Polina, Danser Sa Vie

Miércoles, 17 de Mayo de 2017 | 10:38 pm | No hay comentarios

Título original:

Polina, Danser Sa Vie

Dirigida por:

Valérie Müller y Angelin Preljocaj

Duración:

108 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Anastasia Shevtsova, Juliette Binoche, Niels Schneider, Miglen Mirtchev, Aleksey Guskov, Marie Kovacs, Nastya Shevtzoda, Jeremie Belingard, Lada St Arroman

El arte, y específicamente la danza, ha sido un tema muy fuertemente tratado por el cine desde sus inicios. La búsqueda por plasmar la pasión, la disciplina y la entrega de la vida de los artistas y cómo ellos han llegado de ser simples mortales a grandes maestros y visionarios de su tiempo, es uno de los grandes viajes que las películas han intentado capturar en múltiples ocasiones.

“Polina, Danser Sa Vie” es un nuevo intento por retratar aquel mundo en todo su dramatismo, usando una mirada natural y cotidiana, llena de hermosos juegos de cámara, sonido y narración que encantan y transportan al espectador, a través de un viaje de 108 minutos, provocando un hambre por ver un poco más de su historia, por haber sido un poco más parte de esta película y sus tránsitos que reescriben el popular cómic francés en el cual se basa.

Dirigida y adaptada por la directora francesa Valérie Müller en conjunto con el coreógrafo Angelin Preljocaj, la historia cuenta la vida de Polina (Anastasia Shevtsova), una joven rusa decidida a convertirse en bailarina clásica, a pesar de los escasos recursos económicos de su familia. Para lograrlo, ella irá conquistando y adaptándose a nuevas formas de danza a través de la mano de varios maestros, que la llevarán finalmente a encontrarse consigo misma y a convertirse en su propia maestra.

Al tratarse de una película que gira en torno a la danza, es lógico pensar que el trabajo de sonido será uno de los puntos más fuertes e interesantes de su propuesta. Sin embargo, el film toma una decisión completamente distinta y prefiere arriesgarse a trabajar desde el silencio para mostrar la vida de Polina: sonido de pasos, autos y voces repletan mayormente el mundo sonoro del largometraje, relegando a las canciones -tanto clásicas como modernas- a un segundo plano. De esta forma, la película se nos muestra como un secreto, una invitación al mundo íntimo de la bailarina que se nos abre desde su simplicidad y naturalidad, transitando por la sonoridad de su vida, en donde los violines y pianos propios del ballet sólo representan una pequeña parte de su proceso artístico y humano.

Igualmente, el uso de la cámara se aleja mucho de lo que películas como “La La Land” (2016) o “Billy Elliot” (2000) nos han acostumbrado a esperar de una película que trata sobre música y baile: cámaras estáticas o de grandes panorámicas, cuyo único centro es la protagonista. Por otra parte, los directores vuelven a apostar a una mirada simple y dinámica propia del cine francés, entregándonos planos que transitan entre cámaras en mano enfocadas a paisajes, o estructuras y tomas coreografiadas que apuntan a capturar la magia del baile más allá de los cuerpos, haciendo parecer que somos testigos que pasan por los escenarios del film y no perseguidores consumados de la protagonista y sus andanzas.

Sin embargo, la estética tan cuidada y llena de matices que nos ofrece, se ve opacada a medida que van pasando los minutos por su narrativa. La historia comienza desde un punto sumamente interesante y genera tensión dentro de los primeros 40 minutos, en los que vemos a Polina luchar por sus sueños, pero luego esa misma tensión avanza forzadamente con falsos peaks dramáticos, generados a través del juego estético entre cámara y sonido que no son resueltos en la historia, dejando al espectador en una confusión y desencanto que amenaza con caer en el tedio durante la media hora central del film. No obstante, aquellos 30 desastrosos minutos son totalmente perdonables cuando nos encontramos en su parte final, donde cada momento se presenta como una nueva sorpresa, y la historia toma un ritmo rico y fluido que marca el cierre de un largometraje que deja con gusto a poco, debido a su profunda reflexión y cuidado de los detalles.

En conclusión, “Polina, Danser Sa Vie” es esa clase de películas que los amantes de la estética o del arte del cine amará. Llena de matices, detalles cuidados y pulidos con una propuesta fílmica clara, pero novedosa a un tema que ya ha se perfila como un género en sí mismo. Una verdadera delicia fílmica que exige paciencia a medida que se desenvuelve, hasta convertirse en un verdadero goce de ver en sus minutos finales. Sin embargo, es necesario mencionar que es una película que requiere tiempo para adentrase en su mundo y ser disfrutada, por lo que puede parecer lenta y predecible en una primera instancia, tanto por su falta de acción real como por su escasa tensión e inconsistencia argumental, la que sólo es subsanada por los detalles técnicos con los que juega.

Por Ricardo Tapia

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