Sully: Hazaña en el Hudson

Jueves, 1 de diciembre de 2016 | 12:47 am | No hay comentarios

Título original:

Sully

Dirigida por:

Clint Eastwood

Duración:

96 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Tom Hanks, Aaron Eckhart, Laura Linney, Anna Gunn, Autumn Reeser, Sam Huntington, Jerry Ferrara, Jeff Kober, Chris Bauer, Holt McCallany, Carla Shinall, Lynn Marocola, Max Adler, Valerie Mahaffey, Ashley Austin Morris, Michael Rapaport

Siempre en los últimos meses del año llega un avance de lo que será el manojo de títulos protagonista de la temporada de premios. Sólo una pequeña muestra para ir calentando motores de cara a lo que sucederá en enero y febrero (y también marzo), cuando los cines se ven dominados por propuestas seductoras y potentes, que levantan el ánimo luego de una sucesión de jueves deprimentes. Aconteció de ese modo el año pasado con “The Martian” (2015) y “Bridge Of Spies” (2015), y el antepasado con “Gravity” (2013) y “Captain Phillips” (2013), como indicando que la ciencia ficción y Tom Hanks tienen garantizado desembarcar por adelantado. Y tal afirmación no es una humorada: la misma pareja se reitera ahora, con “Arrival” y “Sully: Hazaña en el Hudson”, dos que de seguro tendrán algo que decir en los reconocimientos a lo mejor de 2016.

sully-01La película se instala detrás del capitán Chesley “Sully” Sullenberger (Tom Hanks), hombre con experiencia que debe partir desde el aeropuerto LaGuardia, en compañía de su segundo al mando, Jeffrey Skiles (Aaron Eckhart). El viaje debe ser uno más de los miles que realiza un piloto en su vida, pero no todo sale según lo calculado y se produce un incidente que da paso a días en que, mientras recibe el reconocimiento de la gente y la prensa, el ente que debe investigar y determinar responsabilidades maneja bastantes dudas respecto al actuar de Sully.

Otra historia real bajo el lente de Clint Eastwood, sociedad que en el último tiempo no ha concebido cintas particularmente notables, moviéndose entre la intrascendencia y el conservadurismo moral, poco para un realizador de su talla. “Sully: Hazaña en el Hudson”, con un enfoque muy acotado y directo, le permite distanciarse de esas exploraciones que tan pocos réditos le han traído, centrándose en un estadounidense que en 2009 vive un hecho que desestabiliza lo que parece una vida normal: dos hijas, una esposa cariñosa (Laura Linney), un buen empleo y suficiente experiencia en el cuerpo.

sully-02Un cineasta promedio –de esos que abundan y siempre tienen trabajo– se habría puesto sobre los hombros de esta historia con irritable convencionalidad, dirigiendo la narración hacia ese punto de ebullición al que hace referencia el título y toda la campaña promocional. Eastwood, en cambio, fracciona con prestancia el relato, le quita pomposidad y lentamente lo conduce hacia exploraciones más sosegadas y contundentes, en una operación que tiene cuerpo y al mismo tiempo cierto clasicismo: hay raccontos, el personaje se va viendo absorbido con hitos bien marcados, la mayoría de las conversaciones de relleno son más o menos las esperables, y los secundarios no subvierten su limitado rol.

Puede que en esta cinta no hayan grandes personajes aparte de Sully, y no sea este el reino del atrevimiento y la osadía, pero Eastwood macera la película con una elegancia de la que es difícil abstraerse –manejo de tiempos, movimientos de cámara–. Y, ciertamente, hay más que algo de osadía en plantear el relato con tal despojo de adornos (salvo los indispensables para comprometer a la audiencia) y desarticular las convenciones del filme que adapta hechos reales: le quita ruido, le baja dos cambios, y lo que sale es un largo mucho más silencioso e interesante que aquel que la historia original invitaba a crear. Una apuesta que encuentra en Tom Hanks al aliado ideal, que encarnando la procesión que vive su personaje está impecable, e invita a pensar que pocos actores ofrecen esas texturas, esas minuciosidades, que finalmente consolidan un gran protagónico.

sully-03Un Hanks que se pone los auriculares, hace partir el motor, toma decisiones con convicción y siempre muestra nervios de acero, jamás exagerando la nota. Eso es algo que vemos más de un par de veces durante la cinta, y en el tratamiento de aquella escena está nítida la mano de Eastwood, que no se engolosina por contar con cámaras IMAX para filmar toda la película. Lo mismo se percibe en la manera en que trata el accidente, segundos de enorme y silente violencia que en este caso, ya sea solo esbozando o mostrando sin aspavientos, el director consigue cristalizar como instantes en que se expone en toda su dimensión la fragilidad de la vida humana. No obstante, no está interesado en que eso figure como el momento definitivo, porque, al margen de ciertas simplificaciones, lo suyo es desnudar al ser humano agrietado y desarmar lo que el espectador creía tener tan resuelto. Elecciones como esta sólo pueden ser celebradas y, en definitiva, hacen de este uno de los títulos más lúcidos del último tiempo.

Por Gonzalo Valdivia

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