Oculus

Jueves, 5 de Junio de 2014 | 1:39 pm | No hay comentarios

Título original:

Oculus

Dirigida por:

Mike Flanagan

Duración:

104 minutos

Año:

2013

Protagonizada por:

Karen Gillan, Brenton Thwaites, Katee Sackhoff, Rory Cochrane, Annalise Basso, Garrett Ryan Ewald

El concepto de película de terror se ha ampliado bastante en el último tiempo. Con subgéneros tan distintos como el slasher (sicópatas y mucha sangre), y el terror sicológico (miedo menos aparente y soterrado), el decir que una película es “de terror” se ha vuelto inexacto. De esta misma forma es cómo incluso pasan por terror películas que son sólo 2 horas de morbo, sin siquiera una historia algo coherente, como toda la saga de “Saw”, por ejemplo.

Parte importante de las películas de terror se han vuelto blockbusters, con infinitas secuelas cada vez más burdas y patéticas, dejadas en manos de directores y guionistas sensacionalistas, incapaces de darse el tiempo de crear algo más original que un asesino que secuestra gente y la tortura. Frente a esto, no cabe más que arrodillarse y dar gracias al cielo por enviar a Mike Flanagan, director, editor, y co-guionista de “Oculus”, una película de terror tan bien lograda, que hace que la bien recibida “El Conjuro” (2013) parezca un cuento de hadas para niños.

Con una premisa tan simple como los hermanos Kaylie y Tim Russell (Karen Gillan y Brenton Thwaites) tratando de destruir un espejo maldito, que habría sido el causante indirecto de la muerte de sus padres, Flanagan hace maravillas con los elementos más básicos del género. Pero no es para nada una película simple, ya que el entramado de sensaciones, dudas y juegos sicológicos no es nada menos que genial.

OCULUS 02El director entiende que la sensación de miedo más terrible es la que se desenvuelve dentro de la cabeza de los espectadores. Para esto, en vez de mostrar imágenes grotescas o monstruos enormes, “Oculus” apela a los miedos más primales de la humanidad: la duda sobre la estabilidad de las cosas que damos por descontada; en específico, que los padres siempre van a estar ahí para protegernos, y que hay cosas que no existen, que son producto de la imaginación. Al plantear este conflicto, la película prácticamente se podría recostar y dejar que el caos se desate solo.

La obra vuelve una y otra vez sobre sus temas, tanto para reafirmarlos como para ponerlos en duda. Para esto se sirve de constantes alusiones a la psicología, especialmente a las teorías de la represión y la sublimación, dos de los mecanismos principales que ocupa el cerebro para proteger la estabilidad mental de sus dueños. Casi como una alegoría de esto, está Tim Russell, quien viene recién salido de un psiquiátrico donde le lavaron el cerebro para explicar todo con la lógica. Frente a él, su hermana Kaylie representa todo lo opuesto: una persona con delirios paranoides, referidos específicamente a la existencia de un espejo maldito con poderes sobrenaturales. Cabe mencionar, además, que ambas actuaciones están sólidas, en especial la de Karen Gillan.

OCULUS 03Como si esto no fuera suficiente, la película está armada con saltos constantes entre el pasado y el presente, cuyas diferencias se vuelven cada vez más delgadas. El efecto es devastador, tanto que el ambiente de ilusión y duda se termina por volver real, y los personajes se tornan tan confundidos y temerosos como el espectador, a quienes en ningún momento se les entrega más certezas que a los hermanos Russell. En este sentido, el trabajo de edición es soberbio. Junto con esto, a medida que se va desarrollando la acción, el gore y los sustos fáciles son evitados todo lo posible, estirando el límite del suspenso hasta niveles que no se veían desde que Kubrick decidiera adaptar a Stephen King.

Mezclando el enfrentamiento de recuerdos traumáticos, con la razón tratando de procesar situaciones demasiado traumáticas como para ser explicadas, “Oculus” funciona más a nivel conceptual que visual, abriendo lentamente las puertas del subconsciente que deberían quedarse cerradas. Hace mucho tiempo que una película de terror no era tan inteligente, ni estaba tan bien construida.

Por Lucas Rodríguez

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