Ruby, La Chica de Mis Sueños

Miércoles, 7 de Noviembre de 2012 | 1:27 pm | Comentarios (1)

Título original:

Ruby Sparks

Dirigida por:

Jonathan Dayton, Valerie Faris

Duración:

104 minutos

Año:

2012

Protagonizada por:

Paul Dano, Zoe Kazan, Chris Messina, Antonio Banderas, Annette Bening, Steve Coogan, Elliott Gould, Aasif Mandvi, Deborah Ann Woll, Toni Trucks

Antes que todo, una aclaración: lo ideal sería que el siguiente texto se escribiera (y leyera) en primera persona. Lamentablemente, el estilo editorial de este medio impide el uso de ese recurso, por lo cual será el lector quien tendrá la responsabilidad de dotar de una personalidad única y definida al siguiente comentario. Porque hay veces que las películas, y otros productos de la industria cultural (series de televisión, canciones, libros, fotografías) tocan un nervio demasiado profundo para apartarlo completamente del análisis objetivo y racional de una “crítica” más tradicional. En algunos casos especiales y –paradójicamente- tantas veces repetidos, es el autor quien habla sobre nosotros, nuestras experiencias de vida, esos sencillos instantes donde un creador da con un instante tan personal que nos identifica a todos. Mucho de eso (para quien redacta, y espero para quien lea) se encuentra en “Ruby, La Chica de Mis Sueños”, comedia romántica y segundo largometraje de los directores de “Little Miss Sunshine” (2006).

Calvin (Paul Dano) es un escritor joven que cuenta a su haber con una exitosa novela y varios cuentos menores, quien está sumido en el siempre temido bloqueo creativo. Luego de tener sueños recurrentes con una mujer, decide escribir sobre ella, lo que le entrega un poco común e intenso momento de inspiración. La buena racha dura hasta que se da cuenta que realmente ha “creado” a Ruby Sparks (Zoe Kazan), que está enamorado de ella y que puede moldearla y controlarla con cada línea que agregue al texto acerca de la chica.

El juego de la película queda claro pasado el primer tercio. Aquí no es necesario ahondar en dilemas existenciales, surrealistas u oníricos, no hay cuestionamiento a la verosimilitud del milagro dentro del relato. Ruby es –y nunca deja de ser- real en la ficción, pese al sinsentido de su aparición. La disyuntiva no es de este tenor, nadie se pregunta sobre los límites de la realidad y la ficción, o sobre la siempre conflictiva cualidad (y maldición) creadora de un autor. Lo que va quedando, pasado la comprobación de la realidad de la chica, son preguntas puramente morales. Es aquí donde “Ruby, La Chica de Mis Sueños” toma vuelo y se separa de las comedias románticas que han rozado temas similares para instalar interrogantes tan simples y, a la vez, tan profundas, que es difícil dejar la sala de cine sin dudar sobre la esencia de las relaciones de pareja y el amor.

Porque el film, con su excesiva y a ratos atosigante hiperrealidad expresiva, impide pensar que lo que se ve es una fantasía. Más bien, con esa cámara casi documental, sin efectismos visuales ni siquiera en los pasajes oníricos, se realza el punto: la cinta es más real de lo que engaña la mágica premisa. A pesar de los pasajes del “pololeo” que puedan sonar repetitivos, pero inteligentemente calculados, con esos montajes para acentuar la felicidad en la etapa temprana del noviazgo, o las escenas más dolorosas de los conflictos o la ruptura, en “Ruby, La Chica de Mis Sueños” jamás pierde el rumbo. Hay detalles que se filtran a cada momento, pequeños gestos que complejizan a los personajes, que dotan de humanidad a la creación ficticia, para luego hacerlos colisionar, deconstruirlos y obligarnos a armar nuevamente el relato, aportando nuestras experiencias a todo aquello que sale de la pantalla.

“Ruby Sparks” (su nombre original) son todas esas pequeñas verdades que puede esconder la ficción, esa que coloca frente a nuestros ojos un producto engañoso, que suena repetido en su premisa, y que nos remece cuando no nos damos cuenta que aquello en pantalla es más real que la realidad misma. Porque la cinta plantea preguntas bastante incómodas sobre la vida, el amor y cómo nos relacionamos con esa persona que llamamos “novio/a”. Más allá de las expectativas, la ilusión y ese autoengaño maravilloso –y luego doloroso- del acto de enamorarse, ¿qué es el amor, sino idealizar sobre expectativas que, tarde o temprano. chocan con la realidad?

Aquí es donde el último juego retórico entra en escena. Tal como se explicó en un comienzo, toda lectura es personal, y obedece a un estado de ánimo y biográfico de quien interpreta y resignifica un producto cultural. Ya sea en la niñez, adolescencia, adultez o vejez, habrán canciones, novelas o películas que nos tocarán, y esa experiencia nos enriquecerá dependiendo la profundidad del efecto emocional. Para dejar claro el punto, hay un cierto desengaño sobre esas cintas que funcionan excelentes en un tiempo y se vuelven anodinas en otro. “Ruby Sparks” logra su objetivo, aquí y ahora. La clave será ver cómo sobrevive al paso de los años, esos que agregan madurez y apagan, más para mal que para bien, la inocente emoción del primer amor.

Por Juan Pablo Bravo

Enlace corto:
(1)
  1. Camila says:

    Ojalá que “el estilo editorial” de este medio se vuelva menos riguroso con el tiempo. Muchas veces, el contenido importa más que la forma.

Comentar

Responder