Paterson

Jueves, 22 de Junio de 2017 | 1:00 am | No hay comentarios

Título original:

Paterson

Dirigida por:

Jim Jarmusch

Duración:

118 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Adam Driver, Golshifteh Farahani, Kara Hayward, Sterling Jerins, Luis Da Silva Jr., Frank Harts, William Jackson Harper, Jorge Vega, Trevor Parham, Masatoshi Nagase, Owen Asztalos

“Paterson” se propone mostrar una rutina más que contar una historia. Es un ciclo en el cual Paterson (Adam Driver) despierta cada día a la misma hora, junto a una novia que le dedica algunas palabras. Fija su atención en algo (el clima, una caja de fósforos, lo que sea) y, antes de empezar su trabajo, ya está escribiendo poesía sobre ello. Maneja un bus por la ciudad, escuchando interesado las nimias conversaciones de sus pasajeros mientras pasan las horas. Almuerza solo, escribiendo. Vuelve a su casa, saca a pasear al perro, lo amarra afuera de un bar y entra a tomarse una cerveza. De lunes a viernes nada cambia tanto y a Paterson parece no importarle.

No mucho pasa en “Paterson” la película, ni Paterson el pueblo en el que está situada, y tanto Jarmusch como el protagonista parecen preferirlo así. Es más bien el paso del tiempo y las conversaciones mundanas, los hobbies y las actividades que rellenan los días, las pequeñas coincidencias que empiezan a acumularse y a llamar nuestra atención ante la ausencia de mayores sucesos. La cinta está menos interesada en la trama que en situaciones y fragmentos de la rutinaria vida de su personaje (capturada siempre de la misma forma: un cenital a la cama que lo despierta, la casa en un frontal simétrico, planos que nunca buscan llamar la atención), que en sucesión empiezan a convertirse en algo más. La novia de Paterson (Golshifteh Farahani) adquiere identidad cuando observamos día a día su entusiasmo respecto a distintos intereses; la pareja que pelea en el bar avanza en su discusión de pareja, Paterson escribe algo distinto cada día.

La relación del protagonista con la poesía también tiene ese dejo de calma. No es el tipo de sueño que lo consume, sino más bien se ajusta a su diario vivir. Y no es la clase de impulso que espera que lo saque del pueblo ni mucho menos: Paterson no tiene intenciones de cambiar su estilo de vida y la película no tiene ese tipo de pretensiones. El mundo ordinario que presenta no requiere ni espera cambios, y en la forma en que Jarmusch relata esto no hay melancolía ni condescendencia, hay algo más simple que podría considerarse meramente como cotidianeidad. El director ya había mostrado ritmos similares en algunos segmentos de “Coffee And Cigarettes” (2003) y especialmente “Broken Flowers” (2005) y se entiende la decisión detrás de la falta de impacto, en que los sucesos no exploten ni dirijan a algún lado, en la insistencia a mirar una vida normal de la forma menos espectacular posible.

Son días tranquilos mostrados sin apremio y esto hace llevar la atención a las ilusiones mundanas, como un concurso que podría o no ganarse; a las horas perdidas en que se mantienen conversaciones triviales; a los pequeños gestos de ternura que son los que terminan solidificando una relación y a la tristeza de las pequeñas pérdidas. Es quizás el mayor logro de una cinta tan modesta el otorgar valor a estos detalles y entender las emociones que transmiten desde la sutileza con la que son mostradas, sin énfasis, así como ocurren en la vida misma.

“Paterson” rehúye grandes gestos, peripecias, momentos climáticos y cualquier cosa que asemeje una trama convencional en el acto deliberado de introducirnos en su micromundo y mostrarnos la vida a su ritmo. Su valor radica en la modestia y en lo poco que parece ambicionar, muy en sintonía con el personaje que retrata.

Por Ignacio Goldaracena

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