Redentor

Jueves, 3 de Diciembre de 2015 | 2:21 am | No hay comentarios

Título original:

Redeemer

Dirigida por:

Ernesto Díaz Espinoza

Duración:

88 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Marko Zaror, Noah Segan, Loreto Aravena, José Luís Mosca, Otilio Castro, Boris Smirnow

“Redentor” es el nuevo proyecto que une a Ernesto Díaz Espinoza detrás de la cámara con el artista marcial Marko Zaror. Y si “Kiltro” (2006), “Mirageman” (2007) y “Mandrill” (2009), previas colaboraciones entre ellos, despertaron interés y empezaron a formar una seguidilla de culto para el director, esto no fue necesariamente por su destreza técnica, calidad del acabado o innovación dentro del subgénero en el que se mueven. Tuvo más bien que ver con el desarrollo en Chile de un nuevo tipo de cine: casero y de género, que lograba entretener con facilidad y sin desconfiar del efecto que tales producciones pueden tener.  Dentro de esa misma línea es que llega su última película.

REDEEMER 01Marko Zaror aquí es Pardo, un atormentado hombre que solía trabajar como sicario, pero cuyos crímenes pasados y subsecuentes demonios internos lo han hecho optar por una senda distinta. Ahora se dedica a recorrer pequeños pueblos rurales, ofreciéndose como justiciero y asesinando en nombre de Dios a aquellos que cometen crímenes. El “Redentor” –como lo empiezan a llamar– va adquiriendo fama y comienza a ser buscado, por lo que deberá vencer a una fila de rivales para poder escapar del peligro y encontrar la verdadera redención.

La película es concebida por sus realizadores como un “western chileno”, lo que tiene sentido desde un director que introdujo el género de las artes marciales a Chile con “Mandrill”, el thriller negro que fue “Santiago Violenta” (2014)  y el roadtrip mafioso de “Tráiganme La Cabeza De La Mujer Metralleta” (2012). Si bien Díaz no revitaliza ningún género ni se propone hacerlo, es innegable que es el único director trabajando estos códigos a esta escala en el país, y que inevitablemente hay un nicho que va a estar satisfecho con el spaghetti western (llamado cazuela western en la cinta) que aquí ha cocinado.

REDEEMER 02Narrativamente no hay mucho que decir, pero eso poco importa. Se llega a perder la cuenta de a quién está atacando el Redentor, por qué, y si es que eso alguna vez fue importante, porque aquí todo está más en función de las peleas y la atmósfera. Las primeras varían desde aquellas que incluyen planos secuencia y coreografías elaboradas, hasta otras que no escapan de lo que se podría ver y se ha visto incontables veces en televisión (sólo que ejecutadas con más maestría por Zaror), pero no se tornan repetitivas, aunque sí pecan de extenderse más de lo necesario.

Lo anterior puede tener que ver con el tono que se le busca dar a la cinta, que, a pesar de durar menos de 90 minutos, apuesta por un letargo nostálgico (demostrado también en personajes deambulando por la costa, mirando el atardecer en la playa y planos de las olas rompiendo en la arena) que busca dar a entender el estado mental del protagonista. Este, además, se ha refugiado en la religión para seguir adelante tras las tragedias que han afectado su vida, y este componente ideológico se agradece al matizar la evidente violencia que tiñe la película, pero también suele caer en la caricatura y en reflexiones tan básicas como “pidan perdón y serán perdonados” y “la verdadera salvación es entender que uno es completamente bueno o malo”.

REDEEMER 03Sin embargo, estas inclusiones se sienten honestas debido a que son propias de personajes simples y de una película poco pretenciosa. “Redentor” se toma con tanto humor como seriedad; lo primero encarnado en parte por el villano (Noah Segan), que cuando no está ocupado asesinando hombres de distintas nacionalidades sudamericanas, aprende a bailar cueca y busca un apodo en español por el cual ser conocido.

Es esta ligereza la que redime a “Redentor”, una ridiculez que funciona en una cinta que se hubiera tornado insufrible de haberse tomado más en serio. La historia del héroe encapuchado que ataca en nombre de Dios está lejos de ser una obra buena, profunda o siquiera completa, pero su entretención radica en lo muchas veces innecesario de la violencia que muestra y en el acierto al imitar el género en el que se instala, celebrando el bajo presupuesto en vez de intentar simular que este es más alto. La esperada reunión de Díaz y Zaror difícilmente convencerá a alguien desinteresado en sus obras o en las cintas de artes marciales, pero no tendría por qué decepcionar a los ya fieles seguidores de uno de los directores con más seguridad de la escena nacional.

Por Ignacio Goldaracena

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