Sin Hijos

Jueves, 30 de Julio de 2015 | 12:02 am | No hay comentarios

Título original:

Sin Hijos

Dirigida por:

Ariel Winograd

Duración:

100 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Diego Peretti, Maribel Verdú, Horacio Fontova, Guadalupe Manent, Guillermo Arengo, Martín Piroyansky, Marina Bellati, Pablo Rago

El cine argentino ha demostrado ser con holgura el más importante a nivel latinoamericano, de eso no hay quien dude. Para Chile, la prueba empírica de aquello radica en el considerable y creciente número de títulos trasandinos que, desde un tiempo a esta parte, ha llegado para ser exhibido en las salas comerciales de nuestro país; desde la sentida animación de “Metegol” (2013), hasta el thriller policíaco de “Betibú” (2014) –pasando, claro, por el exitoso riesgo de “Relatos Salvajes” (2014)-, se puede hacer una lectura sobre el sello de calidad que firma la industria cinematográfica de la patria SIN HIJOS 01vecina. Claro, también hay que entender que la cultura en Argentina ha sido madurada por medio de las libertades que otorgan los tiempos en democracia, sin perjuicio de que la misma, en la época actual, no sea usada como moneda de cambio, ni tampoco se pertenezca sobre una pequeña elite.

Las credenciales mencionadas hoy día recalan en “Sin Hijos”, una película que tiene en su target la definición del padre soltero con más de 35 años, que ve en sus hijos el mayor logro que podrían completar en la vida. Y es que, el protagonista de esta historia, Gabriel (Diego Peretti), es un tipo separado hace cuatro años, que asume el cuidado de Sofía (Guadalupe Manent), su hija de nueve, como lo más importante por lejos en su quehacer, descartando la posibilidad de renovarse en el plano amoroso. Eso, hasta que aparece Vicky (Maribel Verdú), un antiguo amor de Gabriel, quien es una mujer independiente y decidida en busca de una relación seria para asentarse. El único problema es que a Vicky no le gustan los niños, por lo tanto Gabriel deberá encontrar una fórmula para ocultar a Sofía de su nueva pareja sin dañar a ninguna de las dos.

Una de las principales virtudes que se le reconocen a las cintas llegadas desde el otro lado de la cordillera, es la capacidad que tienen para diseñar, a través de la comedia como género, situaciones que podrían enmarcarse perfectamente en la realidad; más allá de lo convenientes o enrevesados que puedan ser los giros en una película, lo que se termina planteando en productos como “Sin Hijos” no dista mucho de lo que cualquier persona –guardando las proporciones- es susceptible de SIN HIJOS 02experimentar. En este largometraje el lenguaje que se ocupa se siente como algo familiar, como si en la pantalla estuviésemos viendo reflejada la vida de un amigo, o la propia nuestra, despojados los mini dramas de las circunstancias no ficcionales, para quedarnos sólo con la parte que es graciosa.

Lo último es tan divertido e interesante como lo referido sobre la relación padre-hija que mantiene Gabriel y Sofía, que pasa por un trato absolutamente horizontal, donde las dos partes pueden hablar a partir de la igualdad sin poner especial atención a la cadena de mando. Si bien esto no se acerca al límite de lo sugerido en “Soy Mucho Mejor Que Voh” (2013), que exponía al protagonista basureado por su hijo, sí hay un ánimo de decir que los pre púberes, o nuevos adolescentes, tienen el carácter suficiente para sacar provecho en condiciones adversas, llegando a ser la parte de la relación fraternal que cultiva menos codependencia, en contraste de progenitores que, castigados por la inseguridad, sólo quedan como los testimonios de alguna autoridad difuminada. Cuando Sofía trata a Gabriel de Cabau –que es su apellido y sobrenombre- y luego le dice “vos sos una rata”, se confirma la hipótesis del joven 2.0.

Por otro lado, en paralelo a los protagónicos que se encuentran muy bien desarrollados, los roles secundarios se incluyen en la misma medida –y a veces más- sobre la comedia que se va tejiendo: el amigo médico de Gabriel, o Keko, su hermano, aportan con sendas escenas por las que bien pueden ser recordados. Es aquí donde se nota el valor del detalle que tiene la cinta, en cuanto sus figuras SIN HIJOS 03menos visibles pueden hilvanar sus espacios con luces propias, proyectándose desde aquel sentimiento de identidad nacional tan salvaguardado que tienen los argentinos. Asimismo, el largometraje trabaja con más de algún formidable plano que calza de manera perfecta para las ocasiones que se van presentando.

Los reparos sobre “Sin Hijos” pasan por el extravío de su ritmo hacia tres cuartos del metraje, y el invariable en la técnica probada dentro de la dinámica comedia familiar y/o romántica a la que se apega, no obstante, esto no revierte en absoluto la más que correcta ejecución de un título que se sabe comprometido con lo que muestra, punto del que las producciones criollas deberían aprender, toda vez que es absolutamente factible hacer humor desde lo cotidiano, sin exagerar hasta lo absurdo –e irritante, por cierto- el mismo concepto. No es que esta sea una tendencia en todas las producciones que se apegan a la comedia en el escenario local, sin embargo, sí se advierte como una costumbre en las películas que gozan de mayor difusión es nuestra cartelera. No hay que hablar de cifras para saber que esto es un mal indicador.

Por Pablo Moya

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