Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar

Jueves, 25 de Mayo de 2017 | 10:28 am | No hay comentarios

Título original:

Pirates Of The Caribbean: Dead Men Tell No Tales

Dirigida por:

Joachim Rønning y Espen Sandberg

Duración:

129 minutos

Año:

2017

Protagonizada por:

Johnny Depp, Javier Bardem, Orlando Bloom, Geoffrey Rush, Brenton Thwaites, Kaya Scodelario, Keira Knightley, Kevin McNally, David Wenham, Stephen Graham, Adam Brown, Golshifteh Farahani, Martin Klebba, Goran D. Kleut, Jessica Green, Paul McCartney

En julio, pero de hace catorce años, una de las franquicias más populares de fantasía en alta mar se abrió paso entre el viento y la marea de otros grandes estrenos de la ficción popular en 2003: “The Lord Of The Rings: The Return Of The King“, “Kill Bill: Vol. 1” o las dos continuaciones de “The Matrix” (1999). Basada en una atracción de los parques Disney, “Pirates Of The Caribbean: The Curse Of The Black Pearl” (2003) fue todo un éxito de taquilla y, hasta el día de hoy, es recordada con gran esplendor no sólo por ser la introducción a todo un nuevo universo fantástico de piratas y maldiciones, sino que también por presentarnos a uno de nuestros antihéroes favoritos: el capitán Jack Sparrow.

Pero, ya con cuatro películas a su haber y una historia lo suficientemente agotada por su propio bien, poco y nada nuevo es posible extraerle al otrora exquisito personaje, cuyo actor fue nominado a ilustres premios en su momento por su ocurrente representación del pirata alcohólico y busquilla, pero de honorables valores. Y es así que se pasó de deleitables luchas entre espadas coreografiadas con excepcional cuidado y de intrigantes, sobrenaturales y románticas historias -en su sentido amplio-, a un nuevo intento por levar anclas hacia un original horizonte prometedor, que finalmente, al ser un refrito inferior, se hunde por sí sola.

Mientras Jack Sparrow (Johnny Depp) regresa a sus andanzas con una tripulación al borde de la decadencia y un aviso de captura por actos criminales, el capitán Salazar (Javier Bardem) y su barco español escapan de la maldición eterna en el Triángulo del Diablo para ir en busca del insigne pirata que los condenó a la muerte en vida. El Tridente de Poseidón será la única alternativa para enfrentar a su enemigo, por lo que Sparrow unirá fuerzas con Henry Turner (Brenton Thwaites) y la astrónoma Carina (Kaya Scodelario) para encontrar el misterioso artefacto.

Dentro de la filmografía de la franquicia, esta cinta es sin lugar a dudas la que más retoma los aspectos que en su momento forjaron la grandeza de la primera película: una premisa relativamente interesante, humor oportuno -y negro en ciertos momentos- y grandes batallas orquestadas en detalle. No obstante, y pese al evidente presagio, el resultado final es material para pérdida. Tal como ya es tradición, todo el peso recae en los hombros y acciones de Sparrow, mientras que los nuevos personajes introducidos al universo -uno de ellos hijo de Will Turner, co-protagonista de las tres primeras producciones- no alcanzan a conformar historias realmente atrayentes, generar valor a sus acciones y deseos, o incluso formar una conexión sentimental entre espectador y personaje.

Ni los más largos intervalos para proveer características trascendentales a los nuevos personajes, que poco a poco se van juntando al compartir intereses y árboles genealógicos en común, son capaces de lograr alguna de las tres propiedades anteriores. Y es que más tiempo en pantalla no denota necesariamente un buen desarrollo, por lo que, cuando por fin vamos conociendo sus actitudes y filosofía, notamos que realmente son personajes construidos de manera posterior únicamente para servir al protagonista, siendo que todo apuntaba a una definición para una nueva generación en este universo de piratas. Su endeble determinación y el extenuante show and tell de sus ideales se mezclan con artificiosos argumentos que simplemente sirven como instrumentos para ocupar minutos de duración.

En este sentido, si hay algo que llama la atención, más que el uso casi completo de CGI que insólitamente se ve más arcaico que el de sus predecesoras, es el largo e innecesario tiempo de metraje. En promedio, el quinteto de filmes tiene una duración individual de dos horas y media, toda una travesía cinematográfica. Y si bien esta cinta es la más corta de la franquicia, las escenas incansablemente alargadas hacen parecer que el tiempo es mayor. Es cierto que las secuencias de acción, escapes y remates que envuelven a Jack Sparrow junto a todo su jocoso trasfondo son un placer infinitamente agradable, pero cuando se utilizan tres o más veces seguidas pierden en cierta medida su gracia.

Peor aún, cuando a lo anterior se le suman intermedios en los que el guion es pobrísimamente armado y forzadamente argumentado, la decepción se percibe a millas. Ni el cameo de sir Paul McCartney -siguiendo el ejemplo de Keith Richards en la tercera entrega-, ni los esfuerzos de Geoff Zanelli por realizar una composición comparable a las de Hans Zimmer o el esperado cierre de cabos sueltos de la trilogía original —es decir, exceptuando esa especie de spin-off que fue “Pirates Of The Caribbean: On Stranger Tides” (2011)- son suficientes para apaciguar el fracaso cinematográfico de una fórmula sobreexplotada. Y cuando menos se espera, una confusa escena post-créditos indica una nueva secuela al universo de los piratas de Disney. Pero (¡yo ho, yo ho!) tal vez ya sea hora de desistir de zarpar sin rumbo para dejar descansar al mar por un buen tiempo.

Por Daniela Pérez

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