Tiempo de Caza

Jueves, 26 de Diciembre de 2013 | 11:45 am | No hay comentarios

Título original:

Killing Season

Dirigida por:

Mark Steven Johnson

Duración:

91 minutos

Año:

2013

Protagonizada por:

Robert De Niro, John Travolta, Milo Ventimiglia, Elizabeth Olin, Diana Lyubenova, Stefan Shterev, Kalin Sarmenov

Tomar a dos estrellas y ponerlas cara a cara en un escenario inhóspito. Urdir todo como un juego de gato y el ratón en el que los roles se van intercambiando. Utilizar el drama bélico como soporte y proponer bellas tomas del paisaje natural. El calamitoso Mark Steven Johnson así plantea su nueva película, una producción que inicialmente llevaba por título “Shrapnel” (Metralla), estaba protagonizada por Nicolas Cage en vez de De Niro y sería el esperado regreso de John McTiernan a la silla del director. A la vista del resultado final, hay que agradecer que el realizador de “Die Hard” (1988) se haya alejado de este flojo proyecto.

KILLING SEASON 01Benjamin Ford (Robert De Niro) es un ex militar estadounidense que intenta olvidar las pesadillas de la guerra de Bosnia y para ello ha decidido vivir retirado en una remota cabaña ubicada en los montes Apalaches. Hasta ese lugar llega Emil Kovac (John Travolta), un antiguo soldado serbio que busca venganza. Lo que empieza como un amistoso encuentro, en breve mutará en una batalla donde ambos se encararán a muerte por viejas cuentas pendientes.

Las primeras imágenes de la película son del horror de la guerra de Bosnia, las que culminan con el asesinato de un pelotón. Así, desde sus primeros minutos queda claro que este tema tendrá un peso esencial en la cinta. La pregunta que salta, entonces, es con cuánta habilidad y fineza se hará cargo de este. La respuesta está lejos de conformar: su empleo no es mucho más que una pobre excusa para montar un brutal enfrentamiento entre veteranos de guerra, un choque de fuerzas que, por lo demás, no está bien resuelto por ningún lado.

“Tiempo de Caza” contiene una historia exánime y afinada a un mínimo nivel, que cada cierto rato nos recuerda cansinamente por qué este parcito se está dando duro, por medio de un peloteo de diálogos que no hacen más que robustecer los estereotipos y las motivaciones idiotas. Con reiterativas y cansadoras referencias al crudo enfrentamiento uno contra uno en la guerra, convierte el intento de reflexión sobre el horror de esta en un esfuerzo paupérrimo.

Lo que no se podría decir es que es un relato de venganza desprovista de toda novedad: está presente una tenue intención de incorporar un factor inusual en el cine de acción. Pero ese esbozo de diferenciación comienza y termina ahí. El tratamiento es burdo y carente de sorpresa, junto con progresar en una manera similar a una pendiente: tiene una media hora inicial respetable, pero no tarda en mostrar sus ridículas cartas y de ahí en adelante todo va en caída libre, hasta llegar a un desenlace insólito que no tiene justificación alguna dado el desarrollo.

Basta con ver quién firma la película para comprender por qué salió todo tan mal. Mark Steven Johnson transforma en desastre todo lo que pasa por sus manos. En este caso, pareciera ser que se esforzara por exterminar toda tensión, emoción o cualquier sensación que remita a alterar al espectador. Así pues, lo único que prevalece es un desdén absoluto por lo que está sucediendo en pantalla.

Si hay algo que no naufraga completamente son sus protagonistas, puesto que es evidente cierto esfuerzo por escapar del molde establecido por el libreto y consiguen brindar un duelo actoral decente. Al final, el asunto no llega al punto de ver a dos estrellas haciendo el ridículo. También sobresale el primoroso retrato de una naturaleza cautivante, lo que junto a los elementos de la caza y el conflicto bélico recuerdan a “The Deer Hunter” (1978). La monumental cinta de Michael Cimino, también con De Niro en el protagónico, retrataba brillantemente cómo la amistad era devastada por la guerra, con una inspiración y altura cinematográfica admirables. Acá no hay nada de eso; lo que sí hay, en cambio, es una tomadura de pelo disfrazada de drama de contornos moralizantes, que no teme tomar por tonto al espectador con una resolución que no podría ser más infame.

Por Gonzalo Valdivia

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