Perfectos Desconocidos

Jueves, 6 de Julio de 2017 | 12:21 am | No hay comentarios

Título original:

Perfetti Sconosciuti

Dirigida por:

Paolo Genovese

Duración:

97 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Giuseppe Battiston, Anna Foglietta, Marco Giallini, Edoardo Leo, Valerio Mastandrea, Alba Rohrwacher, Kasia Smutniak

Unas de las grandes características asociadas al cine hollywoodense son sus grandes presupuestos, estrambóticos efectos visuales y propuestas narrativas cargadas de pomposidad. Este tipo de películas son las que, como espectadores, tendemos a encontrar en los cines y, salvo una que otra excepción, son la línea a través de la cuál reconocemos y juzgamos lo que es una buena o una mala película. Sin embargo, a veces ocurre la llegada de otro cine, de una pieza fílmica venida de otra tierra, que tiene una propuesta distinta de cómo hacer y entender una película.

Son estas otras miradas las que nos desafían, nos cautivan, nos desequilibran y ponen en tela de juicio la forma en que nos acercamos al cine. “Perfectos Desconocidos” es precisamente ese momento de cruce con otra tradición fílmica: una película italiana que parte desde una premisa sencilla y limpia, sin grandes pretensiones, pero que construye un mundo tan rico en matices, que encanta y atrapa al espectador.

Dirigida por Paolo Genovese, director y escritor de sobrada trayectoria en su tierra natal, la película nos cuenta la historia de siete amigos que se han reunido a cenar durante una noche de eclipse. A modo de juego, el grupo acuerda compartir lo que suceda en sus celulares -llamadas, fotografías y todo lo que reciban durante la cena- en una sinfonía de secretos que se develan, mostrando todos aquellos oscuros rincones que cada personaje mantiene oculto de sus amigos y parejas.

Una de las grandes dificultades que se podrían esperar de una idea como esta, es lo estático que podría ser su escenario y lo difícil de mantener la atención del público ante una película que se basa en algo tan común como una conversación entre amigos comiendo. Sin embargo, Genovese hace gala de su experiencia al usar encuadres dinámicos que compensan lo estático de la escena. Una cámara siempre en movimiento, que busca ángulos interesantes y que se rehúsa a la panorámica estática de la mesa de los amigos, hasta sacar el máximo provecho a cada uno de los sucesos cotidianos que rodean la cena. Este juego constante de planos tejidos uno tras otro, va generando una rítmica visual refrescante y progresiva, que nos comienza a envolver a medida que los minutos se suceden.

Muy en contra de las primeras impresiones, la idea de una cena cotidiana entre conocidos da espacio a una historia cargada de grandes discursos. Temáticas interesantes y contingentes se mezclan con un humor que sabe cuándo manifestarse efectivamente; haciendo de cada nueva llamada y mensaje un punto de entrada a una nueva historia, a un nuevo relato lleno de una propuesta personal que evidencian un riesgo, una intención de hacer de esta película algo más que una máquina vendedora de entradas. La familiaridad de las parejas que asisten a la cena pronto se ve desplazada por el entramado de traiciones y secretos, por las desconfianzas e inseguridades de los mundos íntimos de los personajes, representada a través de detalles y diálogos inteligentes y sensibles.

A nivel de los personajes, es notable el profundo trabajo actoral y de guion que “Perfectos Desconocidos” pone al servicio de las escenas. Cada uno de los amigos es perfectamente reconocible y representa un acercamiento a un mundo nuevo, a una intimidad personal construida de manera particular por un quehacer impecable del elenco. De igual forma, cada intervención pertenece a cada una de estas voces sin parecer forzada, sino que respetando cada uno de los detalles que ha ido construyendo a medida que el clímax se hace patente de manera sutil pero innegable.

En síntesis, “Perfectos Desconocidos” es un viento refrescante entre los estrenos que abundan en nuestras salas de cine. Una película sólida que, aunque empieza cargada con nuestras miradas de duda, sabe ganarse su lugar gracias a un trabajo sólido y bien planteado, hasta convertirse en un placer de mirar. Sin embargo, si se le puede hacer un alcance menor a esta pieza fílmica, el idioma puede llegar a representar un problema a algunos espectadores desprevenidos o acostumbrados a vivir el cine exclusivamente en español, puesto que el italiano natal de la película es la única opción, dando lugar a subtítulos que -si bien cumplen su cometido- no son lo común para muchos interesados en el cine. Obviando ese detalle, es un film con muy pocas pérdidas y, sin duda alguna, un buen exponente de un cine que sabe sacar el máximo provecho a herramientas simples.

Por Ricardo Tapia

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