Sin embargo -y pese a todo el éxito que la versión escrita puede tener por su carácter único, de narrativa delicada y novedosa-, la versión fílmica se encuentra ante una difícil encrucijada que empieza a marcar una tendencia en el género de cine basado en literatura para adolescentes. En este caso la pregunta es: ¿Podrá superar o igualar a “The Fault In Our Stars” (2014), uno de los grandes referentes de su categoría, o se posicionará como otro de los múltiples intentos del cine romántico que pasan por los cines sin pena ni gloria?

La historia, adaptada de manera conjunta por Nicola Yoon y J. Mills Goodloe, nos cuenta la vida de Maddy Whittier (Amandla Stenberg), una joven afroamericana que padece una extraña enfermedad que la hace alérgica a todo y que, por ello, vive encerrada en su casa bajo los estrictos cuidados de su madre y enfermera. Sin embargo, la llegada de Olly Bright (Nick Robinson) como su nuevo vecino dará pie a una nueva dimensión en la vida de Maddy y, con ello, a una historia de romance y autodescubrimiento.

Una travesía de 96 minutos que encuentra su punto clave en la falta de acción física. Al mostrar un personaje que se ve restringido al mismo espacio doméstico y cuya única escapatoria es su imaginación, se hace necesario un método para poder mantener la atención dramática del público y sostener la película, y dicho método es la visualidad. Es sorprendente la sensibilidad de Stella Meghie, la joven directora responsable del film, para captar la intimidad en cada uno de los planos. Con tomas que van desde acercamientos profundos que conectan con la emoción de los personajes, hasta panorámicas que saben aprovechar a destajo las bellas localizaciones -tanto reales como imaginarias- que presentan, esta película nos muestra un cine que experimenta y se plantea a sí mismo como una propuesta estética sólida en sus colores, ambientes y ángulos durante la mayor parte del tiempo.

Conjuntamente a esta delicada y sorprendente visualidad se encuentra uno de los grandes atributos de esta película, que la aleja de la propuesta romántica-dramática de la mencionada “The Fault In Our Stars” y la acerca mucho más al auto descubrimiento de “If I Stay” (2014). Más allá del romance entre sus protagonistas, la pantalla nos muestra una lucha personal de Maddy por encontrarse a sí misma y al mundo que no siente parte de sí, por unirse a la experiencia del afuera como ideal épico que sólo aparece de la mano con el amor que siente hacia su recién llegado vecino. No obstante, es esta misma narrativa mezclada entre el desarrollo de la protagonista y el romance lo que decepciona más de este film.

La historia, llena de potencial y proveniente de un libro elogiado ampliamente por su carácter novedoso, está llena de clichés y arquetipos. Nada en ella es nuevo ni es tratado de un modo original; los personajes juegan los típicos roles del galán rebelde, pero de buen corazón, y la muchacha inteligente, sensible e impulsiva, en una historia maqueteada en cada uno de sus aspectos. Es difícil saber, entonces, si es que se está ante una falla colosal en la adaptación del guion, o si el libro promete más de lo que cumple realmente. Sin embargo, una cosa es segura: los giros de la historia, sus hitos e incluso su clímax, son predecibles desde sus primeros minutos y no sorprenden ni por un momento.

Es, entonces, momento de preguntarse: ¿cómo una mirada tan novedosa y sensible a la visualidad, con una propuesta actoral y artística tan bien encaminada, puede venir ligada a una propuesta narrativa tan pobre? Lamentablemente es una pregunta que queda sin respuesta a medida que el film avanza y decepciona con cada nuevo hito que presenta en lo que, hacia el último tercio de la película, se convierte en un carnaval de falsos finales y elementos dramáticos reciclados de películas de su mismo género.

Sin lugar a dudas “Todo, Todo” puede representar un gusto para sus más avezados fanáticos y un trabajo bien hecho para su directora, pero es una muestra clara de cómo una producción cinematográfica puede boicotearse a sí misma por la falta de voluntad para innovar en sus elementos, haciéndose intrascendente a pesar de su gran potencial.

Por Ricardo Tapia

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