Presencia Siniestra

Jueves, 8 de Diciembre de 2016 | 11:12 am | No hay comentarios

Título original:

Shut In

Dirigida por:

Farren Blackburn

Duración:

91 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Naomi Watts, Jacob Tremblay, Oliver Platt, David Cubitt, Crystal Balint, Clémentine Poidatz, Charlie Heaton, Ellen David, Tim Post, Alex Braunstein

A veces, una película es mala, y no hay nada que se pueda hacer al respecto. En otras ocasiones es buena, y a veces incluso excelente. Entre estos dos extremos se desenvuelve una gama de grises muy extensa. Son tantos los elementos y equipos y opiniones que se cruzan en la realización de una cinta, que resulta casi milagroso que todas las piezas terminen por encajar a la vez. Puede que un detalle como la música de fondo falle irremediablemente, manchando una ejecución técnica y actoral que quizás era impecable. Ejemplos como este se pueden inventar por montones.

Quizás uno de los más dramáticos de presenciar es cuando una cinta que a todas luces no está funcionando, cuenta con una gran actuación en su centro. Pareciera que la película se convierte en una lucha de una persona contra una avalancha. Ejemplos recientes de esto hay por montones: Jennifer Aniston en “Cake” (2014),  Eddie Redmayne en “The Theory Of Everything” (2015) e incluso Naomi Watts en “Diana” (2013), quien se repite el plato en “Presencia Siniestra”, una película que, aunque no es del todo un desastre, tampoco es un éxito.

Luego de que un trágico accidente dejara a su hijastro Stephen (Charlie Heaton) en estado vegetal, Mary Portman (Naomi Watts) ha reordenado su vida en torno a su paciente. Mary paga los medicamentos y el cuidado de Stephen trabajando como sicóloga infantil, donde trata, entre otros, con el pequeño Thomas (Jacob Tremblay), un niño mudo y acomplejado. Cuando este último desaparezca, Mary comenzará a descubrir una trama siniestra y llena de peligro, para la que deberá enfrentar tanto amenazas externas como internas.

“Presencia Siniestra” es una película atípica, pero no lo suficiente como para ser rupturista. Tiene un poco de cinta de terror, otro poco de thriller psicológico y bastante de drama doméstico. A pesar de ser vendida en el tráiler como lo primero, es el elemento dramático el que más destaca. Durante los primeros 45 minutos el desarrollo del personaje central y su relación con los niños se va desenvolviendo y enriqueciendo de manera progresiva y muy hábil. Un ritmo narrativo pausado, y capaz de darse el espacio para detenerse si es necesario remachar un punto, sirve a esto a la perfección. Todo este buen trabajo es comandado con decisión y experiencia por Naomi Watts. Demostrando que no es sólo uno de los rostros más bellos del cine, la actriz encarna, comprende y hace suyos todos los aspectos y matices de su personaje. A momentos herida y trágica, en otros cálida y tierna, e incluso a veces algo agresiva, su interpretación otorga al personaje un barniz de humanidad que muchas veces se echa de menos en otras cintas similares: a diferencia de lo que pasa en la narrativa cinematográfica, en la vida real las personas traumadas no pasan todo el día llorando encerradas en el baño. También hay momentos de felicidad, e incluso de aburrimiento. Todo eso está en “Presencia Siniestra”, y se desliza con soltura por las manos de Naomi Watts.

Ahora, es en el último tercio de la película en que esta se sale de los rieles. Toda la sutileza que caracterizó a la presentación del personaje central desaparece. En su lugar se instalan una sucesión de hechos de lo más predecibles, debido a que son recursos utilizados hasta el cansancio en el cine de suspenso. Incluso hay momentos que sólo pueden justificarse como homenajes directos, y muy poco elegantes, a clásicos del género, como “The Shining” (1980), y lo más lamentable es que se desperdicia toda una serie de herramientas y opciones narrativas. Sabiendo lo que se sabe del personaje de Naomi Watts a estas alturas, la narración podría haber aguantado una infinidad de resoluciones y giros de lo más creativos y valiosos. Lo que hace en su lugar es ir tropezándose sobre sí misma hasta volverse una avalancha de malas ideas.

Lo único que destaca dentro de todo esto es la ejecución de la protagonista. Como ya demostrara hace tiempo en cintas como “King Kong” (2005) o “The Ring” (2002), Naomi Watts puede transmitir la emoción que se le antoje, aunque esto le signifique estar actuando sola frente a una pantalla verde. Acá los estímulos son un poco más reales, pero sea cuál sea el caso, ya esté haciendo de víctima o mostrando coraje en los momentos más inesperados, cada uno de sus momentos parecen cargados con la complejidad que demostró media hora antes. Es una lástima que la cinta no le diera el espacio suficiente para poder realizarse por completo.

Da para especular infinitamente sobre qué pasó, en qué momento se tomó un desvío así de deliberado. Quizás la película no parecía ser lo suficientemente comercial, o las temáticas que sugería terminaron por ser demasiado pesadas para un público masivo. Sólo hay una cosa clara: no es culpa de la señorita Watts.

Por Lucas Rodríguez

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