Pancho, El Perro Millonario

Jueves, 4 de Diciembre de 2014 | 11:31 am | No hay comentarios

Título original:

Pancho, El Perro Millonario

Dirigida por:

Tom Fernández

Duración:

90 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Ivan Massagué, Patricia Conde, María Castro, Secun de la Rosa, Alex O'Dogherty, Armando Del Río, David Fernández, Marta Hazas, César Sarachu, Eloy Azorín

Una materia prima en mal estado, por más que se le adorne en el proceso, inevitablemente resultará en un producto deficiente. Es que no es llegar y tomar recursos repetidos con tal de replicarlos sin más, como perezosamente esperando que la película funcione sola. Si bien las piezas a mano son viejas y cuentan con un historial de éxito, se requiere dedicar el mínimo de trabajo mental para hilarlas con coherencia. No se puede confiar en el efectismo y tampoco subestimar al público objetivo basándose en estudios de audiencia, cómodas suposiciones y la ternura de los animales domésticos. La cinta que nos convoca comete todos estos errores y más.

PANCHO, EL PERRO MILLONARIO 01Como dicta su título, Pancho es un perro millonario que habita en una impresionante mansión administrada por Alberto (Iván Massagué), su asistente personal y protector. Puesto que es un animal de negocios, Pancho recibe la oferta de trabajar con Montalbán (Armando Del Río) en su plan de venta de perros de peluche. El problema es que Alberto está al tanto de la explotación infantil detrás del proyecto, por lo que se niega a cooperar. Montalbán, en tanto, no tolerará la negativa y emprenderá una persecución contra ellos.

Sería generoso culpar a la crisis económica de España y acusar la necesidad de generar productos sin cerebro para obtener dinero fácil, pero lo cierto es que ni siquiera se merece ese gesto de nobleza. Nos basta con alcanzar el primer tercio de la escena introductoria para resignarnos ante al fracaso que corre frente a nuestros ojos. Esto es de por sí bastante lamentable, ya que ni siquiera se le puede dar el beneficio de reconocer que al menos su arranque es promisorio y luego decae. Pues no, “Pancho, El Perro Millonario” es un gigantesco descalabro de principio a fin.

PANCHO, EL PERRO MILLONARIO 02Poco y nada puede hacer un film construido en base a una premisa original que jamás debió haber sido aprobada en primer lugar. No sólo obliga a sumisamente aceptar que un perro millonario sería una respetada figura de negocios, sino que tampoco se toma la molestia de elaborar un argumento que alimente esa ocurrencia de verosimilitud para que el relato cuente con el más mínimo porcentaje de consistencia. El trabajo de guión es tan defectuoso, léase lleno de obstaculillos de plasticina, implausibles resoluciones de problemas y un torpe ritmo narrativo, que imaginarse la metodología de su creación es un ejercicio penoso. Se asume, por tanto, que no hubo ningún tipo de asesoría y si la hubo, aquella persona aún no entra en conciencia de su incompetencia.

Hay un desesperado intento por igualar las fórmulas de carácter más prehistórico de la comedia familiar estadounidense en cada uno de los aspectos que componen la obra cinematográfica, fallando con mayúscula en la intención. Personajes de una unidimensionalidad insoportable, que desde el minuto uno sabremos cómo terminarán, actuaciones caricaturescas que nos enseñan reacciones que no corresponden con la situación, musicalización interminable y muchas veces fuera de tono con las PANCHO, EL PERRO MILLONARIO 03escenas, y un humor soso que, a la fuerza, busca conseguir una sonrisa que nunca llega a través de textos sin agudeza ni sentido y derechamente aburridos.

Lo bueno que queda de este tipo de producciones, es entender de una vez por todas que no es llegar y encapricharse con hacer una cinta familiar, sólo porque parece sencillo y se ambiciona con encantar a los niños. Como todo género, tiene sus propios códigos que deben ser llevados a cabo con un talento que no debe ser subestimado. Cuando esta consideración se pasa por alto y se peca de soberbia, tenemos la mala fortuna de ser castigados con barbaridades como esta. Ni siquiera el perro le otorga una dosis de encanto, siendo la falsedad de sus humanizadas acciones demasiado evidentes al ojo. Incluso agradecerle el esfuerzo sería darle limosna. Simplemente olvidable.

Por María José Álvarez

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