Operación Zulu

Jueves, 31 de Diciembre de 2015 | 1:35 am | No hay comentarios

Título original:

Zulu

Dirigida por:

Jérôme Salle

Duración:

110 minutos

Año:

2013

Protagonizada por:

Orlando Bloom, Forest Whitaker, Tanya van Graan, Natasha Loring, Sven Ruygrok, Adrian Galley, Conrad Kemp, Roxanne Prentice, Tinarie van Wyk Loots, Dean Slater, Kelsey Egan, Richard Lothian

Si un thriller policiaco no usa un tema superficial para desarrollar uno más amplio, no vale la pena perder el tiempo viéndolo. Aunque tenga todo tipo de peleas emocionantes o persecuciones en auto sorprendentes, si no hay algún trasfondo de peso, sea político, social, racial, o de otra índole, la sensación final va a ser invariablemente de insatisfacción. Dicho esto, el caso de “Operación Zulu” es uno muy puntual: aquí el problema no es la falta de trasfondos de peso, sino que el exceso de ellos.

ZULU 01Cuando el extraño y en extremo violento homicidio de la hija de un millonarioen Sudáfrica caiga en manos de los detectives Ali Sokhela (Forest Whitaker) y Brian Epkeen (Orlando Bloom), estos irán develando una red ligada al narcotráfico, la venta de armas, y una serie de proyectos secretos relacionados con el oscuro pasado del país que alguna vez estuvo dividido por el apartheid.

“Operación Zulu” no es una gran película; está lejos de serlo. Aun así, tiene un par de elementos que funcionan correctamente, y uno de los más notables es el casting. Ambos protagónicos están muy bien elegidos, y no sólo porque uno de ellos sea Forest Whitaker, un actor con gran trayectoria y un estilo actoral y apariencia inolvidables, sino que Orlando Bloom, quien siempre es puesto en roles de segundón moralmente correcto y bienintencionado, aquí hace de un detective decadente y arrogante, del tipo “policía malo” que se rige por sus propias reglas, y su interpretación da justo en el clavo. A pesar de que ambos protagónicos no tienen demasiada química como dupla, esto nunca llega a ser un problema: cada uno opera más por su cuenta que en conjunto, tejiendo por partes el enigma que los lleva a identificar a los culpables detrás de los cruentes crímenes que investigan. Esto también sirve para contrastar los métodos de cada uno, que son un obvio reflejo de sus morales y éticas personales. Aunque ambos son bastante arquetípicos, resultan creíbles.

Otro acierto son las escenas de acción. Están filmadas sin hacerle asco a mostrar crudeza, pero nunca cayendo en lo morboso. Como reflejo de la ira callejera en un país con una altísima tasa de pobreza y repleto de guetos sumamente violentos, todos los enfrentamientos se sienten crudamente reales, ayudado por la decisión de incluir la menor cantidad de espectacularidad y acrobacias posibles. A esto hay que sumarle la carencia casi absoluta de música incidental, un recurso que suele tener el efecto inmediato de imbuir de solidez a una película realista. Pero, a pesar del buen nivel de lo ZULU 02anterior, es la historia y cómo es contada, además de una parte importante de los diálogos, lo que desbalancea a “Operación Zulu” y la lleva al terreno de la mediocridad. La gran mayoría de los intercambios entre los personajes caen o dentro de la categoría del diálogo que se ve bien en papel pero que no funciona en la realidad, o ya de frentón en frases confusas que dicen menos de lo que parecen. Ni siquiera la convicción de los protagonistas al decirlos sirve para salvarlos.

Con este problema de diálogos, resulta lógico que el muy enrevesado trasfondo de la película nunca llegue a entenderse. Como chef que no conoce bien la receta, el director Jérôme Salle trata de incluir todos los sabores fuertes que pueda para que su producto resalte. Hay un subtexto étnico, otro de relaciones padre-hijo separados, uno relacionado con el apartheid, e incluso uno de violencia de pandillas rivales, y ninguno es desarrollado a cabalidad, ni tampoco logran en ningún momento hacer sentido. Todos terminan siendo fácilmente identificables, pero como no van acompañados de una reflexión de peso o alguna novedad, terminan por cuajar como nada más que justificativos para que la historia siga hacia adelante.

Eso sí, hay que darle el mérito a la cinta de que, por mucho que no logre hacer nada con los temas importantes que pone sobre la mesa, al menos los comprende. No es poco frecuente que las obras que tratan de trabajar con problemáticas como el racismo o los conflictos étnicos terminen ZULU 03disparándose en el pie. Cuando esto ocurre, suele ser porque la representación del grupo discriminado o en peligro es basada en estereotipos llenos de prejuicios, que terminan resultando ofensivos de entrada. En “Operación Zulu” conflictos tan complejos como el apartheid o los enfrentamientos entre los grupos étnicos originarios de Sudáfrica, son tratados como elementos conflictivos, pero pertenecientes a un contexto específico desde el que debe ser necesariamente analizado.

Aunque finalmente no termine por lograr mucho de lo que se propone, “Operación Zulu” sí cuenta con varias escenas emocionantes y bien filmadas, por lo que no está totalmente carente de mérito. Sirve para matar un poco de tiempo, pero nada más. Peculiarmente, la película termina por caer en la misma trampa que intenta evitar con tanto ahínco: al tratar demasiado por ser profunda, se vuelve vacía.

Por Lucas Rodríguez

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