Oz, El Poderoso

Miércoles, 6 de Marzo de 2013 | 10:45 am | No hay comentarios

Título original:

Oz The Great And Powerful

Dirigida por:

Sam Raimi

Duración:

127 minutos

Año:

2013

Protagonizada por:

James Franco, Mila Kunis, Rachel Weisz, Michelle Williams, Abigail Spencer, Zach Braff, Joey King, Tim Holmes, Bill Cobbs, Martin Klebba, Tony Cox, Otis Winston, Bruce Campbell

Hace ya un tiempo que Disney estaba buscando cómo explotar el legado de “El Mago de Oz” (1939), aquel clásico instantáneo que 70 años después aún sigue cautivando al público. Así como en su momento “Blancanieves y Los Siete Enanitos” (1937) convenció a los realizadores de que la historia de Dorothy, el hombre de hojalata, el espantapájaros y el león merecía ser contada en la pantalla grande, el abrumador y rotundo éxito de taquilla de “Alice In Wonderland” (2010) determinó a los ejecutivos a regresar a la tierra de Oz, para contar la historia de cómo el gran y poderoso mago llegó a esta tierra de fantasía.

Oscar Zoroaster Phadrig Isaac Norman Henkel Emmannuel Ambroise Diggs, también conocido simplemente como Oz (James Franco), es un mago de poca monta que viaja junto a un circo itinerante, encantando al público con su show y seduciendo mujeres a su paso. Un día, mientras escapa de un novio celoso a bordo de un globo aerostático, es atrapado por un remolino y transportado al mágico y colorido mundo de Oz, donde conoce a tres brujas, Theodora (Mila Kunis), Evanora (Rachel Weisz) y Glinda (Michelle Williams), quienes creen que él es el gran y poderoso mago de las profecías, que vendrá a rescatar a Oz de la oscuridad en la que se encuentra sumida. Junto a Finley, un mono volador (voz de Zach Braff) y una pequeña niña de porcelana (voz de Joey King), deberán recorrer el ya familiar camino amarillo de ladrillos, mientras descubren tanto las verdaderas intenciones de las brujas como también si Oz es algo más que el mago embaucador y cínico que ha sido hasta ahora.

OZ THE GREAT AND POWERFUL 03La película rinde constante homenaje al clásico musical. Al igual que ésta, el comienzo está ambientado en Kansas y es presentado en tono sepia y formato 4:3, para luego pasar al tradicional formato widescreen una vez que nos adentramos en el mundo de Oz, con colores, texturas y parajes que de seguro resultarán ideales para promocionar la nueva generación de televisores. Igualmente podemos ver escenarios y elementos que ya nos fueron introducidos en la original, pero esta vez la pintura mate da paso al CGI, el cual es usado prudentemente, de modo tal que si bien se busca dotar de cierto realismo a los decorados, no nos hace olvidar que estamos en un mundo de fantasía. En este sentido, los personajes digitales también están muy bien logrados, tanto en su detalle visual como en la caracterización que consiguen a través de sus voces tanto Zach Braff, con un rol más cómico, como Joey King. Tanto que, en términos generales, estos superan la interpretación de los actores principales, los cuales pareciera que creen estar en una obra de teatro infantil de día domingo.

Sin embargo, la espectacularidad visual no resulta suficiente para enmascarar un relato pobre. La historia del origen del grandioso y poderoso mago, que no era tal, no parece suficiente como para llenar dos horas de película, por lo que el relato decae constantemente en su ritmo. Bajo esta perspectiva, la labor de Sam Raimi como director parece quedar al debe, pues hace múltiples concesiones, sacrificando el relato y privilegiando el deleite visual, suavizando una historia en la que podría haber entregado mucho más. Y es que, salvo unos detalles de montaje y ciertos detalles de humor que son característicos del realizador, no parece haber dejado su impronta en la cinta. Como si sólo fuera otra película por encargo.

Probablemente la película encuentre su público entre aquellos que gozaron con la espectacularidad visual de la Alicia de Tim Burton, acápite en el que no destiñe “Oz, El Poderoso”. Sin embargo, visto el resultado final, no serán pocos los que pensarán si no hubiera sido mejor quedarse en Kansas en vez de regresar al mágico mundo de Oz.

Por Rodrigo Garcés

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