Pasajeros

Jueves, 29 de Diciembre de 2016 | 12:49 am | No hay comentarios

Título original:

Passengers

Dirigida por:

Morten Tyldum

Duración:

116 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Jennifer Lawrence, Chris Pratt, Michael Sheen, Laurence Fishburne, Inder Kumar, Jamie Soricelli, Vince Foster, Julee Cerda, Robert Larriviere, Barbara Jones

Siempre es grato ver a dos estrellas en el peak de su carrera interactuar juntos en una superproducción que promete. Chris Pratt y Jennifer Lawrence, cada uno por su lado, han construido una filmografía completa con más triunfos gloriosos y permanentes que caídas –algunas ya olvidadas–. Con tremendos potenciales que funcionan tan bien en pantalla y especialmente en la fantasía, cuando la propuesta frente a la cual trabajan es una tan pobremente elaborada en sus conceptos fundamentales, el talento de los rostros no es suficiente para paliar una ópera que paulatinamente se hunde por sí sola.

250 tripulantes y 5.000 pasajeros a bordo lleva el crucero espacial Avalon hacia una nueva colonia que se formará en el planeta Homestead. Mientras todos están bajo hibernación inducida, Jim Preston (Chris Pratt) se da cuenta de que despertó 90 años antes que las demás personas. Acompañado sólo por un bartender robótico (Michael Sheen), tendrá que decidir si busca una solución rápida para acabar su sufrimiento, terminar con su soledad, o aceptar su destino aprovechando los lujos de la nave.

Con un guion escrito hace casi diez años por Jon Spaiths, –mismo guionista que colaboró en “Doctor Strange” (2016) y “Prometheus” (2012)–, “Pasajeros” finalmente logró ser llevada a pantalla grande, pero pese al positivo augurio que propuso meses atrás, lamentablemente se presenta como un trabajo insuficientemente pulcro, con una idea perfectamente planteada y seductora, pero increíblemente poco procesada, la que lentamente va repitiendo sus mismos errores en una homogénea y poco apasionante obra.

Morten Tyldum, el director que hace un año ganó gran fama por su delicada pieza sobre la vida de Alan Turing, “The Imitation Game” (2015), hace un intento por explorar nuevos horizontes arriesgándose con un sci-fi en parte romántico, al que le sobra espectacularidad y contemplación, incluso planteando grandes preguntas que apuntan a la ética y al comportamiento humano frente a las crisis. Pero la falta de emoción real, verosímil a su ficción y sostenible en sus extenuantes dos horas, van mermando las expectativas de la panacea visionaria a través de un producto pop que se diluye frente a los clichés propios del género, impuestos en Hollywood. Aunque intenta por mostrarse consciente de ellos, tampoco hay demasiados esfuerzos por recobrar un tono algo más fresco. Es cierto que hay escenas intrigantes y de alguna forma conmovedoras que funcionan en niveles más profundos, mas el limitado desarrollo en la idea macro y en lo particular contrastan todos los esfuerzos por lograr la trascendencia a través de prototipos tan marcados que llegan a ser tediosos.

Con ciertos toques tipo “Cast Away” (2000), “Gravity” (2013) y “The Martian” (2015) se entremezcla el romance a través de relaciones forzadas. Pratt y Lawrence, pese a funcionar juntos con creces en la realidad futurística, sufren con el insuficiente desarrollo de sus papeles, dilapidando los esfuerzos por entregar una cinta íntegramente satisfactoria. Sumado a ello, el desperdicio de metraje en los otros dos personajes que vemos –empobrecidos en motif y vigencia– impiden revivir la historia, que acaba con débiles y predecibles giros dramáticos. El score tampoco es material de halago, aunque haya estado a cargo increíblemente de Thomas Newman: si bien la composición es enérgica y llamativa, se siente fuera del tono interno que se intenta impregnar en la cinta. El resultado: una ficción con alma postiza.

Por cierto, sci-fi no siempre significa una gran carga de efectos especiales: el nivel de detalle y realidad futura logrados con la construcción material y digital persuaden a ratos los vacíos argumentales. Aun así, hay momentos en que el FX es desmesuradamente sucio, como el caso del androide interpretado por Michael Sheen, que descoloca intencionalmente hacia la comedia, pero no logra los resultados esperados.

Desaprovechando oportunidades inmensas de ser penetrante e impredecible, y ahondar en los dilemas éticos planteados, las escenas más cautivadoras se pierden en un progresivo fracaso que deja demasiadas dudas evidentes sin responder, repartiendo la acción, drama y romance de forma irregular y descuidada. Con un tratamiento estropeado, una historia que cae en malas decisiones, pero dos populares actores que dan todo de sí y un romance planteado en el espacio, “Pasajeros” cuenta con lo mínimo para entretener como cualquier otro flick de temporada estival, aunque definitivamente sea una de las grandes decepciones cinematográficas que nos deja 2016.

Por Daniela Pérez

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