Santiago Violenta

Miércoles, 31 de Diciembre de 2014 | 12:30 pm | No hay comentarios

Título original:

Santiago Violenta

Dirigida por:

Ernesto Díaz Espinoza

Duración:

90 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Matías Oviedo, Mauricio Diocares, Nicolás Saavedra, Caterina Jadresic, María Isabel Indo, Ariel Levy, Shenda Román, Jaime Vadell, Carmen Disa Gutierrez, Juan Alcayaga

Los hermanos Sebastián y Gonzalo Badilla presentaron su última comedia romántica como un homenaje a cintas como “Halloween” (1978), “A Nightmare On Elm Street” (1984) y “Scream” (1996). A la vista queda que eso no hizo de la suya una mejor película ni significó un avance respecto a lo que venían mostrando, por lo que, como en tantas otras ocasiones, el ejercicio de explicitar referentes quedó en la nada, como un intento infructuoso más próximo a ser un acto desesperado por acaparar atención –luego de reiterados porrazos- que a un guiño genuino. No obstante, lo de estos realizadores encarna uno de los pocos casos en que el cine nacional ha fijado su mirada hacia Estados Unidos, un gesto no errado en sí mismo, pese a que para los Badilla ha servido únicamente para pavimentar una obra paupérrima. Aunque escasos, existen ejemplos de cineastas nacionales mejor encaminados en esa línea.

SANTIAGO VIOLENTA 01Sin ir más lejos, Ernesto Díaz Espinoza ha sido uno que ha coqueteado con las influencias foráneas de manera mucho más estimulante. Conocido por ser el primer director chileno en hacer películas con peleas coreográficas, dobles de acción y balas a destajo, en cada una de sus cuatro cintas ha adoptado un formato cinematográfico hollywoodense, con la particularidad de que los ha releído desde lo local con atrevimiento y destreza, no sacrificando la naturaleza del entorno y los personajes en pos de hacer productos universales. Lo de Díaz Espinoza es algo así como “cine B a la chilena”, una impronta que ha ido pavimentando a través de la conquista del cine de artes marciales, el de justicieros, el de espías y el de explotación latinoamericano, con lo que ha ido acumulando títulos tan interesantes como “Kiltro” (2006) o “Mirageman” (2007), ambos protagonizados por Marko Zaror. Quizás su mayor logro a la fecha sea que ninguno de sus filmes se ha sentido como una respuesta trasnochada a un molde gringo. En “Santiago Violenta” eso también está lejos de suceder, a pesar de no conseguir mucho de lo que se propone.

Broco (Mauricio Diocares), Mauro (Matías Oviedo) y Noel (Nicolás Saavedra) son tres amigos de la infancia que han mantenido firme el lazo pese a los distintos caminos que han escogido. En medio de una noche de juerga santiaguina, el trío termina presenciando el robo de un millonario botín por parte de las trabajadoras del club nocturno en el que se encontraban. Movidos por la tentación de hacerse con los millones, intentarán seguirle la pista al maletín que los contiene, pese al temor implicado: la dueña del dinero es la Tía Marilyn (Shenda Román), veterana líder de la mafia capitalina.

SANTIAGO VIOLENTA 02Desde 2006, cuando debutó con su admirable ópera prima, “Kiltro”, Ernesto Díaz Espinoza ha venido instituyendo un cine de acentuado genio e identidad, en que las balas, los mafiosos y la acción son protagonistas; lo suyo no es una propuesta muy ambiciosa, es cierto, pero es insoslayable su búsqueda de consistencia y de permanente expansión. Por ello, resulta congruente que en “Santiago Violenta”, su quinto largo, experimente un leve pero interesante giro, que tiene que ver con la inserción de la cinefilia y la camaradería en una trama de enredos, en compañía de una ampliación de la porción de humor emanada del acento que da a una idea que ya había inscrito en “Tráiganme la Cabeza de la Mujer Metralleta” (2012): tipos comunes y corrientes enfrentados a organizaciones criminales. Eso lo revalida como un cineasta interesado en extender su universo, tras esa inaudita experiencia que fue dirigir un segmento de “The ABCs Of Death” (2012), una antología de 26 cortometrajes de terror.

La cinefilia de Díaz Espinoza atraviesa el relato como un componente relevante de la película, desde ese desconcertante inicio hasta ese demencial final. Este rasgo se manifiesta en dos carriles con un origen en común: como característica innata de uno de los protagonistas, y como ingrediente clave del engranaje y los virajes de la historia. Finalmente, lo que sale es algo tambaleante. El filme reluce en todo lo que involucra a Broco y una desbocada pasión por el cine, que lo lleva a obsesionarse con sacar adelante su propia cinta a como dé lugar (irrisorio resulta su rezo a Tarantino y el video que le presenta a un matrimonio). Sin embargo, es justamente esa misma línea la que va torciendo el relato, puesto que progresivamente se va apegando al concepto película-dentro-de-una-película. Específicamente, Díaz Espinoza deja caer sus influencias fílmicas sobre las volteretas de la trama y, conforme se aproxima hacia el cierre, va lastrando el relato de audaces decisiones mediocremente SANTIAGO VIOLENTA 03ejecutadas. Lejos se queda, por ejemplo, de rasguñar los chispazos de genialidad de “Seven Psychopaths” (2012). El guión, al final, está tan insuflado de ripios y desbalances, que este rasgo, que define al que pareciera ser el protagonista, queda como una adición desaprovechada.

En lo global, el director deja varios aspectos a la deriva en su afán por hacer una obra fresca, nerviosa y alocada. El punto de vista está desequilibrado (todos y ninguno son protagonistas), las historias de cada personaje están a medio camino entre lo acabado y lo insulso, y su porción final no luce como debería. Incluso, cae en bajezas del tipo personaje-escucha-detrás-de-la-puerta-conversación-clave, falencias que no tienen  por qué ser obviadas, pese a que la película apueste todo el tiempo por el desenfreno de su relato. El irregular tranco de la cinta también tiene eco en lo más palpable: la dirección, demasiado despelotada y descuidada por momentos, y muy lograda en instantes como en el plano secuencia del hotel.

Aunque sea borrado del relato durante largos minutos en la segunda mitad, el de Broco se erige como el mejor personaje del filme, más por defectos en el esbozo de los otros que por méritos propios: uno es el típico tipo afligido por la falta de dinero y el otro es el típico pelele (Matías Oviedo en una suerte de reciclado de su personaje en “Tráiganme la Cabeza de la Mujer Metralleta”). Pese a lo esquemático y pedestre del diseño de la vida de cada uno de los amigotes, funciona con relativa efectividad la complicidad que permanece entre ellos pese a los problemas de la vida adulta. Eso, hasta que los SANTIAGO VIOLENTA 04protagonistas deben tomar decisiones cruciales, que es cuando se despliega un motor del cine de Díaz Espinoza: a sus personajes siempre el corazón o el orgullo propio los impulsa a tener que dar cara a organizaciones criminales y estar al filo de la muerte, no la amistad.

Lo que no tiene puntos bajos es el lúcido retrato que hace de la capital nacional: el director dibuja un Santiago oculto, sucio, maloliente, sólo equiparable en preponderancia y atractivo al de Che Sandoval. Pocas de las mejores películas nacionales del último tiempo han capturado de esa forma la ciudad, convirtiéndola casi en un personaje más, por lo que al menos en estos terrenos el realizador detrás de “Mandrill” (2009) gana por paliza.

En suma, la quinta cinta de Ernesto Díaz Espinoza está hecha con intenciones nobles, pero carece del acierto que venía exhibiendo. Hasta cierto punto, eso no oculta su interesante dosis de novedad y arrojo, y que es ampliamente superior a experimentos de género hechos en este lado del mundo como “Videoclub” (2012) o “Mejor Estar Solo” (2012).  Para Díaz Espinoza no es mucho, esta es de sus obras más menores, pero “Santiago Violenta” al menos como pasatiempo vale mucho más la pena que el grueso de producciones foráneas que llegan con bombos y platillos cada semana.

Por Gonzalo Valdivia

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