Renoir

Jueves, 12 de Junio de 2014 | 11:50 am | No hay comentarios

Título original:

Renoir

Dirigida por:

Gilles Bourdos

Duración:

111 minutos

Año:

2012

Protagonizada por:

Michel Bouquet, Romane Bohringer, Thomas Doret, Michèle Gleizer, Vincent Rottiers, Christa Theret

El biopic es un género cinematográfico que parece ser un comodín; siempre se encuentra ahí la posibilidad de contar o reversionar la historia de un antiguo ilustre, o del personaje de turno. Sin embargo, son pocas las películas que se atreven a narrar la vida de un pintor, atribuyéndose aquello a lo complejo que resulta plasmar con fidelidad un relato de estas dimensiones, y que recae en una tarea sólo para directores más avezados. A modo de ejemplo, la tenue “Surviving Picasso” (1996) y la recordada “Basquiat” (1996), cintas contemporáneas entre sí y en el tiempo, pueden representar los extremos en la calidad de las películas que engrosan un listado no muy generoso respecto al tema en cuestión. Dentro de este selecto grupo, se posiciona “Renoir”, cinta dirigida por Gilles Bourdos, que muestra los últimos años en la vida del reconocido pintor, y los primeros acercamientos que tiene su hijo con el mundo del cine, en su deseo de ser director en aquel arte.

RENOIR 01El pintor impresionista Pierre-Auguste Renoir (Michel Bouquet) pasa sus días tranquilamente en una casa de campo ubicada en el paisaje de La Costa Azul. Alejado de toda contingencia bélica, desatada la primera guerra mundial, donde dos de sus tres hijos están enlistados defendiendo a Francia, Renoir recibe la visita de Andrée (Christa Theret), una bellísima e impetuosa joven recomendada por su fallecida esposa para servirle como modelo. Entre ambos se forja una amistad que tiene beneficios mutuos, sin embargo, esto puede verse entorpecido por la llegada de Jean Renoir (Vincent Rottiers), uno de los hijos del pintor que estaba en el frente. Jean y Andrée comenzarán lentamente una relación que, en cada palabra dicha, se volverá más compleja.

“Amigo mío, los Renoir se rehúsan a ver todo negro. Un cuadro debe ser amable, alegre”, dice Auguste Renoir a su hijo Jean, mientras trabaja en una pintura a orillas de un río. Esta frase parece haber sido devenida en axioma por el director Gilles Bourdos para trazar la mayor virtud que tiene la película: su fotografía. Las imágenes proyectadas en el filme tienen la capacidad de evocar el grueso de la obra de Renoir, y bien podría ser un punto inicial para acercarse a los trabajos plásticos del pintor. El lienzo artístico propuesto, siempre representado en tonos livianos, reflejados por lo que se aprecia como luz natural de manera constante, se desliza como un amable encandilamiento sobre el argumento de la cinta; basada en un guión simple, que es proporcional al ritmo de la narración, las líneas se precipitan más hacia el perjuicio de la película, pues si bien los diálogos se presentan de forma fluida, sin ostentar demasiado y reblandeciendo los extensos 111 minutos de duración de la película, terminan por carecer de la intensidad necesaria para equilibrar lo parsimonioso del relato.

RENOIR 02Los personajes están, en su mayoría, moldeados en la justa medida. Bourdos, en este ítem, propone a un Auguste Renoir –caracterizado de muy buena manera por el casi nonagenario Michel Bouquet- contemplativo, frágil y lleno de sabiduría. Todos estos elementos sirven como vectores para establecer la conexión entre los protagonistas masculinos, Renoir padre e hijo. Lamentablemente, no se termina por explorar todo lo necesario en la personalidad del último, haciendo poco creíbles distintos escenarios en la película, como el eventual triángulo amoroso que se completa con la presencia de Andrée Heuschling, quien llena de naturalidad la figura femenina encarnada por una grandiosa Christa Theret.

Dicho todo lo anterior, el argumento de la película acaba siendo subyugado a puntos que, en teoría, debiesen quedar en una segunda línea en relación al resultado final; los riquísimos recursos en la paleta fotográfica, el talento interpretativo de Michel Bouquet y la belleza infinita de Christa Theret, levantan un filme que pierde créditos al no encontrar su dirección en los motivos de la narración.

RENOIR 03La cinta se queda en el algo más que interesante cuando, de haber tomado más riesgos en la construcción del personaje de Jean Renoir y en la creación de diálogos más próximos a la asertividad, la historia pudo haber pasado de ser una correcta semblanza sobre la parquedad en la última etapa de la vida del Renoir pintor y el dibujo limitado sobre la propuesta del Renoir que luego se convertiría en cineasta, a ser un retrato más equilibrado entre las motivaciones reales, tanto del padre como del hijo.

El estreno de un título como “Renoir” en las grandes salas de nuestro país, puede dar espacio a dos interpretaciones sideralmente opuestas. Por un lado, se otorga al espectador, atraído por el argumento o la simple curiosidad, la posibilidad cierta de acceder a un cine que está más cercano a la acepción de séptimo arte como tal, y en el otro extremo, se podría entrever la dificultad que representa generar interés en el público masivo por una cinta que marca con tintes europeos cada uno de los flancos por donde se mueve.

Por Pablo Moya

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