Psycho Raman

Jueves, 29 de Septiembre de 2016 | 10:52 am | No hay comentarios

Título original:

Raman Raghav 2.0

Dirigida por:

Anurag Kashyap

Duración:

133 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Nawazuddin Siddiqui, Vicky Kaushal, Sobhita Dhuliwala, Anuschka Sawhney, Mukesh Chhabra

Entre tanto artefacto indistinguible de suspenso, acción, terror y derivados que sale y entra, no resulta un infortunio encontrarse con un producto tan desconcertante y anómalo como “Psycho Raman”. Hay, después de todo, algo de enigmático en la película que hace que se resista la flacidez de buena parte de sus decisiones, de modo que al final sus pesados 133 minutos se hacen una experiencia inolvidable para bien y para mal. Un análisis basado únicamente en la experiencia que ofrece es, no obstante, más duro, y hace que temporalmente parezca menos grata la idea de apostar por lo raro en vez de lo seguro y calado que se oferta regularmente.

raman-raghav-01Recogiendo ciertos aspectos de la historia de un temido asesino de los años 60, la película se sitúa en 2015 en Mumbai y sigue los pasos de  Ramanna (Nawazuddin Siddiqui), un hombre de rostro perturbado que, casi sin levantar sospechas, va dejando un reguero de sangre. Más audaz que muchos, se mueve sinuoso, acompañado de una gran gata de auto, marcándole el paso a quien luce como su perseguidor,  Raghavan (Vicky Kaushai), un policía entregado a los excesos que mantiene una fulminante relación con Simmy (Sobhita Dhulipala).

Claro está que diversos productos llegan desde India y lo que la cartelera nacional ha ido recibiendo es sólo una mínima demostración de lo que puede ofrecer esa industria. Ahora, con riesgo de parecer apresurado, una vez terminado este nuevo estreno se puede tender a pensar que las peculiaridades del cine de Bollywood son mucho más agradables de ver en un producto ligero y autoconsciente como “PK”, que en una cinta de atmósfera pesada como la de Anurag Kashyap.

raman-raghav-02Aunque anunciar sus pasos con desmedida antelación y limpiar las ambigüedades conforman la consigna de la película, lo cierto es que parte prometiendo otra cosa, con un comienzo que no permite la comodidad ni un aparente devenir predecible. A quién creerle y en quién confiar resulta un desafío tan atrayente como arduo. La cinta, en especial en las primeras líneas que tira en torno al personaje principal –el Ramanna al que de algún modo se alude en el título–, inspira respeto, porque además de estar filmada con aplicación, ofrece una lectura jugada de la figura del hombre mentalmente disociado.

Pero rápidamente lleva  a lo concreto lo que es sólo sugerencia y pierde mucho interés. Es más, se desparrama concediéndole prioridad a la dinámica de perseguido y perseguidor, con resoluciones muy bobas que desfiguran y hacen más opaco el conjunto. Además, como parte del costo de conferir una hondura muy direccionada y poco orgánica, que tiene más que ver con un relato emparentado con la anécdota que con el noir de estatura, con el desarrollo de la historia, aparte de las víctimas (por razones obvias), ni el psicópata ni el policía generan empatía. Se les observa con mucha distancia, y una vez que está despejado el misterio y se aclaran los derroteros de la historia, los minutos restantes parecen un macizo imposible de ascender.

raman-raghav-03Por suerte despercuden el relato las adiciones musicales y visuales de Bollywood, recursos propios y tan desprejuiciados que llevan a que la película no se hunda en su poco inteligente espesura. Ahora, ese mismo apego a la industria que la acoge le juega en contra, partiendo por las dificultades para sintetizar y el afán por sobre explicar tanto las resoluciones como los alcances de la trama.

Siendo más interesante de explorar que mucho thriller gringo, esta cinta irregular y desmesurada sufre en un grado menor de un problema que hace no tanto padeció “Batman: The Killing Joke”: gozando de un final perturbador, infestado de preguntas, ve amortiguada sus intenciones por las falencias del desarrollo. Es lo que sale luego de un intento tan particular y a ratos insólito como este, que merece una oportunidad pero no garantiza la satisfacción.

Por Gonzalo Valdivia

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